Curiosidades geopoliticas del pasado y de ahora

(Acaso: ¿Ocaso de la cultura occide?)

En los alrededores de Waterloo, a poca distancia de Bruselas, en junio de 1815, Arthur Wellesley, duque de Wellington, y el príncipe y mariscal Blucher, al frente de los ejércitos británicos y prusianos, derrotaron al emperador Napoléon Bonaparte. Las monarquías europeas respiraron hondamente con satisfacción; razones históricas tenían, pues aquel hombre que provenía de la revolución francesa, en 1805, en la batalla de Austerlitz, había puesto fin a más de ocho siglos de dominación del Sacro imperio romano germánico, el I Reich.

Ahora se abrían en Europa, las puertas de la restauración monárquica. Bien lejos de allí, en ese mismo año, en Kingston, territorio británico en el Caribe, un soñador, escribía la Carta de Jamaica. Un lustro atrás, Simón Bolívar, López Méndez, y Andrés Bello, se habían entrevistado en Londres con el ministro del exterior, el marqués Richard Wellesley, hermano del vencedor de Waterloo. El ministro británico recibió a esta delegación diplomática en su residencia campestre en Aspley House, y no formalmente en la sede ministerial, pues la monarquía en ese entonces, andaba en sus jugadas geo-políticas con España, y la mirada puesta en Napoleón.

Sin embargo la dinastía napoleónica no terminó en Waterloo; al poder llegó Luis Napoleón Bonaparte (Napoleón III), quién estuvo alrededor de 20 años en la gobernanza de lo que se conoce como el II Imperio francés. Bajo su mandato invadió México, colocando al archiduque austriaco Maximiliano de Habsburgo como emperador. La presencia de Francia en este territorio americano, atendía a los planes geo-políticos expansionistas galos, en momentos que se desarrollaba la Guerra de Secesión en EE.UU, (1861-1865) y su posible incidencia en la Doctrina Monroe (pescar en rio revuelto)

Pero la dinámica geo-política no admite descuidos; las ideas e intereses son movilizadores, en México, un sector importante de la población, dirigidos por Benito Juárez, de Oaxaca, de la etnia Zapoteca, abogado, dirigente liberal, y presidente en armas, no le daba tregua a los invasores franceses y a sus aliados nacionales conservadores y monarquistas. En ese interín, la guerra de Secesión había terminado, y se consolidaba la estructura política estadounidense, determinando un cambio en la estrategia francesa. Napoleón III, tenía dificultades para sostener este frente americano, pues en Europa se presentaban severas situaciones geo-políticas que había que atender. Mientras tanto Carlota de Bélgica, esposa de Maximiliano, clamaba en las metrópolis ayuda para su consorte, que nunca llegó a conseguir.

En 1867, derrotado y capturado el emperador Maximiliano, fue pasado por las armas en el Cerro de las Campanas, en Querétaro, junto a sus altos oficiales. El antiguo castillo en el bosque de Chapultepec, residencia de Maximiliano y Carlota, quedó como un curioso y trágico recuerdo del absurdo imperio francés en la historia mexicana.

Pocos años antes, mientras Napoleón III andaba en su aventura expansionista en estos predios americanos; Otto Von Bismarck, se movía con habilidad y solidez política en Prusia, donde llegó a ocupar importantes posiciones, se le considera el arquitecto de la unificación alemana. Entre 1870-71, se produce la guerra franco-prusiana, resultando derrotado el ejército francés, la clase política imperial gala deja al pueblo a su suerte, en Paris se organiza la resistencia que integran sectores proletarios y de clase media, que combaten contra fuerzas superiores hasta morir (Comuna de París). A poco trecho de allí, en Versalles, con la total derrota de Napoleón III, y la liquidación del II imperio francés, por esas curiosidades de la historia surge otra situación de alto relieve geo-político : El Imperio Alemán, el II Reich, y se impone durante un buen tiempo la Real Politik de Bismarck.

La experiencia colonial Belga en África, y la larga gobernanza del rey Leopoldo II, dejó un saldo social histórico difícil de ocultar bajo las alfombras reales. En la repartición colonial europea del África, Leopoldo II, se hizo propietario del Estado Libre del Congo, administrándolo desde 1885 hasta 1908, acumulando una inmensa riqueza personal, a costa de la esclavitud y el sometimiento a trabajos forzados a la población nativa en las plantaciones del caucho y en las minas, se le señala además de aplicar castigos atroces, mutilaciones y ejecuciones. Las victimas congoleñas de este genocida se calculan entre 8 a 10 millones en el periodo.

Mientras tanto, su hermana, la princesa Carlota de Bélgica, antigua emperatriz de México, permanecía en centros de salud mental, donde falleció a avanzada edad.

Bélgica, un pequeño país europeo, monarquía constitucional, cuya capital Bruselas, a partir del tratado de Maastricht (1992-1993) pasó a ser centro estratégico de la geo-política europea, al instalarse allí la sede de la OTAN, la UE, y otros organismos. En el actual conflicto bélico en Ucrania, estas vocerías han sido muy activas y en el caso de la OTAN, ha quedado muy claro que esta instancia político-militar hace rato ha desbordado su carácter atlantista. Hay alarma en algunos analistas que piensan, que si los hilos de esta compleja trama geo-política, no son manejados con sensatez, puede deshilacharse el tejido general planetario.

La realidad observable derivada de las decisiones que se están tomando en esas instancias, nos muestran el empantanamiento del conflicto… Ya hay evidentes signos de desasosiego y calamidades, que ha desbordado Europa y se ha extendido a otros continentes. Al parecer se han topado con la compleja inter-conexión en todos los órdenes existentes en este planeta (globalización) del que tanto se ha hablado, y que, al parecer poca conciencia se tenía de ello. Y no sabemos, si el liderazgo ha entendido que en estos tiempos, el nudo gordiano, no se puede resolver con un cimitarrazo…son muchos los siglos que nos separan de Alejandro Magno.

Lo que falta por precisar en esta ecuación es: hasta donde el gobierno estadounidense, de alta injerencia bélica e influencia en la cúpula política europea pretende llegar. Decíamos que muy cerca de allí, en Waterloo en 1815, el asunto "Napoleón Bonaparte" se resolvió en el "Campo de Batalla", para emplear la expresión categórica de Borrel, el hombre de la diplomacia de la Unión Europea, a propósito de la actual guerra en Ucrania. ¿Se espera lo mismo ahora?

El antiguo imperio y hoy, no menos poderosa potencia: el Reino Unido, con el impetuoso Boris Johnson, como factótum, y gran impulsor de la guerra: visitas a Ucrania, declaraciones emotivas, activo proveedor bélico, es el vocero más calificado de esa nación y en la UE. Sin embargo, este dirigente británico, vive en este momento su propio Trafalgar en la burocracia, sin la estatura de Nelson. En el 10 de Downing Street, la bitácora de navegación anda confusa.

Son muchos siglos de participación británica en la geo-política mundial, padres de imperios, en la actualidad es una monarquía colonial e imperio propietario de muchas islas en mares y océanos. En 1815, después de Waterloo, a Bonaparte I, se lo llevaron a Santa Elena, una de sus islas ubicada en lo más remoto del atlántico Sur entre Suramérica y, África, a fin de desaparecer inconvenientes historias. En la segunda mitad del pasado siglo, ahora hacia el este, en el corazón del Océano Indico, en el archipiélago de Chagos, desalojaron a sus habitantes para ceder el territorio a los EEUU, quienes lo utilizarían para establecer en Diego García, una base militar; la misma historia de las Malvinas. Mientras tanto los chagoseanos, andan por allí, tocando las puertas de organizaciones internacionales, a quién quiera oírles, solicitando el restablecimiento de sus vidas en sus ancestrales tierras.

Es que eso del pasado, jorungar los hechos históricos, es inconveniente por lo controversial; para unos, la historia comienza con ellos; otros a cualquier suceso por intrascendente que sea le dan histórica categoría; en nuestros predios algún funcionario inaugura modesto puente y lo compara con el paso del Rubicón. Al final todo termina siendo una banalidad y un fastidio. Aprovechando esas circunstancias ha habido personalidades que han sido tajantes con la historia. Un intelectual norteamericano de origen japonés, ante el derrumbe de la URSS, sentenció el fin de la historia, y se le comprende, pues en términos prácticos siendo un asimilado triunfador en el imperio, recordar la destrucción atómica de dos ciudades en sus ancestrales geografías, sería irrelevante e imprudente, lo importante es el futuro. Es que además olvidarse de la historia daría chance para hacerlo con la historia personal, cuestión que a veces resulta conveniente, eso lo entendí de Barack Obama, y razón no le faltaba a este presidente norteamericano, nacido en Hawái e hijo de padre Keniano, pues explicar la anexión de Hawai a EEUU, y el colonialismo en las tierras de su padre y la rebelión de los guerrilleros independentistas Mau Mau, podría originar ruido, dada su condición de cabeza imperial.

Esta breve narrativa sobre curiosidades geo-políticas, hubiese sido imposible escribirlas, si no existiesen datos y memoria histórica, que nos permite reconocer que el conocimiento del pasado puede poner en tela de juicio ropajes conceptuales, con que se han vestido algunas naciones y personas, y que nos plantea interrogantes, por ej. Podrían los antiguos países colonialistas e imperialistas, con sus secuelas e historiales vivos aún, ser consideradas demócracias, defensoras de los derechos humanos, atribuirse calidad de jueces en conflictos internacionales, además sentirse autorizadas para invadir bloquear, sancionar, desmembrar, destruir y repartirse países y territorios. Es que acaso, en los cenáculos donde se deciden delicadas situaciones geo-políticas, llámese Bruselas u otro lugar, no tiene acceso la antigua expresión latina Auctoritas, con su corpus de, valores, respeto, virtudes, que permitirían dotar de coherencia y sentido legitimando las decisiones que allí pudieran tomarse. Será un problema de Alzheimer histórico o simple unipolaridad. ¿Estaremos acaso, en el ocaso civilizatorio?

Hace un siglo, Oswald Spengler, filósofo alemán, publicó una monumental obra "La Decadencia de Occidente", allí me consigo con esto:

"El tiempo es quién, con su marcha irrevocable , inyecta el azar efímero de la cultura en el azar del hombre, que es una forma en que el azar de la vida fluye durante un tiempo, mientras en el mundo luminoso de nuestros ojos, allá lejísimos, se abren los horizontes de la historia planetaria y de la historia estelar"

Un libro es un paisaje cuyo recorrido debe ser realizado con atención y respeto, y esta obra centenaria compleja, controversial, así como otras y otras visiones, anda en el mundo de las ideas, sobre todo, en estos derrumbes de verdades absolutas y de geo-políticas unipolares. Desde el mundo antiguo hasta nuestros días el hombre no ha perdido de vista el espacio astronómico, y, en estos momentos, la ciencia nos pone en presencia de una gran paradoja, mediante el observatorio espacial James Webb, que anda intentando conocer la historia del universo; las imágenes que ha enviado han impactado a la comunidad mundial en la medida que nos acerca a esa infinitud de Galaxias, evidenciando lo pequeño que somos, salvo en la soberbia y la prepotencia. Extraña humanidad ésta, que quiere autoliquidarse, es como si se sintiese cansada o aburrida de este pequeño planeta. Habrá que releer el Principito, a ver si recuperamos las ganas de vivir, y hacer de lo pequeño algo grandioso, construir un humano, humano…pensando cuanta vida distinta a la nuestra habrá en ese cosmos lleno de galaxias, y nosotros por aquí con tanta supuesta sabiduría y al parecer no podemos con la Múcura. Con estas experiencias de las ciencias, ojalá que ello nos permita repensar nuestro comportamiento suicida terráqueo. Esto que ocurre no es ficción. El ser humano necesita elevarse cualitativamente a la altura del James Webb.

LA REVOLUCIÓN ES CULTURAL



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Rafael Castro

Especializado en Gestión Cultural. Colaborador y Fundador de Instituciones de la Cultura, en el Sector Público y Privado.

 racasce@gmail.com      @racas42

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