Enrique Márquez, una nueva versión, "pacífica", del 3 de enero de Trump, dirigido a otro espacio y gente

Comenzaré esto, haciendo mención de Juan Barreto, por su reacción al enterarse que Enrique Márquez, fue invitado y asistió a un acto donde Trump, "le rindió honores", según algunos voceros "muy creativos", por haber sido detenido injustamente, pues hasta donde se sabe, es lo que yo también sé, sólo acudió al TSJ a hacer un reclamo justificado por la confusión desatada alrededor de los resultados electorales. Voy a pensar que Barreto, nada supo del asunto hasta que, la Casa Blanca, anunció aquel acontecimiento. Lo cierto es que, la reacción de Barreto por su historial de luchador antiimperialista, le deja muy mal ante la gente y espacio donde él pudiera hallar apoyo. A menos que se conforme con los pocos guarales de su red. ¿Cómo entender que un "líder" cómo él, se alegre y hasta celebre que Trump le asigne un candidato? Uno a quién el presidente de EEUU apoyaría a cambio de una determinada conducta, la misma que, ahora Barreto y muchos, dicen que ha asumido Delcy Rodríguez y por ello la censuran.

Veo a Barreto, dando saltos de alegría por ver a Márquez, a quien apoyó con sus redes, unas que entran y salen del mar o el río vacías, dado que los peces no se sienten atraídos para enredarse en ellas, siendo exaltado por Trump con un fin aparentemente definido. Está muy alegre por eso y sé que para algunos pudiera parecer extraño, habiendo sido un dirigente de esos que ellos vieron como uno antiimperialista, asido a los sueños de Chávez, hasta por muy infantiles que estos fueran. Tanto que rompió con Maduro, porque según él, este abandonó la ruta trazada por el de Sabaneta.

Demás está decir, pues antes lo dije, nunca entendí el motivo de aquella detención y, aparte de Márquez y su familia, por lo que una detención, y hasta larga, implica, si alguien resultó afectado con ello, fue el propio gobierno. Este, con ese proceder, se golpeó así mismo, como quien lanza un boomerang y sufre los efectos del regreso. Si quienes gobiernan analizan ese asunto y otros similares, se darán cuenta, cuánto resultaron afectados. Alguien, en el gobierno, toma esas decisiones apresuradas, injustas e impolíticas, impulsado por sentimentalismos o la creencia que sirve a los intereses de aquél.

Yo poco sabía, hasta unos meses atrás, tanto como ahora, acerca de la trayectoria política de Márquez; es un hombre de una generación posterior a la mía. Apenas supe de su existencia, cuando apareció formando parte del CNE y sólo eso supe, pues no suele ser muy locuaz. Para mí, al salir de ese organismo, volvió a desaparecer, hasta que se presentó como candidato presidencial en las elecciones pasadas.

Supe de su injusta detención y enterado estuve de los reclamos de mucha gente por su libertad. Cuando me enteré que Trump lo había invitado a un acto donde le rindió cierto o fundamental reconocimiento, opté por meterme en las redes a averiguar algo sobre él y me enteré que antes fue de la Causa R, aquel movimiento fundado por Alfredo Maneiro, que no es lo mismo que Andrés Velásquez, hay entre ambos un arrume de libros leídos por el primero. Luego estuvo con Manuel Rosales, una versión parecida a la de Velásquez. Circunstancias que me sirven para tener una idea aproximada del ideal, motivos para la lucha de Enrique Márquez. Lo que no implica una evaluación intelectual, pues para eso necesitaría mucha información. Como si la tengo de Juan Barreto, a quien sé un individuo culto y bien informado, a lo mejor, por eso mismo, insatisfecho.

Pero lo medular que ahora envuelve a Enrique Márquez, desde mi perspectiva, no es eso. Si lo es que, Trump, lo haya recibido, de manera como rutilante y lo haya puesto en exhibición. Y, lo que, es más, lo hizo como lo pensé al inicio, de promoverlo como una diferente alternativa ante el desarrollo de lo que, con respecto al acontecer venezolano, están llamando "transición".

Parece evidente, digo así porque de esa manera lo vi al inicio, ahora está más claro, que Trump ha optado, quizás a manera de ensayo, por una opción diferente o algún plan oculto, sin que en ello no necesariamente esté ausente la diplomacia, una quizás muy ruda, pero conversada, para manejar la transición.

Podría ser, lo digo así para no descartar nada, hacer de Márquez, sustituto de Delcy a quien pudiera querer cambiar, como esta misma viene cambiando funcionarios e incorporando al gobierno representantes de otros factores, lo que antes propuse, desde los tiempos de Maduro para que ampliase su base. Pero hay un inconveniente constitucional, el presidente no puede ser declarado ausente estando secuestrado y más por un gobierno interesado en destituirlo. En estas circunstancias, la vicepresidencia no puede ser cambiada y esta no tiene facultades para llamar a elecciones. Habría que llegar a un gran acuerdo, en el que intervengan distintos poderes como la AN, hasta un proceso constituyente, lo que no dejaría de generar un precedente grave. Si no me gusta el presidente, lo secuestro, me lo llevo al monte y que llamen a nuevas elecciones.

Entonces, volviendo a Enrique Márquez, lo que parece suceder es que Trump y sus asesores, previendo la "transición" en Venezuela, pese tenga rasgos de ilegalidad, como que él imponga lo que haya de suceder, ha optado por preparar y "hacer" una candidatura a su gusto y necesidades, derivadas éstas de factores ajenos a él; como la inconformidad multitudinaria y militar.

Es evidente que, por lo acontecido en Venezuela, a partir del 3 de enero, la oposición extremista, de la cual Márquez no forma parte, no tiene ningún mérito. Todo sucedió por la fuerza militar, económica y tecnológica de EEUU y, fue Trump, como su presidente, quien puso en juego todo eso para llevar al gobierno de Venezuela al estado en el cual se halla. Trump no tiene deuda ni obligación alguna con esa oposición que nada aportó en lo sucedido. Y, además, desde mucho tiempo atrás, esa oposición quedó al margen de las conversaciones, gestiones diplomáticas, que se desarrollaban y siguen desarrollándose entre los gobiernos de EEUU y Venezuela. El gran gestor, frente a quienes manejan los poderes en Venezuela, es Trump y es él, con la fuerza para proponer opciones al gobierno venezolano y dentro de ese proceso transitivo.

Es tentativo creer que, Trump, el gobierno venezolano y muchos factores consultados, han concluido que, para unir en lo posible a la mayoría de los venezolanos hacia una opción de paz, tranquilidad, donde los planes del gobierno estadounidense, sobre todo relativos al negocio petrolero, se hagan posible, sería necesario, un nuevo gobierno electo, que genere paz, equilibrio y sensatez. Uno donde no prevalezca el odio y el deseo de perseguir al contrario y lejos de crear lo que conviene al gobierno y capitales de EEUU, desate un estado de cosas en contrario.

Es decir, al parecer, Trump y sus asesores, han diagnosticado en favor de buscar una alternativa para ellos diferente a la antes pensada por muchos. Se trata de lograr un estado de cosas, donde exista un gobierno que les sirva adecuadamente, en el sentido que les permita todas las ventajas posibles, empezando por generar un estado de confianza, tranquilidad y paz en Venezuela, como para que sus operaciones se puedan desarrollar con ventajas y eficiencia.

En conclusión, parece evidente que Trump, intenta darle a la transición una salida que, no sólo elimine los rasgos demasiados discrepantes del discurso de Chávez, lo que desde hace tiempo se produjo, pero aspira mayor seguridad, conduzca a unas nuevas relaciones internacionales, pero al mismo tiempo genere cierto grado de convivencia entre los venezolanos, de manera que, le sea permitido lograr su objetivo de hacer de Venezuela y sus recursos, un medio para el bienestar de EEUU y sus capitales. Como he dicho casi fastidiosamente, a EEUU, específicamente a Trump, no le importa quién gobierne, sino la conducta de este frente a sus intereses. Y para eso, Trump, parece haber sacado del banco una figura distinta. No obstante, aunque este parezca ser su objetivo inmediato, tendremos que esperar cómo se desarrollan los acontecimientos.

Trump, con Enrique Márquez, se viste de gala, se disfraza de pacífico y pone en medio del tablero, una pieza con su marca, para hacer que, por su poder, quienes alude, la asuman, la hagan suya y olviden lo que parece y luce como un inconveniente.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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