Mi palabra

Trump, provocando y jugando a la guerra ¿Quién lo detiene?

"El que predica la guerra es un apóstol del demonio"

John Ray

"La guerra no arregla nada...

ganar una guerra

es tan desastroso como perderla"

Agatha Christie

Recostado de una pared recién pintada un opositor de oficio, acompañado de tres personas, uno de ellos disfrutaba de un cigarrillo, como un niño saboreando una chupeta, mientras los otros lo veían lanzar sus bocanadas de humo sin respetar a nadie, al dejar el repugnante olor del tabaco mientras se iba consumiendo por la voracidad del fumador, que al verlo, ya casi terminado, apretó el filtro de la colilla con los dedos índice y pulgar de la mano derecho, desesperado para sacarle la última inhalación en una evidente demostración de estar atrapado por un vicio, tan difícil de escaparse, como de las amenazas a la paz mundial por parte del mandatario estadounidense, quien anda, como el verdadero camorrero retando a los amantes de la sana convivencia, apuntando en estos momentos directamente contra: Cuba, Venezuela e Irán, poniendo en peligro la paz mundial.

La conversación al comienzo, parecía una reunión de amigos en momentos de ocio, a pesar de la presencia de un retador al estilo de Trump, pero nunca falta, el que lanza la chispa para encender la pradera y después se divierte viendo la candela devorar lo que consigue a su paso, sin que nadie pueda detenerla o intente, porque el objetivo era precisamente convertir lo que no le gusta o le conviene por razones políticas, económicas, dando muestra de una enfermedad por la influencia directa de la redes en la mente humana, preparada en el laboratorio mediático de cualquier gobierno al instalarse en la Casa Blanca, que por lógica es un fiel representante del imperialismo y de las grandes corporaciones de donde salen todas las directrices y la responsabilidad de los movimientos bélicos en defensa del gran capital o capitalismo salvaje.

La pregunta que hizo romper la pasividad en la conversación de 4 personas, hasta convertirla en una verdadera alharaca, que por momentos parecía un gentío, fue ¿Quién puede estar de acuerdo con el secuestro de un presidente constitucional de un país, elegido legítimamente por la vía democrática, después de acusarlo sin pruebas algunas de dirigir un Cártel de narcotraficantes? Ni siquiera el mismo opositor, consiguió alguna explicación convincente y entre más intervenía y daba riendas sueltas a sus argumentos, más se hundía en un mar de dudas, ya que, al final no le quedó otra, que empezar a sonreír para disimular la poca atención, que le prestaban por un error propio de un vendepatria, ya que, las palabras se las llevaba el viento sin dejar nada productivo en la pequeña reunión, pero tan oportuna y valiosa en un momento, cuando el peligroso provocador está totalmente desatado.

Desde la aparición de los movimientos socialistas, con el primordial objetivo humanista de parar la opresión del hombre por el hombre y la explotación despiadada, la historia es la misma en defensa del poder económico, así, quieran disfrazarlo de distintas maneras y llámese, como se llame el representante de turno, ya que, la comparación que vienen haciendo entre Trump y Hitler, está cargada de pruebas valederas en medio de una renovación constante por la aparición de la guerra cognitiva, el cual está totalmente planificada para penetrar la consciencia de cuanta persona pisa en tierras movedizas y carece de la mínima malicia para detenerse a pensar para buscarle explicaciones a los disparates lanzados por Trump, ya que, todos, absolutamente todos están fríamente calculados para atemorizar y cuando tienen la oportunidad de actuar, como ocurrió el 3 de enero en Venezuela, lo hacen con la más absoluta caradura, apoyado en el aparato militar bélico.

Del tal Cártel de los soles, ni el mismo Trump, se acuerda, a pesar de haber sido la mayor mentira utilizada y regada como pólvora para terminar de engañar a cuanto ignorante y necio le llegaba el aparato mediático, hasta meterlos en el mismo saco, donde prácticamente los convierten en unos auténticos títeres repitiendo el mismo libreto, pero totalmente recargados para que sigan creyendo en todo lo que dicen Trump y el Marco Rubio, en contra de los pueblos, que valientemente siguen levantando las banderas exigiendo respeto a la libertad, soberanía, con la dignidad y la verdad de un Simón Bolívar y puestas en práctica por los comandantes eternos: Fidel Castro Ruz, Hugo Chávez frías y en estos momentos Nicolás Maduro Moro, prisionero de guerra del imperialismo, uno de los tantos ataques por orden de Trump, cuando de pisotear la verdad y el derecho internacional de los pueblos se trata, sin importarle la paz mundial.



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Narciso Torrealba


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