Lecciones permanentes

Se acaban de cumplir 96 años de la Revolución Rusa, la primera revolución proletaria de la historia que se mantuvo en el poder. Dirigida por el genio político de Lenin, fue la insurgencia de los soviets de obreros y soldados que asumían el poder que la burguesía no había sabido ejercer una vez derrocado el régimen zarista. Mencheviques, eseristas y cadetes no fueron capaces de llevar a cabo la paz en una guerra imperialista desastrosa para el pueblo ruso ni decretaron el reparto de las tierras que venía planteando el campesinado, absolutamente mayoritario en aquel país.

Parecía imposible que en aquel extenso territorio, bajo el predominio de un gobierno feudal, ocurriera una revolución de tanta profundidad. Los bolcheviques supieron entender que los soviets (consejos) eran el instrumento necesario para unir al pueblo ruso en una revolución de tal magnitud. Se ha pretendido que el partido bolchevique fue el factor revolucionario. En realidad, los soviets ya existían en toda Rusia sin que lo bolcheviques hubieran sido sus constructores. Fue el pueblo ruso el creador de aquellas formidables organizaciones. No hubo, como se pretende, sustitución de la clase por el partido.

La guerra mundial dejó a Rusia en espantosas condiciones y la guerra civil con intervención de todas las potencias imperialistas de la época en hombres, armas, dinero y servicios de inteligencia, terminó de llevar hambre y miseria al pueblo ruso. Sin embargo, el proletariado hubo de infringirles una severa derrota a los ejércitos “blancos” y se transformó en el líder del proletariado mundial.

Tras la guerra civil, Lenin implantó la Nueva Política Económica (la NEP), que en síntesis era el desarrollo del capitalismo en Rusia con la clase obrera en el poder. En breves años se alcanzaron las cifras del año estelar desde el punto de vista económico antes de la guerra mundial. En 1926 Rusia había realizado aquella proeza.

La toma del poder, la concertación de la paz, el reparto de la tierra, el triunfo en la guerra civil y la intervención extranjera y la superación del problema económico fueron obra de la clase obrera. La NEP, el desarrollo capitalista en Rusia, sin que se desviara el camino revolucionario hacia el socialismo, fue posible porque el proletariado estaba en el poder.

La cuestión central de toda revolución es el cambio estructural en la composición de clase. Rusia pudo vencer aquellas enormes dificultades y valerse, incluso, de instituciones capitalistas gracias a que la clase obrera tenía en sus manos los mecanismos del poder.

Lenin, desde su cama de enfermo, previó el peligro que significaba la burocracia y propuso la ampliación del Comité Central del Partido con obreros “preferentemente, según mi criterio, no de los que han actuado largo tiempo en las organizaciones soviéticas (en esta parte de la carta, lo que digo de los obreros se refiere también por completo a los campesinos), porque en ellos han arraigado ya ciertas tradiciones y ciertos prejuicios con lo que es deseable precisamente luchar”.

70 años después, se hundía la Revolución Rusa porque una capa burocrática sustituyó a la clase obrera. El país que encarnó los sueños milenarios de la humanidad por la justicia, la igualdad y la fraternidad se derrumbaba sin que la clase obrera saliera a defender un sistema que se suponía suyo.





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Roberto Hernández Wohnsiedler

Abogado y Sociólogo. Fue diputado, vicepresidente de la Asamblea Nacional, Ministro del Poder Popular del Trabajo y Seguridad Social y militante del Partido Comunista de Venezuela (PCV). Es autor del libro La Clase Obrera y la Revolución Bolivariana.

 robertohernandezw@gmail.com

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