Soliloquio pos-electoral

La realidad circundante

"Si no hay comida cuando tienes hambre. Si no hay medicamentos cuando se está enfermo. Si hay ignorancia y no se respetan los derechos individuales de las personas, la democracia no es más que una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento" (*)

Con frecuencia oímos expresiones como: ubicarse en el contexto, hay que aterrizar, otros han sido muy didácticos y recomiendan bañarse en la realidad; pero eso de la REALIDAD no es tan sencillo y, ha sido asociado al CONOCIMIENTO, y se sabe la complejidad de esta ruta. Hasta un poeta dejó su impronta en esos asuntos del conocimiento, la realidad, la imaginación y la duda, advirtiendo: "ten cuidado con la tierra que pisas, pues, puedes estar pisando las manos de dos amantes".

En este soliloquio post-electoral, he pensado que debemos desenredar este ovillo venezolano, es la tarea nacional, y ello urge; de no hacerlo la confección republicana estética y físicamente va a ser en el futuro impresentable. Estamos en una situación que no admite la evasión, la retórica grandilocuente luce deshilachada, y nadie, nadie, carga una chistera para hacer actos de magia. La nación venezolana a pesar de las precariedades de sus gobernanzas, aún sigue teniendo la cualidad auroral de la Tierra de Gracia.

Territorio ubérrimo, geográficamente dotado de todas las bondades de que fue capaz la naturaleza; con unas enormes y altas montañas que comunican con el cosmos, y en las amplias llanuras del occidente, centro y oriente, dicen algunos aún se siente el trepidar de las caballerías que en el otrora colonial confrontaban dos visiones, dos mundos, una realidad cultural e histórica cuya resolución por las armas era inevitable. Por allí también viajan los inmensos ríos por donde accedemos histórica y jurídicamente (Uti Possidetis Iuris) al Atlántico, Océano que rebasa las Antillas y nos ofrece el Mar Caribe, de infinitas historias; alguien de la Antilla Mayor cantó: "dicen que en el mundo hay dolor, pero no es dolor el mundo"; en esta narrativa sin pretender obviar la historia de los dolores ancestrales, me refugio como acto de sanación en la expresión ; de Carpentier: ¿Pero que es la historia de América toda sino una crónica de lo real maravilloso?.

En estos espacios de nuestra América, a través de los siglos se ha venido tejiendo un tapiz multiétnico construido política y jurídicamente, fundamentado en históricas razones humanas de liberación y justicia; un hecho cultural sin parangón, Bolívar lo caracterizó así:
"nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte (…) no somos indios ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles…"

Estamos los venezolanos en la tercera década del siglo XXI, y habitamos una nación de una posición y potencialidad envidiables, pero, envueltos en un discurrir y un vivir sumamente calamitoso, se trata precisamente de la Realidad Circundante, donde los líderes de la política, tanto los que ejercen el poder, como los que pugnan por reemplazarlos vienen dando tumbos tan desconcertantes que inducen a la desvalorización de la credibilidad republicana.

A veces he llegado a pensar, si la magnitud del agravio que en los tiempos que vivimos se le ocasiona a la República, en nuestro caso sea más una visión exagerada, que real, por razones de precariedad analítica, y, puede ser que en el fondo ello tenga que ver con un déficit de inteligibilidad para comprender lo relativo a la Realidad Circundante, lo que disminuye nuestra capacidad para adaptarnos, ojalá que solo sea eso, a fin de procurar hacer los ajustes pertinentes en nuestra psique.

En ese sentido es admirable el don de los poetas para solventar dilemas por muy complejos que sean; en este soliloquio recordaba a unos antiguos amigos, entre ellos al poeta Arnaldo Acosta Bello, con quién en una oportunidad compartíamos una fogata en las playas de San Luis, en Cumaná; en un momento se separó del grupo y se fue a contemplar el mar, absorto estaba, cuando al rato se le acerca otro fogatero y le dice---caramba poeta, usted está inspirado, atrapado por las musas, seguramente imaginando esas preciosas Guaiqueríes que alguna vez retozaron por aquí,--- el poeta le vio, y comentó---fíjate tú, pensando que si a este mar, uno le mete bastante vitualla (verduras) y por debajo mucha leña ¡Tremendo sancocho é pescao, compay!---. Bueno, bueno, cada quién anda en lo suyo y la realidad, y el ambiente, tiene su interpretación. Otro recordado poeta y amigo el "Chino"

Valera Mora, escribió:
"Errada va la vida mía
en lugar de atracar bancos
entierro dineros
en sus bóvedas".

Entonces, como resolver tantos desacomodos, dudas, ilogicidades, insatisfacciones y variadas lecturas de la realidad; la clave al parecer está en la ADAPTACIÓN, que tanto recomiendan especialistas y no especialistas, y, revisando y revisando textos, por esas cosas de la vida, me encontré que este espinoso tema era de alta y vieja preocupación, tan es así, que el poeta Julio Garmendia hizo una fundamental revelación en su cuento "La Realidad Circundante". Ocurrió que en una de las esquinas caraqueñas, un vendedor callejero, gesticulaba y en alta voz elogiaba las bondades de un pequeño invento de su autoría; don Julio, que venía de su trabajo en una oficina pública se detuvo y puso mucha atención a la perorata del oferente,---un número de personas mucho mayor de lo que suele decirse, están mal adaptadas o no lo están absolutamente a las condiciones del mundo en que viven. Carecen de la importante facultad de adaptarse al medio ambiente. Les falta el resorte de la adaptación a la realidad circundante---y el hombre se deshacía en elogios del invento que solucionaba tal necesidad---Es un pequeño y en apariencia insignificante aparato o accesorio---y extrajo con precaución de un bolsillo una cajita o estuche que contenía, según dijo, uno de sus exactos y excelentes aparatos adaptadores a las vicisitudes de la vida, las inconstancias de la suerte, las inclemencias del cielo, los cambios de la fortuna, las vueltas del mundo.

El inventor-vendedor, al ver la atención que le ponía don Julio, se le acercó y le confesó que, hasta ahora los pudientes financistas y millonarios, que había encontrado no les había interesado el negocio, pues gozan de una capacidad natural de adaptación, hasta de super adaptación; al verse interpelado, don Julio le comentó: --- yo en cambio me doy perfecta cuenta de la importancia del negocio, pero no estoy en condiciones de suscribir el capital: ¡soy un grave inadaptado, tal vez incurable!.

La tajante conclusión de don Julio, me sacó de mi cómoda reflexión adaptativa, y hasta llegué a pensar el bien que nos podía proporcionar el aparatico del inventor-vendedor, pero la cosa como que no es por allí, y eso nos obliga a otros soliloquios.

LA REVOLUCION ES CULTURAL
(*) En estos días he escrito sobre la Democracia, y a un lector le pareció interesante enviarme esta cita de Nelson Mandela, que corre por las redes, realmente no la conocía o no la recordaba, sin embargo la suscribo totalmente.



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Rafael Castro

Especializado en Gestión Cultural. Colaborador y Fundador de Instituciones de la Cultura, en el Sector Público y Privado.

 racasce@gmail.com      @racas42

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