¿Hacia un Orden Mundial verdaderamente global? 

Desde la caída del Muro de Berlín y el cataclismo geopolítico que implicó la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), se profundizó el proceso de mundialización o globalización, que se gestó y desarrolló en la Sociedad Occidental, se diseminó al resto del mundo, creando una economía de mercado mundial donde los modos de producción y los movimientos de capital, se configuraron a escala planetaria preponderando las empresas multinacionales, la libre circulación de capitales y la consagración de la sociedad de consumo

Paralelamente se instauraron en la política internacional, lo que conocemos como Instituciones Globales: la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sus distintos foros, el Fondo Monetario Internacional (FMI), El Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC); todo éste proceso abarcó un lapso de un poco más de medio siglo para su creación, desarrollo e implantación, en donde Estados Unidos de América a la cabeza de Occidente lo impuso, aplicó y defendió, con sus matices y bemoles incluso con la existencia del Boque Comunista en la Guerra Fría. 

Sin embargo, a pesar de toda esta borrachera de triunfalismo occidental de los años 90 del siglo XX, con la tesis del Profesor Fukuyama y de su “Fin de la Historia y el Último Hombre” a la cabecera de la biblioteca de prácticamente cualquier líder o estadista  de la época (salvo contadas excepciones); en la mismísima Latinoamérica se vivían revueltas populares contra el neoliberalismo y el consenso de Washington, en la entonces República de Venezuela que era una colonia y principal suplidor de petróleo de Estados Unidos, estallaban en Caracas y sus alrededores toda una Revolución Popular sin dirección o liderazgo, una reacción espontánea del Pueblo Insumiso venezolano, contra las “recetas” de las Instituciones Globales que se querían aplicar a raja tabla. 

Una década antes, en Irán, derrocaban sus clérigos y sus estudiantes a un régimen cleptocrático y tiránico, títere de Occidente, naciendo en el año de 1979 la República Islámica de Irán, uno de los actuales polos de poder no sólo en el medio oriente, sino a escala planetaria, artífice, creador y fundador del Nuevo Orden Mundial. 

Al mismo tiempo, surgían en Asia, todo un conjunto de nuevas economías llamadas los “Tigres Asiáticos” Hong Kong, Corea del Sur y Singapur; las cuales se industrializaron de manera vertiginosa, y aunadas a la apertura económica de la República Popular China, creó en ésta parte del mundo, un nuevo polo de poder que trasladó el eje de manufactura mundial y la innovación tecnológica de Occidente a la Civilización China. 

No obstante, en lo militar y en lo ideológico, seguía persistiendo un orden unipolar y hegemónico manejado por los Estados Unidos y sus Instituciones Globales, la cristalización y desarrollo de ese sistema injusto y de horror se sintió en la Primera y Segunda Guerra del Golfo, pasando por la ex-Yugoslavia, Guerra contra el Narcotráfico en Colombia, guerra contra el terrorismo en Afganistán, no había ningún reparo o argumento que pudiera persuadir a EEUU y sus aliados en su expansionismo hacia el Este de Europa, uno a uno, se iban uniendo los países de Europa del Este y hasta las Repúblicas Bálticas a la Organización para la Defensa del Atlántico Norte (OTAN). 

El barbárico martirio de Muamar El Gadafi en el 2011, en mi opinión, fue la línea roja que Occidente rebasó, indiferentemente que para tirios y troyanos haya sido un dictador o un benefactor, era un jefe de estado;  desde ese momento el mundo dejó de ser el mismo, los países emergentes entendieron que la única manera de oponerse a la presuntuosa hegemonía, habría que estar dispuesto a usar la violencia en diferentes medidas, desde la resistencia heroica Cubana, hasta la amenaza de usar armas nucleares de los Kim en la República Popular de Corea. 

El mismo menú quería repetir Occidente con Siria en el 2011, sin embargo la resistencia del Pueblo Sirio, aunado a la intervención Rusa en el 2015, marcó la diferencia y el nacimiento de un nuevo orden pluripolar, el cual como todo parto fue agónico, doloroso, traumático, porque se niega a morir lo viejo y no termina de emerger lo nuevo, parafraseando a Antonio Gramsci. 

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su política Make America Great Again, los síntomas de la decadencia del mundo unipolar se hacen oficiales, públicos y notorios; el abandono de la legalidad internacional al romper los más solemnes acuerdos como el “Plan de Acción Integral Conjunto” o pacto nuclear de Irán, hacer caso omiso a las reglas de la Organización Mundial de Comercio, la absurda guerra económica contra China, Venezuela, Irán, Irak, Líbano, Siria, Corea, Cuba, Yemen, Burundi, entre otros; así como la destrucción del sistema de derechos humanos a nivel americano y mundial, sancionando y encarcelando a países y ciudadanos (Como Alex Saab y Julian Assange) por darle comida a sus nacionales y en contraposición premian al que descuartiza a periodistas en sus embajadas, echa a la letrina de la historia, todo un esfuerzo de generaciones de grandes estadistas occidentales como Franklin Delano Roosevelt, Charles de Gaulle, Winston Churchill; por preservar la paz y no caer en la oscuridad y la barbarie. 

En la actualidad, con un senil al frente del botón nuclear en EEUU apoyando al régimen Nazi de Ucrania, se proyecta una especie de últimos estertores del sistema hegemónico occidental o mundo unipolar-fascista, que solamente lo podía destruir la civilización cristiana ortodoxa, para librar la humanidad, nuevamente, de semejante plaga que rebrotó como un cáncer terminal. 

El nuevo orden, será indudablemente mundial, global y pluripolar, con varios polos de poder perfectamente definidos en éste artículo, falta en esa ecuación los pueblos de África y América Latina, terminen de sepultar el antiguo orden colonial heredado de 5 siglos, la historia apenas se está escribiendo. 



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Jesús Millán


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