La estrategia atontadora

Ciertamente, como ya lo afirmara Carlos Marx en su tiempo, “las ideas de la clase dominante son también las ideas dominantes en cada época o, dicho de otro modo, la clase que es la fuerza material dominante en la sociedad es también la fuerza dominante espiritual. La clase que dispone de los medios de producción material dispone, a su vez, de los medios de producción intelectual; tanto así, que lo uno en lo otro, las ideas de aquellos a quienes les son negados los medios de producción intelectual están sometidas, por eso mismo, a las ideas de la clase dominante”. Esto viene muy a propósito de lo que ocurre en Venezuela y comienza a manifestarse en otras naciones latinoamericanas en donde los medios industriales de información han pasado a comandar, en uno u otro sentido, las fuerzas que se resisten a los cambios políticos, sociales y económicos que tienen lugar en nuestro hemisferio impulsados por los sectores populares mayoritarios. Devaluada la dirigencia tradicional, la reacción ha optado por refugiarse en la prensa, la radio y la televisión, confiada en que, como generadores de opinión pública y de patrones de consumo, estos medios se encargarán de que las cosas vuelvan a su lugar original, evitando que la gente se convenza de los múltiples beneficios que pudieran lograrse mediante una revolución popular y socialista, por muy pacífica, democrática y tolerante que ésta se manifieste.

Para ello, la libertad de expresión ha servido como principal argumento de la estrategia propagandística de los sectores conservadores de la sociedad, lo cual persigue, en un primer momento, demostrarnos a todos que pudiéramos coincidir en la defensa de las libertades democráticas, sin embargo, esta misma libertad de expresión es la misma utilizada para ocultar la violación de los más elementales Derechos Humanos y demás libertades públicas porque la única verdad es la que éstos sostienen, aún cuando sea abiertamente minoritaria, llegando a fundirlas en un todo con la libertad de empresa que les beneficia de modo particular. De esta suerte, acontecimientos atroces como los que ocurren a diario en Oriente Medio son presentados según la óptica interesada de quienes regentan el gobierno de las grandes potencias, lo mismo que en el caso interno cuando se destacan los horrores de la delincuencia, sin indagar en las razones estructurales que la producen en una sociedad capitalista como la nuestra. La tendencia es que haya, en verdad, una uniformidad de la conciencia colectiva. Para ello se dispone, de manera adicional, de una ideología y de unos aparatos ideológicos de Estado que se expresan, en todo sentido, en la familia, la religión, los sindicatos, el marco jurídico de la sociedad, la política, la cultura, la misión represiva de los cuerpos policiales y las fuerzas militares, sin obviar, por supuesto, a los medios de comunicación; todos imbricados de un modo que no consienta la insurgencia de cualquier herejía que “amenace” la preservación de la normalidad social, por muy ingenua que ésta sea o pudiere ser. De esta forma, se pretende que el orden social se mantenga inalterable y llegue a ser eficiente con la complicidad, a veces inconsciente, de los propios dominados, esto es, por la violencia simbólica que les hace creer que nada se podrá cambiar por mucho esfuerzo que se haga, ya que todo ha sido así desde tiempos inmemoriales. No obstante, si nos permitiéramos escudriñar con cuidado lo que es la historia humana, descubriríamos que eso no es nada cierto, que basta la voluntad decidida de las mayorías para acabar con esta estrategia atontadora, imponiendo la verdad de las cosas.

En el momento histórico actual, existe una dura pelea aún por definirse entre quienes detentan el poder para sí y quienes siempre confiaron, como gobernados, en las buenas razones de sus gobernantes. Es una crisis global que se expresa en el resquebrajamiento de los lazos de identificación entre los representados y los representantes, lo cual afecta, en mucho, la concepción tradicional que se tiene del poder, exigiéndose que el mismo sea participativo y protagónico en vez de, simplemente, representativo. Esta crisis es, axiomáticamente, una crisis de la sociedad capitalista y de sus valores de sustentación, cosa que explicaría a grandes rasgos la explosión prerrevolucionaria que se ha extendido por todo el orbe y que obliga a rediseñar la estrategia alienadora de los sectores conservadores, al mismo tiempo que los sectores populares y revolucionarios se planteen otra que la enfrente eficaz y eficientemente, teniendo como objetivo fundamental la emancipación integral de la humanidad oprimida. Tal cuestión revela cómo, indistintamente de su ubicación geográfica, quienes constituyen la clase dominante se asocian y defienden en conjunto los antivalores que representan, tratando de que haya un pensamiento único, sin oposición alguna. Cuestión que debiera ser correspondida de igual forma por quienes, dentro y fuera de sus propias fronteras, enfrentan la estrategia atontadora que, desde hace largo tiempo, han implementado los dueños del poder en su mezquino interés.


HOMAR GARCÉS
¡¡¡REBELDE Y REVOLUCIONARIO!!!

¡¡Hasta la Victoria siempre!!
¡¡Luchar hasta vencer!!


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