Todo el control a las organizaciones independientes de los trabajadores y el pueblo

Ningún apoyo al Consejo Nacional de Transición; ninguna confianza en la OTAN

A finales de Agosto, la situación militar daba un vuelco en Libia, con las tropas de milicianos rebeldes avanzando por el sur, desde el desierto hasta Trípoli.

Es innegable el carácter popular de esta revuelta, al margen de las pretensiones de controlarla y desviarla, por parte del imperialismo.

Desde los primeros días de las protestas, masas de manifestantes desarmados llenaron las calles de Trípoli y las principales ciudades del país, exigiendo la ruptura democrática y la caída del gobierno. Éste, temeroso de los precedentes de Egipto y Túnez, ordena al ejército disparar contra la población, provocando la deserción de un sector.

Ante la necesidad de defenderse, las masas se levantaron, tomando armas de los cuarteles, con ayuda de los sectores desertores del ejército, y defenestran a la autoridad local, tomando el control en más de 3 cuartas partes del país, constituyendo milicias, o guardias urbanas, y estableciendo en su lugar, en algunos sitios, Comités Populares. A su vez, varias tribus del Este y del Oeste, terminan por sumarse en masa a la revuelta, y los enfrentamientos se extienden durante días a la capital, Trípoli. En el momento álgido de la revuelta, el régimen, no llega a controlar más de un tercio de la capital, y algunos bastiones de fieles, como Sirte. Pero el hábil repliegue de tropas, y la superioridad económica y militar facilitada por años de colaboracionismo con Occidente, junto con la importación de armamento de última generación por puente aéreo desde Argelia y Siria, y de un ejército de mercenarios extranjeros, desde los países del sur, le permiten ir ganando terreno, afianzando su control sobre la capital y numerosas ciudades del centro y Oeste del País, avanzando luego, hacia el Este. Rápidamente, la rebelión se territorializa, y Bengazi es constituida como capital de la revuelta.

Esta revolución representa, por tanto, un paso más en la dinámica de la Primavera Árabe, ya que, desde sus primeros días, planteó el problema de la insurrección popular armada.

Ahora, el imperialismo y la burguesía desplazada del régimen, tratan de arrebatar a las masas los frutos de esta revuelta.

El gobierno del CNT es un gobierno formado, principalmente, por sectores de la antigua burguesía desplazada por el régimen, así como por excrecencias del régimen de Gaddâfî. Desde el comienzo han contraído acuerdos comerciales con el sector intervencionista de la OTAN, a cambio de su ayuda militar en forma de bombardeos aéreos. Es un gobierno continuista, que no se diferencia en nada de las nuevas Juntas Militares y Gobiernos Provisionales de Egipto y Túnez, compuestas por destacados miembros del anterior régimen, que colaboran con la burguesía imperialista extranjera.

La intromisión de la OTAN, representa, pues, un peligro para el desarrollo autónomo de un proceso revolucionario.

Es un gobierno que cuenta con el apoyo abierto del sector intervencionista de la OTAN que ve, como imparable, la caída de Gaddâfî, y aspira a un reparto más favorable de los beneficios en las exportaciones petroleras, y que ha prometido mantener el ritmo en las exportaciones petroleras, y las inversiones de multinacionales extranjeras. Es un gobierno que, desde el principio, ha comenzado a crear una enorme distancia con los intereses populares, al dar cobertura a la intromisión de la OTAN en el desarrollo de la guerra y los asuntos del país.

El apoyo del imperialismo a la revuelta en Libia, es un apoyo hipócrita. Es un apoyo nominal, y falso, como el que dieron a las revueltas de Egipto y Túnez, cuando, ante la presión de la opinión pública, comenzaron a condenar a sus viejos regímenes, a los que habían apoyado durante años, al tiempo que dieron su apoyo a nuevos gobiernos continuistas. Esta "condena" a los gobiernos de Ben `Alî y Mubârak, al igual que sucedió en Libia, no fue inmediata; llegó tarde y mal. Hasta 2 semanas después de comenzadas las revueltas, los partidos de Ben `Alî y Mubârak figuraban como miembros de la Internacional "Socialista" a la que pertenecen el PSOE, Schroeder, Blair o Papandreu. Los mismos que ahora abanderan la intervención imperialista en contra de Gaddâfî, como Berlusconi o Sarkozy –quien contó con el apoyo del ex dirigente libio para la financiación de la campaña electoral que le llevó al gobierno– le apoyaron, hasta días después de comenzar la revuelta.

Estos mismos gobiernos intervencionistas de la OTAN, vacilaron durante más de un mes sobre si dar su apoyo o no al CNT, enviando armas y ayuda médica y humanitaria a la revuelta (cosa nunca hicieron), a la par que intentaban retomar negociaciones con el ex dirigente libio, limitando la “ayuda”, exclusivamente a bombardeos indiscriminados –que en poco se diferencian a los perpetrados contra la población por Gaddâfî–, y condicionándola a renovar acuerdos sobre inversión y exportación petrolera, y a participar, directamente, en un proceso de intervención e invasión del país.

Esta invasión no podía ser por tierra, puesto que hubiera encontrado la oposición de amplios sectores de la población civil, así como de las milicias populares armadas que son la cuña de la revuelta. Para desgracia de la OTAN, a diferencia de en Iraq, existe hoy en Libia una revuelta popular armada en proceso, paralelamente al gobierno burgués, y no controlan la situación por tierra.

La intervención, aun así, representa uno de los mayores peligros para la revuelta.

A medida que el Consejo Nacional de Transición se hacía más y más dependiente de los bombardeos, aumentaba la represión dentro del propio bando rebelde contra sectores opuestos a la intervención de la OTAN. En su ofensiva militar y guerra de posiciones, en sus maniobras represivas, y sus ataques indiscrminados por retomar ciudades, el CNT, comienza a diferenciarse cada vez menos de las fuerzas pro-Gaddâfî.

Ahora, este CNT, y la OTAN, amenazan con robar, al igual que sucede hoy en Túnez y Egipto, los frutos de esta revuelta, constituyendo un nuevo régimen títere, continuista del anterior, y colaboracionista con los intereses extranjeros, que continúe de las políticas neoliberales.

Pero este gobierno, como en Egipto o Túnez, cuenta ahora con la presión popular de las masas, y de milicias armadas que se oponen a todo tipo de injerencia o invasión del imperialismo por tierra, y a la continuación de las políticas neoliberales, y aspiran a mejorar sus condiciones laborales y sus niveles de vida.

Esta revolución, es un proceso, por tanto, inacabado. La relativa apertura del régimen, representa una oportunidad de oro para la formación de nuevos partidos de izquierdas, con una política revolucionaria de masas, que representen los intereses de la clase obrera y actúen como oposición real a los intereses de la burguesía compradora, una oligarquía continuista representada en el CNT, y la intervención de la OTAN.

Éstos, intentarán desarmar todo tipo de oposición popular armada, sometiendo a las unidades de milicianos, aún no directamente sujetas a la jerarquía militar del CNT, a su control, y obligándoles, por medio de la represión, a devolver sus armas a los cuarteles.

Pero la idea de los Comités Populares sigue reciente en el ideario, y las milicias armadas de trabajadores y capas populares, son ya una realidad, que amenaza con una situación de doble poder, y esto lo saben tanto la oligarquía, como los grupos de milicianos autónomos. La caída de Gaddâfî, representa pues, la caída de la principal cabeza visible de un sector de la oligarquía del país, pero ni mucho menos del régimen oligárquico en su conjunto.

Desde el Comité por una Internacional de Trabajadores, apelamos a la constitución de un partido de las masas trabajadoras y populares, tanto libias, como inmigrantes, que represente y defienda sus intereses. Es necesario exigir todo el apoyo para el proceso de revuelta popular contra el régimen, con todo el poder para las organizaciones independientes del pueblo, tomando, como punto de partida, la experiencia de las milicias autónomas, y los comités populares de los primeros dias de la rebelión, sin otorgar el menor apoyo al CNT pro-imperialista y rechazando la intervención de la OTAN. Sólo mediante una ruptura radical con la dominación capitalista e imperialista en Libia y la región, que asuma la propiedad, así como un control democrático del pueblo sobre la riqueza y los recursos del país, se encontrará un camino para satisfacer las aspiraciones de las masas oprimidas y trabajadoras del pueblo.

http://srev.blogspot.com


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