Vainas que confunden

Durante los 40 años del "puntofijismo" hice vida política en
la oposición con una pasantía gubernamental durante el período de Luís
Herrera Campíns. Me tocó interactuar con los factores tradicionales de
poder: partidos, medios de comunicación, gremios y escenarios pintorescos
como el de ³La República del Este².

Milité en la izquierda, primero en URD y luego como
independiente; si bien no fui guerrillero ni apoyé la lucha armada, respeté
a quienes lo hicieron, combatiendo la represión y a los reaccionarios desde
las trincheras de los semanarios humorísticos, columnas de prensa y
programas radiales. Fui y sigo siendo un periodista sin pepitas en la
lengua, enfrentado desde siempre a la hegemonía adeca y a la conchupancia. A
estas alturas mis ideas son las mismas de hace 40 años: me considero un
patriota que defiende la soberanía venezolana, soy antiimperialista, adverso
el neoliberalismo y cualquier forma de sometimiento a potencias o poderes
económicos.

A todas estas hay quienes consideran que todo el que actuó en
política en el período 1958-98 está "rayado" para siempre, sin derecho a
emitir opiniones o a tomar iniciativas propias. Por lo visto ignoran que,
desde Hugo Chávez para abajo, la infinita mayoría de los activistas
revolucionarios medraron al amparo de las instituciones ³puntofijistas², lo
cual no los descalifica como corruptos o cómplices del desmadre
"cuartorepublicano".

Desde el 4-F 1992 y hasta la fecha he apoyado al Presidente
Chávez en todas sus iniciativas: elecciones presidenciales y de distintos
signos, Asamblea Nacional Constituyente, referendos y déle. Así pues, me
considero un militante bolivariano, revolucionario y, ahora, socialista del
siglo XXI, o sea, con todos los hierros. No obstante, confieso que me
embarga el desasosiego cada vez que nuestro Comandante e ideólogo máximo
postula nuevas revelaciones a modo de dogmas endógenos.

La entendedera se me tranca a la hora de averiguar por qué se
requiere un partido socialista unido de la revolución. Si no fuera porque a
Chávez las cosas le salen bien, yo diría que anda buscando lo que no se le
ha perdido. Los comunistas, por ejemplo, están caóticos y alebrestados con
esa proposición que acabará con las estructuras de un partido celular
diseñado para la clandestinidad y el juego a cuadro cerrado.

¿Existe realmente la necesidad imperiosa del PSUV, como
partido único de Chávez? En todo caso ¿quién lo decidió y en base a cuáles
razones? A decir verdad la decisión de marras parece arbitraria y no el
producto de un debate democrático.

En cuanto al socialismo del siglo XXI ¿acaso no basta con la
ortodoxia revolucionaria? Ahora se nos habla de un compatriota modelo que
resuma todas las virtudes ciudadanas y sea epítome de la Moral y Luces
bolivariana. Tal parece que no bastará con la educación formal, el liceo y
la universidad. El nuevo revolucionario deberá ser un ideólogo que
pontifique en el trabajo, en las labores de calle y hasta en la cancha de
bolas criollas.

En cuanto al Poder Comunal, deseo con toda el alma que se
convierta en la forma de gobierno ideal. Mientras tanto los diputados,
concejales y alcaldes del proceso deberían funcionar mejor y no como algunos
infiltrados que hacen peso muerto para que esta vaina se hunda.


augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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