Viejos y jóvenes

Para los materialistas históricos, desde el punto de vista teórico, este problema carece de importancia. Nos hemos definido como la juventud del mundo y somos además la síntesis y superación de una cultura milenaria. El socialismo científico no es una elaboración intelectual abstracta que persigue la perfección humana, como lo veían los socialistas utópicos, sino la conclusión necesaria de la lucha de clases a lo largo de la historia.

Sin embargo, en la práctica se plantea el problema generacional en el sentido de que la lucha de clases, dentro de su riguroso carácter científico y, por lo tanto, su inevitable desarrollo social reviste formas nuevas en cada etapa histórica. Para algunos pensadores la sucesión de generaciones determina la historia, tal como pensaba Ortega y Gasset. Para el materialismo histórico la lucha de clases es el motor de la historia, lo cual está suficientemente comprobado al analizar los acontecimientos que se han suscitados en la práctica de cada etapa.

En la Unión Soviética fueron liquidados todos los cuadros del Comité Central que habían tomado el poder, con excepción de Lenin que había muerto en años’ anteriores y el propio Stalin. Se afirma además que fue liquidada la llamada “Vanguardia Leninista”, conformada por centenares de cuadros experimentados. A la larga se derrumbó la URSS de la manera más pacífica sin que ningún sector social, particularmente obrero, saliera a defender el sistema.

Por el contrario, la Revolución Cubana fue dirigida por gente sumamente joven. Fidel, Camilo y el Che, sus figuras más emblemáticas, apenas alcanzaban la treintena. Pero supieron utilizar a hombres de vieja formación intelectual y de lucha revolucionaria de vieja data. Raúl Roa, Juan Marinello, Lázaro Peña, Carlos Rafael Rodríguez, Blas Rocca, ocuparon posiciones dirigentes hasta su muerte. Así, a lo largo de Cuba en todas las instancias.

La experiencia juega papel fundamental en la medida en que contribuye decididamente a la actuación del ímpetu juvenil. La madurez intelectual y las vivencias no hay duda que imprimen al ser humano sabios conceptos para estudiar y manejar la compleja vida social. No basta el simple deseo de transformación sino que es necesario el análisis a fondo de los fenómenos. La ciencia revolucionaria es la síntesis del análisis y el impulso de transformación.


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Roberto Hernández Wohnsiedler

Abogado y Sociólogo. Fue diputado, vicepresidente de la Asamblea Nacional, Ministro del Poder Popular del Trabajo y Seguridad Social y militante del Partido Comunista de Venezuela (PCV). Es autor del libro La Clase Obrera y la Revolución Bolivariana.

 robertohernandezw@gmail.com

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