Alquimia política

Volviendo a Carpentier

Para mediados de 1904, el viaje de los emigrantes españoles hacia Cuba estaba comenzando a ser un referente importante; había comenzado en los grandes puertos de embarque, el periplo se simplificaba bastante; el emigrante tenía que trasladarse a la costa. Las familias también llegaban a los puertos en caravanas, viajando por España a pie o en carros; en las ciudades portuarias, pasaban una larga espera hasta que llegase el ansiado momento de embarcar. Todo esto se sumaba la compleja documentación que los emigrantes tenían que presentar ante el gobierno civil del puerto para poder embarcar. Los momentos del embarque y la despedida en los muelles llegaban a ser muy tristes. Muchos de ellos no volverían a ver a sus familias, a su pueblo ni a su país. Era un punto de no retorno. Algunos emigrantes no pudieron resistir los momentos de tensión previos al embarque; las deserciones y arrepentimientos no fueron infrecuentes. Durante la travesía, hombres, mujeres y niños, tenían que soportar un viaje cuya duración nunca era inferior a 20 días; sufrían incomodidades, falta de higiene, hacinamiento, suciedad, parásitos en las literas, frío o calor, hambre; era habitual la escasez de alimentos, las comidas mal cocinadas, la suciedad... Era normal la escasez de agua potable a bordo. En definitiva, se padecían condiciones de vida infrahumana.

Hasta 1904, Cuba fue el destino principal de los españoles que decidieron emigrar; el período en que se registra el mayor volumen de entradas de inmigrantes en la isla abarca desde 1912 a 1921 y desciende a partir de ese último año, tras la caída de los precios del azúcar en el mercado mundial y la crisis que sobrevino; pero en ese 1904, cuando la inmigración española tomó cuerpo y espacio en el suelo cubano, nacía uno de los hombres más visionarios en lo que al tema de la inmigración se refiere, sobre todo a la propuesta de un mestizaje fecundo en suelo amerindio: Alejo Carpentier.

Carpentier fue, sobre todo, un latinoamericano; novelista, musicólogo, etnógrafo de la cultura cubana; en 1921 empezó a estudiar arquitectura, no tardando en dedicarse por completo a la escritura y a la música. Durante estos años vivió del periodismo; a los 21 años se había convertido en el más joven jefe de redacción de Latinoamérica, de la revista Carteles en 1924. Por su participación en el grupo de Minorista, que había elaborado un escrito contra el gobierno de Gerardo Machado (1925-1933), gobierno con una plataforma de corte nacionalista, cuyo eslogan era “Agua, carreteras y Escuelas”; es encarcelado en 1927 y una vez en libertad, alcanza montarse de polisón en un trasatlántico y llega a París donde es recibido por los grupos de intelectuales, entrando en contacto con de André Breton (1896-1966), del movimiento surrealista francés, y participando en la revista Révolution Surréaliste; aunque pronto se distanció, ese roce le valió a su formación intelectual enseñanzas muy ricas que le permitieron, desde ese pensamiento de vanguardia, proyectar su teoría sobre “lo real maravilloso”, con la que postula una sobre dimensión de la realidad para el mundo latinoamericano.

En 1928 llega a Madrid; se contagia de la bohemia e intelectualidad, publicando algunos trabajos y avances de lo que será su primera novela; ésta aparece al fin con el título “Ecue-Yamba-O”, basada en el folclor y la mitología de la población afrocubana. Su novelística es amplia y profunda; hace honor al estilo barroco, dominando la técnica narrativa; entre sus trabajos destacan las novelas “Los pasos perdidos” (1953) y “El siglo de las luces” (1962), rico fresco de la sociedad antillana en los años de la Revolución Francesa y reflexión sobre las dificultades y contradicciones de la práctica revolucionaria.

Igualmente en su producción intelectual se deja ver: “La ciudad de las columnas” (1970), sobre la arquitectura de La Habana; “El recurso del método” (1974), que retrata la figura del tirano ilustrado; “Concierto barroco” (1975); “La consagración de la primavera” (1978), de signo marcadamente autobiográfico; y “El arpa y la sombra” (1979), su última novela, inspirada en la persona de Cristóbal Colón.

En 1977, con motivo de recibir el Premio Cervantes en España, lo entrevista en su programa “A fondo”, el periodista Joaquín Soler Serrano; en dicho programa de Televisión Española, el excelso Carpentier dice: “he partido siempre de mí como cubano, antes de pensar en lo regional y universal; yo soy cubano primero, luego latinoamericano y por último universal; pero si me pones a definir que soy primero, te diré que ciudadano antes que escritor…”

La novela "El reino de este mundo" (1949), es una de sus más fuertes pinceladas surrealistas llevadas a la literatura; la obra marcó el inicio de una larga carrera que duró hasta su muerte en 1980. Presentó el realismo mágico como una literatura maravillosa de origen europeo con referencia a eventos sobrenaturales; la realidad maravillosa, más maravillosa que esa literatura; a pesar de todo su amor a la estructura del surrealismo, criticó la obra de Salvador Dalí, por deformar la realidad.

Carpentier produjo en vida una historia que contara parte de la destrucción de un mundo, de la caída del mito del hombre de orden, representando, en una la larga y minuciosa crónica, la descripción del triunfo en Cuba de un nuevo mito, así como la explicación del inconciliable desajuste entre el tiempo del hombre y el tiempo de la historia. Carpentier trató, se piensa que lo alcanzó, crear una estructura en el lenguaje desde donde mostrar la rica cultura caribeña y por ende, la influencia mestiza y sus recorridos por Latinoamérica. Es tiempo aún de leer a Carpentier y recrear ese discurso vivo que hoy por hoy cobra mayor vigencia.


*.- ramonazocar@yahoo.com.ve


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Ramón E. Azócar A.*

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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