La estatización polémica de Dieterich

Son muy interesantes las polémicas que se están presentando, en diversos niveles de la sociedad, sobre variados temas de interés nacional e internacional, tal como lo es el del socialismo y las vías para alcanzarlo. Esa es una metodología muy valiosa para la enseñanza como para el aprendizaje. Mi amigo y camarada Heinz Dieterich es causa de polémica. Nadie debe discutir o poner en duda el conocimiento e incluso la capacidad de conferencista del camarada Dieterich y, mucho menos, su convicción por un mundo nuevo posible. He escrito sobre sus enseñanzas hace algunos años atrás, precisamente, cuando casi nadie se interesaba por estudiar o discutir sobre el socialismo. Ahora me corresponde hacerlo, no sólo reconociéndole sus enseñanzas, sino también opinando que no comparto uno que otro de sus criterios, por lo cual voy a exponer los argumentos en los cuales creo.

No es exactamente a lo que me quiero referir por ahora, pero de entrada debo decir, que llevo meses metido en desmenuzar lo que se ha denominado Nuevo Proyecto Histórico, y aún no le he encontrado el curso natural a los planteamientos científicos que allí se nos exponen y se nos explican. Tal vez sea por culpa de mi bajo nivel de conocimientos, pero no comparto la esencia de ese Nuevo proyecto Histórico. Por otra vía, haré llegar a mi amigo y camarada Dieterich, un documento que hemos elaborado entre varios donde, creemos argumentado y con sentido de crítica constructiva, exponemos nuestra opinión sobre el mismo.

Pero ahora me inserto en el tema de la polémica. Se dice que Dieterich dijo que "Estatizar la propiedad privada no lleva al socialismo". Esa idea, para mí y a nadie obligo que me la crea, es mitad verdad y mitad mentira. El capitalismo de Estado, por sí solo, es una ficción en el continente que se pretenda ponerlo como ejemplo de la salvación del mundo. El imperialismo –es decir: los grandes monopolios de la economía- dictan a los estados su funcionamiento, su norte y su destino. Si algún Estado, aislado, decide independizarse totalmente del yugo del monopolio del mercado mundial, termina con las piernas y los brazos fracturados. Entonces, se ve en la necesidad de ir a las clínicas privadas para que lo reparen si no quiere que lo conviertan en diablo y terminen por matarlo a punta de traumatismo generalizado

1.- En verdad, estatizar la propiedad privada no es nunca socialismo ni significa un juramento ni cristiano ni marxista de ir al socialismo. En unos cuantos estados –creo que en Europa se nota con frecuencia- muchas empresas están estatizadas y nada indica que vayan camino seguro al socialismo. La estatización puede convivir, bajo ciertos parámetros, con los grandes monopolios de la propiedad privada. No pocas veces es la misma propiedad privada quien plantea la estatización de algunas empresas específicas, sobre todo cuando los amos del capital consideran que no les resultan rentables. Ese paquete se lo lanzan al Estado, que asume pérdidas y debe seguir cargando con el muerto hasta que, sanadas las heridas, empieza a dar ganancia y, entonces, no faltan las manos de la propiedad privada, arrepentida y dándose golpecitos de pecho, en solicitar que ahora sí deben dejar de ser empresas estatizadas para que se las pasen a su control y dominio. La viveza de la propiedad privada no se frena ni siquiera donde el dolor del conglomerado, hincado y mirando hacia el cielo, implora la salvación en las manos del Señor. El Estado que se detenga sólo en la estatización, por convicción de destino, termina siendo un enemigo del socialismo y un alcahuete del capitalismo. En fin, repitiendo, la estatización de la empresa privada no significa, de hecho y de derecho, que se vaya directo al socialismo. En esto Dieterich tiene razón.

2.- Hasta ahora, ni siquiera produciéndose la revolución en varios países capitalistas más altamente desarrollados, se podría concebir la idea de alcanzar el socialismo sin que antes, en la transición del capitalismo hacia aquel, no se ejecute una política de expropiación de determinados sectores industriales claves para la existencia nacional, de la banca, de los monopolios en el campo de la industria de guerra, los medios más importantes del transporte y de las materias primas esenciales para la economía. La expropiación es un acto revolucionario muy serio, y eso lo sabe la burguesía. Para que un Estado se plantee el socialismo, debe ejercer la función de comerciante, banquero e industrial universal; es decir, nacionalizar los medios de producción, el crédito, la presión de las cooperativas y del Estado sobre el comercio interior, el monopolio del comercio exterior, colectivizar la agricultura, legislar sobre la herencia, que garantice en la transición del capitalismo al socialismo el extremo desarrollo de la circulación de mercancías creando un amplio campo de acción a las funciones más elementales del dinero sometido a un sistema monetario estable. Ya el socialismo propiamente dicho se ocupará de esos factores para que tengan una muerte decente y digna. La estatización –a través de la expropiación o de la nacionalización- de la propiedad privada es el paso que puede garantizar avanzar hacia la conquista de la propiedad social sobre los medios de producción. La experiencia histórica nos dice que ya no es posible, mientras ejerza su influencia determinante la ley del desarrollo desigual, que los países atrasados logren alcanzar el nivel de las naciones capitalistas avanzadas. De eso se desprende que la socialización de los medios de producción sea una condición indispensable para el desarrollo de los países atrasados, como la expresión de la ley del desarrollo combinado.

La estatización es esencial por una razón suprema y sobre todo en los países atrasados: ni el proletariado ni los sectores verdaderamente populares tienen la suficiente cultura ni el conocimiento técnico para de un solo golpe asumir la dirección y administración, por sí solos, de las empresas expropiadas o nacionalizadas. La cultura, lo dice el marxismo por boca de Trotsky, se alimenta con la savia de la economía y se necesitan excedentes materiales para que crezca, se complique y se afine. El socialismo –realmente hecho o avanzado para dar paso a la fase comunista- no deja ni huella de propiedad privada, pero eso no es posible concebirlo mientras exista capitalismo en el mundo y menos el altamente desarrollado. O vence uno o vence el otro, porque los dos no pueden vivir eternamente ni juntos ni siendo buenos vecinos. La coexistencia pacífica, planteada por Lenin, no se concibe como un tiempo de varias décadas y mucho menos de siglo. Si el Estado no se compromete o cumple función de ser un factor de transformación de propiedad privada en propiedad social –expropiando o nacionalizando- estaríamos frente a un fenómeno digno de estudiar pero, por ahora, imposible de comprender o de hacer realidad. En fin, estatizar la propiedad privada sí es una vía de llegar al socialismo.

La vía de la economía mixta y sus tres sujetos –Estado, propiedad privada y propiedad social, como cooperativa-, propuestos por el camarada Dieterich, también es digno de estudiar, analizar para poder dar una opinión, que si bien no sea la realmente acertada, por lo menos contribuya al debate. Lo juro que opinaré.


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Freddy Yépez


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