Paraguay, aún te recuerdo

Hace casi seis (6) años partí de este pequeño país,” una isla rodeada de tierra”, luego de haber sido perversamente separado de la Misión Diplomática, cuyo titular (para ese momento),avergonzó la identidad del actual proceso político y la venezolanidad, con una conducta inmoral hacia su secretaria privada y una gestión perfectamente mediocre, desde todo punto de vista.

Al retornar a mi país natal, traje en mi corazón el recuerdo más noble que se puede tener por un pueblo hecho a la medida de hombres y mujeres capaces de asumir la cotidianidad, con la mayor humildad del mundo.

Es cierto que Paraguay tiene una lágrima larga que hace recordar cómo fue humillado por aquel triple enemigo del siglo XIX y aún exhibe una estrella al valor por la manera como venció al vecino invasor del Chaco, a principios del siglo XX. El ser y hacer del paraguayo es lo más cercano a las cuerdas del arpa que rasgan con absoluta y hermosa letanía. Es la guitarra que acompaña al dolor, es una nostalgia, como si se tratara de un presagio triste. Aún tengo grabado en el oído la voz melancólica de cada cantor, del trovador de esquina quien, entre tono y tono, te va endulzando el alma.

Cuando viví en Nicaragua, cumpliendo otras funciones, pensé que no había una comunidad humana en América Latina que sufriera tanto pero que al mismo tiempo tuviera tanto coraje para vencer la dureza de las piedras llamadas hambre, desempleo, violencia, desesperanzas, abandono, impunidad y corrupción.

Haber recorrido Paraguay, caminar sobre los días que anunciaban el nuevo amanecer, otear el florecer del Lapacho amarillo de copa dorada y de qué manera se oculta el Sol en Asunción, es una sensación que dudo se borrará cuando la vejez toque la puerta de mi cuerpo o la muerte me lleve a otra morada del universo.

Entre un mes y otro, fui descubriendo que al Sur de este continente hay una bebida indiana, con tres vocales idénticas, acentuada la última, llamada Tereré, que bebes mientras fraternizas, cuentas chistes y chismes, ”rompes” la mitad de la jornada matutina o mitigas el sudor desahuciante del verano.

Haber conocido en carne, hueso y mirada al hoy inmortal maestro Augusto Roa Bastos y a través de su respiración, escuchar a Ñamandu, el Padre Primero, quien le dijo al hombre guaraní:”Este es tu camino y por aquí irás hasta llegar a la Tierra Sin Mal”, significó aprender a descubrir la magia imborrable de una civilización precolombina que se niega a perecer a los pies de otro siglo, desde ya, amenazado por los Imperios de siempre.

En Paraguay hay un aroma campestre intraducible pero que suele escucharse en yopará .Es la mitad de un idioma indomable y otro, impuesto desde el siglo XV, con pólvora disparada en nombre de Dios y la Corona invasora. Por las carreteras asfaltadas, pedregosas y los senderos polvorientos de éste o aquel Departamento, entre caseríos y poblaciones importadas, ruedan las carretas con bueyes enormes y, encima, un par de campesinos arriando el tiempo que se va lentamente, llevando a cuesta leyendas, paz interior y memoria colectiva, el cargamento cultural sembrado de generación en generación.

Aun sobrevive en el aire, en la conciencia de muchos, como virus cruel, la feroz dictadura stroessnista. La que casi entierra vivo el resplandor adherido al espíritu libre de la nación que fue capaz de parir al original Agustín Barrios (Mangoré), a José Asunción Flores, a mis amigos y amigas que poco a poco me permitieron sonreír como ellos.

Cuando apenas monté al avión que, junto a mi familia, nos traería de regreso miré con nostalgia, a través de la ventanilla, el agua mansa del Paraná, solté un suspiro por la “Laguna Bendita” o Lago Ypacaraí, cerré los ojos y recordé los rostros angelicales de los niños de la calle, con el futuro acuchillado prematuramente.

Hoy Paraguay atraviesa un periodo interno que, como los espejismos, va desilusionando a medida que la realidad lo desenmascara. Es un camino lleno de riesgos predecibles y cargado de temerarias esperanzas. Desde el propio vientre de la patria mancillada por una oligarquía política y económica Colorada, corrupta y envejecida, opulenta y lacaya, latifundista y ostentosa, aparece una alianza circunstancial de partidos políticos, tradicionales y emergentes así como de organizaciones del pueblo, quienes con el voto de las mayorías convirtieron a un Obispo, en Presidente de la República.

Hoy, con un enemigo derrotado pero no desaparecido, el desafío es construir una nación capaz de entregarles a las mayorías empobrecidas el derecho a la dignidad y a una vida justa, plena de derechos.

En Paraguay, la historia comenzó a reescribirse...



*Ex - Ministro Consejero (2004/2005)

Embajada de la República Bolivariana de Venezuela

en la República del Paraguay.


elmerninoconsultor@hotmail.com



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*Elmer Niño


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