Globalismo o Soberanía

Todos los países de Europa occidental viven atrapados en la maraña globalista. Desde 1945, fecha de la ocupación norteamericana, los países de esta zona del mundo a la que España pertenece han ido perdiendo más y más autonomía en sus decisiones trascendentales, así hablemos de decisiones en materia de defensa y seguridad colectiva, así hablemos de planificación de la economía y soberanía territorial.

Cualquier intento de crear un verdadero ejército europeo, autónomo (no necesariamente desligado de la OTAN) ha sido sistemáticamente obstaculizado desde el Pentágono. Cualquier giro electoral en los países de Europa, encaminado a una emancipación con respecto de la férula OTAN es, hoy y siempre, sometido a estrecha vigilancia y control. El amo de la OTAN, el financiador del entramado (casi las tres cuartas partes de su financiación son norteamericanas) no dejará en paz a cualquier gobierno europeo hipotético que, en ejercicio de su libre determinación y soberanía, plantee salirse de la organización atlantista o, al menos, renegociar su estatus.

"Dejar en paz" constituye una expresión demasiado suave. El hecho es que tal situación es impensable, nunca se llegará a ella mientras sea la maraña mediática y financiera globalista la que decida quién accede a la parrilla de salida electoral en el país. Ese entramado opaco de intereses económicos (fundaciones privadas, grupos de inversión, oenegés y emporios mediáticos, etc.) es el que va aupar a los candidatos más fieles al atlantismo, a los menos sospechosos de ser díscolos o poseer una "agenda oculta" de soberanismo europeo.

Por supuesto, ninguno de los candidatos y formaciones electorales con posibilidades de condicionar la vida pública de los países colonizados por los norteamericanos es sospechoso de poseer esa agenda. De hecho los "elegibles" ya están ahí, en la parrilla de salida electoral, porque la maraña del dinero global previamente lo ha decidido.

La consigna de cara a esta y a todas las convocatorias electorales subsiguientes ha de ser muy clara por nuestra parte: globalismo sí, o globalismo no. Queda muy claro que la distinción "izquierdas" y "derechas" ha devenido obsoleta a la luz de los acontecimientos presentes. Hay una izquierda otanista, que en el aspecto intelectual viene representada por ex mentor del partido español "Podemos" y de la web izquierdista rebelión.org. : nos referimos a Santiago Alba Rico. Esto, en el plano intelectual y publicístico. En el nivel de la organizaciones políticas concurrentes a elecciones, está claro que Podemos y sus diversas mutaciones, franquicias y reconversiones (Sumar, Más País, Compromís, nacionalistas regionales varios, etc. ), son todos partidos claramente otanistas, que sostienen a Sánchez en el gobierno de la Moncloa. Ellos apoyan a uno de los gobiernos más "fan" de Zelensky, más partidarios del belicismo y exultantes miembros "mariachi" de la OTAN. Si esta falsa izquierda, más preocupada por los derechos de las minorías sexuales que por las mayorías obreras, tuviera un mínimo de decencia así como de pensamiento geoestratégico global, hace tiempo que habría presionado a Sánchez en contra de la actitud belicista y otanista, amenazando con detraer sus apoyos y, desde fuera del gobierno, trabajar por la paz en Ucrania. Pero no: son otanistas vergonzantes.

De la derecha española (PP, VOX) sobran las palabras, pues su discurso siempre ha sido otanista, globalista, neoliberal. Se presentan como el partido "del turno", de la "alternancia". Cuando el ala izquierda otanista se desgaste, vendrá el ala derecha –igualmente otanista- a renovar la fe en el sistema de turnos, fe un mundo parlamentario demoliberal que ya no existe, no es real. Las peleas de gallos en las tertulias y en los parlamentos ya han perdido todo su significado, y el pueblo comprueba asqueado cómo la separación de los poderes y la cacareada "voluntad popular" no responden a nada. Se trata de ir a votar entre el Amo con careta azul, o el mismo Amo con careta roja. El Amo siempre estará ahí: el vigía de occidente que nunca permitirá que una oveja se salga del redil.

Al margen de la mascarada electoral, al margen de coloración roja o azul con las que se disfraza el Amo del Dinero, hay espacios de actuación. El pueblo puede volver a organizarse en torno a canales informativos libres, y en asambleas, en donde no haya influjo alguno de los agentes de la maraña globalista. En el momento en que esos canales libres no reciben subvención, ni dependen de financiación externa o publicidad, y poseen un número –si quiera modesto- de seguidores, entonces el miedo a la disidencia se va perdiendo.

Porque es cierto que se ha impuesto el miedo. Se está recurriendo a un cierto terrorismo mediático que se lanza alegremente a la elaboración de listados "negros" de partidarios de negociar con Rusia, de personas y organizaciones favorables al neutralismo y al pacifismo, de geopolíticos inclinado al Eurasianismo en vez del atlantismo… Estas voces, que existen, se están viendo acosadas, aminoradas, vilipendiadas. Son intelectuales, expertos o escritores de diversa orientación ideológica, pero aunados en su crítica al globalismo y, lo que va en parejo a esto, en su defensa de una visión soberanista, en clave nacional. En España contamos, entre otras voces, con las de Manolo Monereo, Pedro Baños, Juan Antonio de Castro… Y pido perdón por las omisiones.

En esas voces antiglobalistas se escucha un mismo mensaje. Es preciso que el Estado, el Reino de España, reconsidere de forma enérgica sus adhesiones a las organizaciones supranacionales, especialmente en aquellos temas que conciernen directamente a la preservación (ahora ya habría que hablar de "recuperación") de su soberanía. España ha perdido, de forma lacerante y peligrosa, amplias cuotas de soberanía, cuotas y márgenes a los que tiene derecho por razón de su condición de Estado. La pérdida de soberanía, y el escalón último de este proceso, la conversión de un país libre en una colonia es un crimen cuando los pasos decisivos han sido dados con el consentimiento, la dejación y la colaboración activa de sus élites gobernantes. Ese crimen, tecnicismos jurídicos al margen, se denomina TRAICIÓN. Y esta traición es exactamente la que se ha ido consumando a lo largo de todo el Régimen del 78, la supuesta democracia formal que advino después de Franco.

Las élites gobernantes españolas, desde 1974, pero de forma acelerada desde principios del milenio, han puesto en peligro la integridad territorial del Estado y la seguridad del pueblo español en connivencia con los Estados Unidos y con aliados europeos occidentales suyos. En cuanto a la integridad del territorio nacional: han abandonado sus responsabilidades en el Sahara Occidental, antigua provincia española, regalada al Reino de Marruecos.

También han negociado ocultamente la futura entrega de las ciudades españolas norteafricanas de Ceuta y Melilla, así como de las Canarias. En otra etapa posterior, las élites políticas españolas han entrado en contactos con entidades globalistas, dirigidas por lobbies americanos y europeos, para una posible entrega de Cataluña a las mafias "republicanas" allí presentes, así como una reconfiguración "confederal" del Estado para que, en su nueva condición de taifas, estas nuevas unidades –pequeñas y dependientes- no ofrezcan problema alguno al poder pretendidamente monopolar del Occidente colectivo. Esto, en lo territorial. Ahora hablemos de seguridad.

En el ámbito de la seguridad de la nación, es evidente que los pueblos del planeta hemos de vivir siempre vigilantes, y detectar la traición entre nuestras élites gobernantes. España, con su belicismo gubernamental, está metida hasta el cuello en el fragor de la guerra de Ucrania, a pesar de su insignificancia militar y a pesar de la poca capacidad estratégica en el curso de la misma. Pero su sola implicación oficial – en medio de la indiferencia e ignorancia de las masas- la pone en peligro grave: estamos al borde de una escalada nuclear, y los conflictos bélicos aparentemente lejanos, se vuelven conflictos de proximidad por el radio de acción de las armas modernas. Servir munición al "demócrata" Zelensky y hacer de plataforma para las agresiones de los yanquis, ya es poner a todo el pueblo español bajo la amenaza de una respuesta bélica rusa. El comportamiento irresponsable de Sánchez, de su partido y de los "mariachis" de la izquierda otanista (recuérdese siempre: "Unidas-Podemos" son los aliados y cogobernantes de Sánchez) debería tener consecuencias penales. España ha entrado en guerra sin que el Parlamento decida, sin que el pueblo haya sido consultado. Ha entrado en una guerra en nada coincidente con sus intereses defensivos, intereses que están en otro sitio. Al sur.

Consecuencias penales debería tener que nuestras élites consientan la invasión intermitente de nuestra integridad territorial, con penetraciones masivas como las sufridas por nuestras ciudades norteafricanas, ciudades que –recuérdese- son también España. Que España se deje invadir, por inacción o colusión de nuestras élites con las élites marroquís, es un tema de la máxima gravedad y en donde la OTAN no va a ofrecer paraguas, parapeto, ayuda, ni siquiera apoyo logístico discreto. Todo lo contrario: el Pentágono, a la hora de elegir, entre un "aliado" flojo e insignificante, todo lo socio de la OTAN que se quiera, como es España, y un aliado con mando en plaza y capacidad de control entre los dos mares (Océano Atlántico y mar Mediterráneo), que domina desde Andalucía (en donde hay cientos de miles de súbditos del sultán magrebí) hasta el Sahel, ¿a quién va a preferir? A Marruecos, obviamente.

Es momento de optar: globalismo o soberanismo. Para construir un soberanismo español hay mucho que hacer. Se empieza haciendo causa común con todos los pueblos libres, que resisten al imperialismo yanqui. Se aparcan diferencias ideológicas menores y obsoletas y se opta por una reindustrialización nacional potente: un proceso de Insubordinación fundante (en palabras de Marcelo Gullo). Después, viene la protección de la producción nacional y la desvinculación de la OTAN y de la UE, poniendo España de su parte para elevar otra Europa, soberana, y una Iberoamérica unida y próspera.



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Carlos Javier Blanco

Doctor en Filosofía. Universidad de Oviedo. Profesor de Filosofía. España.

 carlosxblanco@yahoo.es

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