Como un gallo con voz altiva y penetrante la indignación sale a las calles. El mundo amanece cada día lleno de agitación social. La niebla coloca a la vista el problema central de nuestra época. El rechazo creciente a la situación política y económica dominante. Hay una crisis entre la relación sociedad- individuo. Una sociedad que ve, sin ser vista, se aglomera en España, Paris, Egipto, Nueva York, Islandia, entre otros. Todos salen a gritar en contra del sistema que sigue deshumanizando al mundo. Es decir, el Capitalismo. La conciencia colectiva y reflexiva toma plazas y calles exigiendo la transformación del sistema decadente. Este grito social es imposible de sepultar. Miles personas en distintos lugares del mundo coinciden en lo mismo: la necesidad de un nuevo orden económico más racional y humano. Se aboga por la vuelta del interés colectivo sobre el interés individual. El sistema de valores fomentando por sistema dominante ha llevado a la indignación. Una indignación que para algunos jóvenes tiene como referencia a Hessel con Indignez-vous, Ernesto Sábato con su libro Resistencia y Eduardo Galeano en toda su obra. Estas ideas han sido brasa crítica y junto a la realidad han sustentado la indignación.
Ante esta gran ola emergente de los indignados me atreveré a preguntar ¿Qué esperan los indignados de sí mismos? ¿Cuál es la alternativa que proponen ante el sistema en decadencia?
Toda acción y resistencia posee un fin. Y los altos niveles deshumanización actuales parecen indicar que el fin es la reorganización social del mundo. Es decir, no se trata de quitar un político por otro, si se mantienen las mismas estructuras opresoras que causan exclusión y benefician a unos pocos. Las circunstancias del momento indican que los caminos transitados por el capitalismo y el tipo de relaciones establecidas han creado el caos económico del momento.
¡Indignaos! Grita Hessel, ante todos esos enemigos sin forma a los que nos enfrentamos. Pero no sólo basta con indignarse, ¡Es necesario actuar!
Esta indignación pacifica se ha extendido como pandemia rápidamente. En su interior alumbra los ideales revolucionarios a nivel global. La llamada es a demoler las viejas estructuras capitalistas. No se puede seguir fomentando el individualismo, trasmitiéndole a las generaciones futuras que el Hombre es el gran depredador de los hombres.
Por eso, no importa en que lugar del globo nos encontremos. Ver o no ver a profundidad para realizar los cambios necesarios es el gran dilema de nuestro siglo.
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