Las hojas de la España se iban cayendo

"En medio del silencio que la Merkel y el Fondo Monetario han impuesto a los pueblos de la vieja Europa, se oye la voz de un pueblo que pide su libertad. Este pueblo heroico era el pueblo español, aquel mismo que setenta y ocho años antes había enseñado a todas las naciones del mundo cómo se pelea por la Libertad".

La voz de la España había penetrado en dos "sepulcros"; en el "sepulcro" de Italia y en el "sepulcro" de Grecia. Las tres penínsulas mediterráneas, la península de los genios, la península de los guerreros y la península de los navegantes, se levantaban, al soplo de la libertad, como para renovar aquellos días paradisíacos de la historia, en que las ciudades más ilustres vivían como un coro de sacerdotisas y de musas en sus costas, e iluminaban la conciencia con sus ideas, y henchían los aires con sus cánticos. Pero todas estas esperanzas fueron como sueños fugaces.

Sobre la España iba a caer el fascismo asesino de Franco, y sobre la Italia la intervención de Mussolini y el ejército de Hitler. Solo quedaba de pie el pueblo griego, el pueblo de las Termópilas y de Platea, el que ha enseñado a leer a la Humanidad, el que ha puesto la cuerda del arte en todos los corazones, el que ha cincelado la forma humana en su hermosura severa, el que ha revelado la conciencia con Sócrates, el que guarda todavía en las cenizas de sus ruinas el calor de la inspiración para el poeta. ¡Pero al final, ellos, también fueron por Grecia!

La acumulación de material explosivo de carácter social y el querer seguir resolviendo los problemas por la fuerza, por procedimientos propios de la Edad de Piedra, en un mundo totalmente cambiado, hacen posible la hecatombe en lo político. La militarización de las mentes, del modo de vida, debilita, y hasta podría eliminar, los frenos que en lo moral impiden el derrape hacia el suicidio. Debemos ir al encuentro de la mentira pirata. La mentira de la Escuela, la mentira de la Universidad, la mentira de la Academia, la mentira de la política. Todos estamos conformes en la existencia de esas "mentiras" convencionales, con la misma certidumbre e indiferencia de quienes en un baile de máscaras elogian la belleza de los rostros de artificio bien sabidores de las caras que disimulan.

Nada nuevo podría decirse sobre las clases que tradicionalmente habían dirigido la política española. En nada cambiaron los grandes propietarios de la tierra, como no fuera en mostrar cierto interés por las empresas bancarias. Creció, en cambio, la clase de capitalistas, y más aún que de los de taller y fábrica pequeña —que ya estaban desarrollados— la capa de capitanes de industria, de financieros de talla, de hombres capaces de controlar una multiplicidad de empresas. Frente a esas clases que iban a seguir dominando los puestos esenciales de la estructura económica y política, existían, por correspondencia natural, la de los trabajadores agrícolas y fabriles, pasando miserias y penurias.

Pero no: prefirió ir a la lucha, la tempestad del mar, la inclemencia de los elementos, el campo de batalla, los vapores de la sangre, las miasmas de la peste, la muerte por sus hermanos, el sacrificio por la humanidad. Creed en sus dudas, vosotros, devoradores de pueblos, vosotros comerciantes sionistas-sajones, que lo habéis maldecido, atiborrados de beefsteak, ebrios de cerveza, regoldando, como diría Sancho, los vapores de vuestra digestión sobre la aureola del genio. Maldecid su vida, vosotros a quienes una moral egoísta es tan fácil porque no tenéis pasiones; y una árida fe protestante es tan natural porque no tenéis pensamiento.

Sin embargo, la lucha, la incertidumbre, los choques contra la impura realidad en que se destrozaba su alma, el dolor, la peste mortífera, consecuencia de la guerra de vuestra insania, lo gastaron y le hicieron doblegarse y caer sobre la bandera de la libertad, en la cual se envolvió para morir como Catón y como Bruto. En la sombra de la II República. Eran unas hermosas mañanas del 27 al 30 de marzo de 1939. Ya no había ni ejército ni autoridad. Todo había terminado, la descomposición estaba demasiado avanzada como para que esta última operación pudiese llevarse a buen término. Salieron a toda carrera hacia la mar aquellos que, habiéndose quedado hasta el último momento, trataban de escapar al enemigo. Los barcos contratados por Negrín no llegaron, so pretexto de que no les habían pagado de ante mano. En Alicante se amontonaban 45.000 personas y sólo salió un barco francés con 40 pasajeros. Y el sol deslizaba sus primeros rayos entre las últimas gotas del roció, y las aves entonaban sus coros, como si la naturaleza consagrase un himno a la "victoria del guerrero". En su delirio, creía asaltar los muros de Lepanto, y en realidad asaltaba los muros de la eternidad. Decía, ¡adiós!, ¡adiós! Como perdiéndose en otras riberas. Y su última palabra, fue "adelante", como si consolara a sus soldados llorosos y a sus amigos desolados, asegurándose la continuación de su vida en otros horizontes.

¡Viva Venezuela!

¡Gringos Go Home! ¡Pa’fuera tús sucias pezuñas asesinas de la América de Bolívar, de Martí, de Fidel y de Chávez!

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!

¡Independencia y Patria Socialista!

¡Viviremos y Venceremos!



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Manuel Taibo


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