El plan de Delcy Rodríguez entre chantajes y embajadas

Hay lógicas aplastantes. Fidel Castro dijo una con relación a las embajadas de los Estados Unidos: «¿Saben por qué en los Estados Unidos no hay golpes de Estado? Porque allí no hay embajada de los Estados Unidos.»

Otra fue la pronunciada en 1939 por Franklin D. Roosevelt, presidente de los Estados Unidos, con respecto a Anastasio Somoza, dictador nicaragüense, pero anticomunista y aliado: «Puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta».

La otra la pronuncia el populacho hoy en las calles de Venezuela cuando ya se ha enterado de que los gringos vuelven a su embajada en Caracas: «Si estando afuera ya decían que el petróleo y Venezuela son suyos, ¿qué no harán estando adentro?»

Hay claridad respecto al riesgo de consentir que un enemigo se aposente en el interior de la casa. Es lógica que ya ni aplastante parece, sino natural. Las embajadas son para los Estados Unidos como armas para concretar ese viejo "destino manifiesto" que Dios les encomendó expandir por el mundo junto a su pletórica civilización.

A Hugo Chávez le costó gran esfuerzo expulsarlos del país desde que los pilló en 2006 conspirando y espiando para derrocarlo. Los infiltró con inteligencia venezolana para tomar la decisión después de despedir al agregado militar John Correa.

Después de varios pulsos con situaciones que procedían de la embajada o misión diplomática, Chávez concluyó, proféticamente, que dicha estructura del derecho internacional equivalía a un «Pentágono en Venezuela» para generar narrativas que condujeran a ¡una intervención militar similar a la de Panamá en 1989 y a una final desestabilización para retomar el control del petróleo!

Tal eventualidad ocurrió el 3 de enero en Venezuela, el mismo día que capturaron a Manuel Noriega para condenarlo a 40 años de cárcel por tráfico de drogas: ¡secuestraron a Nicolás Maduro y a su esposa!

Delcy Rodríguez, la presidente encargada, asume una situación peliaguda. Por un lado, debe torear de los estadounidenses el chantaje militar y las apetencias contra la soberanía; por el otro, lidiar contra la indignación de la radicalidad política revolucionaria.

Guiñando un ojo por la incomodidad diplomática de tener que "ajustarse" a chantajes, propuso su plan: (1) mantener la paz del país, (2) rescatar a los rehenes y (3) preservar el poder político.



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Oscar J. Camero

Escritor e investigador. Estudió Literatura en la UCV. Activista de izquierda. Apasionado por la filosofía, fotografía, viajes, ciudad, salud, música llanera y la investigación documental. Animal Político https://zoopolitico.blogspot.com/ https://www.tiktok.com/@comentario_politico?_t=ZM-8tvLQcVBhNX&_r=1

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