La víctima culpable

Carolina Espada propone esta apostilla a la fábula de Caperucita: tanto esta como la madre, la abuela y el cazador (leñador, papá de Caperucita; tacha lo que no corresponda) se culpaban de los hechos. Una porque tomó el camino largo; otra porque aceptó un pastel y un pote de mantequilla a deshoras; otra porque envió a Caperucita a las mismas deshoras y otro porque llegó tarde. Del lago contiguo emergió un hada caballera de un dragón y dijo:

  --La culpa la tiene el lobo --y desapareció entre las aguas con saurio y todo. Las hadas son así (está en bit.ly/avHYAZ).

  No, la culpa no es de la víctima. La culpa la tiene el lobo.

  Pero la mente de derecha considera que toda mujer violada tiene la culpa porque incitó al violador, o andaba por ahí a deshoras, como Caperucita. O sea, el violador decide cuándo lo provocan, simplemente porque le da la gana. Igual, un obispo pederasta ha dicho que los niños lo provocan. El violador decreta sin apelación cuándo aun la más recatada lo excita. De esa manera se funda la autocracia de la violación. Todo varón, quiera o no, se vuelve por tanto un estuprador potencial, que si no viola es porque no le da la gana o porque ninguna mujer lo estimuló. O porque no le gustan las damas, que, en esa visión machista, es lo peor que hay.

  La dictadura mediática mundial forjó el mismo enfoque sobre el golpe de Estado contra Rafael Correa. No fue que unos policías alevosos y cobardes se metieron en la primera etapa de un golpe, sino que los muy beatos estaban haciendo una reclamación gremial un poco cascabelera y que Correa fue a “meterse en la boca del lobo”. O sea, estaba provocando que le pasara lo que le pasó y hasta que lo mataran y la culpa es de él y solo de él, no del lobo.

  Es el mismo discurso que pone en la víctima la culpa de un atraco, “porque se expuso”, no acató el toque de queda de facto del malandraje, toque de queda que dura “las 24 horas y de noche también”, como diría Manuel Rosales, ese “candidatazo”, como lo llamó Teodoro y nos propinó el Imperio.

  El Departamento de Estado dijo también que Chávez se buscó el golpe de 2002. Igual se dijo durante el Paro Patronal de 2002-3, que, por cierto, nunca ocurrió, que ahora la oposición tapa con su oportuna desmemoria, porque olvidó hasta su propia consigna de “prohibido olvidar”. Ahora resulta que nunca hubo paro, que nunca se suspendió, que se flexibilizó y que aún está vigente. Pero durante ese paro, niños que me leéis, la dirigencia opositora alegaba que estaba desbaratando la industria petrolera porque el presidente Chávez se empecinaba en concluir el mandato que el pueblo venezolano le había dado. Todo, la falta de gasolina, de alimentos, de gas, el cierre de las empresas, todo era culpa de Chávez. Claro, ya lo sabemos, todo, incluyendo el desastre del Golfo de México, la marea tóxica húngara y el drama de los mineros chilenos, es culpa de Chávez. O sea, la víctima, todo un país que apoyaba a su Presidente, era culpable.

  Sería bueno que nos dijesen de una vez de qué vamos a ser culpables el año que viene, con una Asamblea Nacional entre quienes hay 65 beatos.

roberto.hernandez.montoya@gmail.com



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Roberto Hernández Montoya

Licenciado en Letras y presunto humorista. Actual presidente del CELARG y moderador del programa "Los Robertos" denominado "Comos Ustedes Pueden Ver" por sus moderadores, el cual se transmite por RNV y VTV.

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