Socialismo y comunismo

Vamos a ponernos claros.

A los efectos prácticos, cuando la mayoría de los dirigentes políticos guber namentales de Venezuela, así como los que hacen el papel de ideólogos, hablan de socialismo, el tér mino suena como un sinónimo de comunismo, y así hay que entenderlo a menos que uno quiera dárselas de idiota.

Por lo visto, el socialismo del siglo XXI viene a ser una píldora para endulzar el asunto, con una singular mezcla de postulados marxista-leninistas salpicados con evangelios de Jesucristo. A ello (marxismo y cristianismo) se le añade un toque bolivariano y una que otra teoría que puede tener aportes de Trostky, Granmsky, Martí y otros pensadores desvinculados entre sí.

Algunos comunistas ortodoxos han tragado grueso ante dicha combinación, pero la aceptan aplicando la táctica de dar dos pasos hacia delante y uno para atrás, sistema lento, pero seguro para llegar al objetivo final.

El socialismo en Venezuela fue algo así como el segundo apellido de innumerables organizaciones que terminaron en la extrema derecha.

Los adecos se tildaban de socialdemócratas, e incluso pertenecían o pertenecen a un arroz con mango que llaman "La Internacional Socialista", donde se codean con el Psoe español y a lo mejor con los compañeros de la chilena Michelle Bachelet.

Copei se autodenomina partido socialcristiano, el MAS es el Movimiento al Socialismo, y paremos de contar.

Así pues, el socialismo da para todo, o casi todo. En Venezuela no había un partido de derecha hasta que, finalmente, los jóvenes bien de Primero Justicia se cuadraron con la burguesía pro gringa.

Por su parte, Chávez anuncia que los 7.300.000 votos a su favor fueron para el socialismo, lo cual no es por completo exacto ni indica que los votantes consideran que dicho sistema es el comunismo que algunos vislumbran.

En lo personal creo que el Presidente busca una fórmula intermedia que tal vez no exista, ya que en estos bretes, o se es chicha o se es limonada.

La reforma constitucional no despeja las incógnitas pues contiene ambigüedades que se prestan a diversas interpretaciones. Por fortuna la propiedad privada, aunque ligeramente diluida, queda a salvo y bien garantizada.



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Augusto Hernández


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