El comunismo en España

"Como sabemos, el Comunismo es un sistema según el cual la tierra, los medios de producción y distribucción deben ser de propiedad comunal de todos, y todo el mundo debe trabajar, ‘producir’, con arreglo a sus capacidades y disfrutar, ‘consumir’, con arreglo a sus fuerzas; los comunistas pretenden, por tanto, echar por tierra toda la organización social del pasado y levantar sobre sus ruinas una nueva".

Durante su estancia en España, Pablo la Fargue había echado las bases del comunismo. Después de 1870, José Mesa mantiene relaciones directas con Lafargue, Marx, Engels y Mateo Basilio Guesde. Mesa, dando continuidad a la labor realizada por Lafargue, será el animador fundamental del marxismo en España. El Congreso de La Haya fue la escisión. El anarquismo, viéndose derrotado en sus propósitos de adueñarse de la Internacional, la escindía. Con ello quedaba dividido el movimiento obrero internacional y nacionalmente. Las fuerzas reaccionarias de la contrarrevolución habían ganado una batalla. El anarquismo, enfrentado históricamente con los intereses del proletariado, iniciaba su decadencia ideológica bajo la presión de las teorías de Marx y Engels.

En las Cortes españolas se estaba formando un proceso a la Internacional y, según las declaraciones del Gobierno, hechas por boca del ministro de la Gobernación, los declara fuera de la ley y dentro del Código penal; se nos perseguirá hasta el exterminio, a fin de que esta justa y culta sociedad viva y los privilegiados puedan gozar tranquilamente de las rapacidades llevadas a cabo con los infelices trabajadores. Se nos dice que somos enemigos de la moral, de la religión, de la propiedad, de la patria y de la familia, y en nombre de cosas tan santas, que tienen convertido el mundo en un paraíso, es necesario que los comunistas dejemos de existir.

Al atacar a la Internacional en el Congreso, no han perdonado medio, por ruin que fuera, con tal de salir airosos en su empresa, y en su odio a la clase trabajadora, se ha faltado descaradamente a la verdad. Se han truncado los pensamientos y las doctrinas de la Asociación diciendo lo que les convenía decir, a trueque de cometer injusticias. Cuando esto estaba convenientemente preparado, el ministro de la Gobernación dijo con énfasis que traería a la barra a la Asociación Internacional de los Trabajadores.

En los escritos de Bakunin, así como en los de James Guillaume, los dos elementos que con más saña le atacaron durante el período de la primera Internacional, además de utilizar esos argumentos, mostraban constantemente su fobia antijudía y antigermánica, acusando a Marx constantemente de ser judío y alemán. Faltos de razones políticas, imposibilitados para enfrentarse con sus teorías, acudían a los argumentos más bajos.

Cuando en la Liga Comunista surge la ruptura y la minoría trata de imponerse a la mayoría, es Marx quien para cortar la escisión propone que la dirección se establezca en Colonia y que los dos grupos de Londres, el mayoritario y el minoritario, independientes de sí, sigan perteneciendo a la Liga en relación directa cada uno de ellos con el Comité Central de Colonia. La minoría rechaza la fórmula y se separa.

Marx, para evitar con su presencia coaccionar a los congresos, había adoptado la resolución de no asistir a ellos. Los congresos se reunieron y discutieron los problemas sin la participación directa de Marx. Sus resultados no complacían plenamente a Marx, pero él no veía las resoluciones que se adoptaban como la cuestión fundamental, sino el hecho de los congresos en sí; que cada uno de ellos era un peldaño más en la edificación de la Internacional y que poco a poco, según fuera desenvolviéndose, ella misma iría rectificando su propia obra. No cabe duda que si Marx hubiese asistido a todos los congresos, éstos registrarían en sus decisiones las consecuencias de la colaboración directa de quien era el pensamiento más vigoroso, más capaz, de cuantos asistieron a ellos.

Al único Congreso a que asiste Marx es al de La Haya en 1872, el que se divide en mayoría y en minoría. La mayoría coincidía con las posiciones marxistas; la minoría obedecía a las orientaciones de Bakunin y de sus actividades fraccionales. En el Congreso de La Haya quedó demostrado, con todas las pruebas, la existencia de la Alianza y sus actividades en el seno de las organizaciones de la Internacional. El Congreso, por mayoría, acuerda la expulsión de Bakunin y Guillaume.

Marx hizo toda clase de esfuerzos por evitar la escisión. Como los anarquistas seguían manteniendo la acusación de que el Consejo General, que residía en Londres, actuaba bajo la acción "autoritaria" de Marx, éste propuso que el Consejo se trasladase a Nueva York; así nadie podría decir que estaba bajo su influencia directa. El Congreso aprobó esta fórmula y decidió que, en lo sucesivo, el Consejo residiera en Estados Unidos; pero la minoría rechazó las decisiones mayoritarias del Congreso y provocó la escisión. Marx demostraba, una vez más, su espíritu de conciliación situando por encima de todas las cosas los intereses supremos del proletariado, de su unidad.

El Congreso de La Haya revelaba dónde estaba el verdadero "autoritarismo", colocando en su verdadero lugar a los que, tomando como bandera la lucha contra él, no aceptaban nunca las decisiones democráticas de la mayoría. Tras esa bandera se escondían todas las maniobras del anarquismo en contra de la Internacional; escondíanse las actividades de la Alianza que determinaron la escisión de la Internacional y de los movimientos obreros nacionales. Fue la bandera de la división frente a la de la unidad; fue la piqueta demoledora en el seno del movimiento obrero.

Por primera vez había estado presente en un Congreso internacional un delegado representando el pensamiento político nuevo que nacía en el seno del movimiento obrero español al calor de la Primera Internacional, de sus principios políticos inspirados en las ideas generales de Marx y Engels. Ese delegado era Pablo Lafargue; el punto de partida de la nueva corriente política era Madrid, Guadalajara, Alcalá de Henares y otros lugares de España donde la Internacional contaba con fieles internacionalistas. Desde ese momento, el socialismo español incorporábase al socialismo internacional. En España como en La Haya, quedaban establecidas dos orientaciones; la socialista y la anarquista.

Los que siguieron a Bakunin —dice Anselmo Lorenzo en su Libro El proletario militante—, distaban mucho, por lo general, de elevarse a su concepto de la libertad. Bien pude observarlo en las reuniones de las secciones de la Alianza Socialista en Madrid y Valencia, donde los aliancistas practicaban la propaganda por la imposición hábil, más que por la persuasión y la convicción ilustrada.

El informe que publicó la Comisión nombrada por el Congreso de La Haya para examinar la conducta de la Alianza —declara Francisco Mora en su Historia del Socialismo obrero español— se demostró de una manera evidente y con datos oficiales, los móviles bastardos a que había obedecido la tenebrosa Alianza anarquista en su traidora lucha con la Internacional… Así calificaba la acción bakuninista una de las principales figuras de la Internacional en España y más tarde, junto a José Mesa y a Pablo Iglesias, del socialismo.

La Internacional en España continúa su marcha a pasos de gigante. El Boletín oficial de la Comisión Federal domiciliada en Alcoy registra cada semana la adhesión de nuevas secciones, de nuevas federaciones locales. Una amplia asociación, la Unión de Trabajadores del Campo, ingresó en bloque. En todas partes del país la lucha está entablada entre el Capital y el Trabajo. Gracias a la desorganización del Ejército, a la catástrofe financiera y a la sublevación, el Gobierno es impotente para oponerse al progreso de la Internacional. En muchas ciudades, especialmente en Barcelona, los obreros son completamente dueños de la situación, y cuando ellos lo quieran la revolución social será un hecho. Más instruidos por la Comuna de París, no quieren precipitar los acontecimientos.

Engels, dice de José Mesa, en su informe del 31 de octubre de 1872:

"El órgano de la nueva Federación de Madrid, la Emancipación, quizá el mejor periódico que tiene la Internacional dondequiera que sea, desenmascara todas las semanas a la Alianza y, según los números que mandé al ciudadano Sorge el Consejo General puede convencerse de la inteligencia teórica de los principios de nuestra Asociación con los cuales ese periódico continua la lucha. El director actual, José Mesa, es sin duda el hombre más superior que tenemos en España, tanto en carácter como en talento, y verdaderamente uno de los mejores hombres que tengamos en cualquier sitio que sea".

José Mesa, nació en Málaga (1840-1904), murió en París. Uno de los hombres más eminentes del socialismo español. Miembro del Consejo Federal de la sección española de la Internacional. Traductor del Manifiesto del Partido Comunista. Director del semanario La Emancipación. Uno de los fundadores del Partido socialista. Asistió al Congreso de París de 1889. Conoció personalmente a Marx y Engels.

Pablo Lafargue (1842-1911). —Nació en Santiago de Cuba el 15 de enero de 1842; allí vivió hasta los diez años y se trasladó a Burdeos (Francia). Una de las figuras más eminentes del socialismo francés e internacional. Después de la Comuna de París refugióse en España, viviendo en Madrid, donde constituyó inmediatamente un grupo de socialistas marxistas al que se debe más tarde (1888) la constitución con carácter nacional del Partido Socialista Obrero Español. Lafargue puede ser considerado como el verdadero fundador del socialismo español. Con su labor contrarrestó la propaganda que había realizado anteriormente el anarquista José Fanelli, enviado de Bakunin y organizador en España de la Alianza. Lafargue fue secretario para España de la Primera Internacional. Representó a la Federación Madrileña en el Congreso de La Haya de 1872. Vivió algún tiempo en Londres, colaborando con Marx, casándose más tarde con una hija de éste, Laura. Como secretario de Relaciones internacionales de la Comisión organizadora, participó activamente en la preparación del Congreso Internacional de París de 1889, en el que se dio por constituida la nueva Internacional Socialista. Lenin decía que Lafargue había sido uno de los propagadores mejor dotados y más profundos del marxismo.

Pablo Iglesias Pose (1850-1925). — Fundador del socialismo español y de la sección española de la Primera Internacional. Uno de los fundadores de la Unión General de Trabajadores. Formó parte del Consejo Federal español de la Internacional. Asistió por primera vez al Congreso Internacional Socialista de París de 1889 y más tarde tomó parte en los congresos sucesivos de la II Internacional. Con José Mesa, Jaime Vera, Antonio García Quejido y Facundo Perezagua, es una de las figuras más relevantes del socialismo español. En sus últimos años fue llamado el "abuelo" del Partido Socialista y considerado como su apóstol.

¡Gringos Go Home! ¡Libertad para los cuatro antiterroristas cubanos héroes de la Humanidad!

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!

¡Patria Socialista o Muerte!

¡Venceremos!



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Manuel Taibo


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