El polémico párrafo de Marta Harnecker

No conozco personalmente a la escritora Marta Harnecker, aunque sí he leído algunos de sus textos. Se sabe que está en Venezuela y la he visto y escuchado en algunos programas de la televisión venezolana.

Algunos camaradas han leído su último libro “Reconstruyendo la izquierda”, y el cual no he tenido oportunidad ni siquiera de ojear brevemente. Lo cierto, al parecer, ha causado cierta polémica que ha conducido a que algunos la tilden de oportunista, falsificadora y reaccionaria. Necesariamente habría que leer el libro “Reconstruyendo la izquierda” para poder dar una opinión, mucho más importante que sobre la autora, del contenido del mismo por lo llamativo del título y por lo que de su esencia nos dote de conocimientos.

Nada tengo que opinar sobre la técnica con que fue escrito el libro, porque no soy experto en la materia ni, repito, lo he leído. Sin embargo, me llama mucho la atención un párrafo citado del libro de Marta Harnecker, como la supuesta expresión de su posición contrarrevolucionaria y oportunista. Sin embargo, sin negarle el derecho o el deber a nadie de hacer su juicio sobre un determinado texto o párrafo, permítaseme dar una opinión –exclusivamente- sobre el mismo en relación con la realidad nacional e internacional que vive el mundo actualmente.

Quisiera que Dios –si existiese-, con su poder divino e imbatible, decretara de una vez para siempre el comunismo en su segunda fase, para que no tengamos ninguna necesidad de sacrificio de alcanzarlo por otra vía distinta a la del Señor. Pero esto no sólo es una ingenua utopía, sino ir contra la historia misma del mundo, en contra de toda realidad o verdad histórica. Sólo, hasta ahora, es la lucha de clases el motor de la historia y sólo, aunque no nos guste, el proletariado lleva en su entraña la posibilidad de crear un nuevo mundo emancipado de toda expresión de esclavitud material y espiritual. Esto no niega nunca el papel del partido político y revolucionario de vanguardia ni el papel de la personalidad del hombre en la historia. En concreto, la historia no es el resultado de las buenas voluntades del hombre sino de la lucha de clases hasta que construido el socialismo, propiamente dicho, surja la realidad de la desaparición de las clases, del Estado y todos sus aditamentos, y gobernándose por sí misma la sociedad entera podamos ver la luz de entrada de ese principio comunista que Marx sintetizó de la siguiente manera: cada cual trabaja de acuerdo a su capacidad y cada quien recibe de acuerdo a su necesidad.

El tenido por polémico párrafo de Marta dice: Estos sectores piensan –no sé a cuáles se refiere- que puede abrirse una situación insurreccional y que de lo que se trata es de demoler al Estado burgués, es decir, que existe una posibilidad de ruptura revolucionaria en el horizonte inmediato. Quienes pensamos por el contrario, que vivimos un periodo ultra conservador y que estamos en grandes desventajas en cuanto a correlación de fuerzas a nivel mundial y local, pensamos que de lo que se trata es de comenzar a actuar dentro de las estructuras existentes con el objetivo de irlas transformando y, por lo tanto, valoramos positivamente el acceso a la administración de un gobierno local por parte de la izquierda….

En verdad no tengo la menor idea de la intención nacida del corazón de la autora- del párrafo, pero creo que es importantísimo tomarlo en consideración si pretendemos ser realmente objetivos sobre la situación actual que vive Venezuela y el destino que queremos, por lo menos, un porcentaje respetable de venezolanos.  Marx dijo en una oportunidad, que ninguna sociedad deja de existir hasta que no agota sus posibilidades, lo cual significa que, como lo interpreta Trotsky, no podemos desaparecer una estructura social por medio de un acto de voluntad subjetivo. La experiencia así lo ha confirmado. Basten pocos ejemplos: en marzo de 1871 estaba el proletariado de París en condición de tomar el poder y Marx lo alertó que no lo hiciera, que esperara un poco, de manera que se concretaran otras circunstancias más favorables, mientras que los blanquistas siempre creyeron que la insurrección era cosa simplemente de la voluntad y no de realidades que la determinan. No le hicieron caso y la historia conoce el resultado de la gran y admirable osadía del proletariado. Conste que Marx, una vez producida la Comuna, no sólo tuvo razón sino que apoyó con todas sus fuerzas al proletariado. Además, es la Comuna de París el hecho histórico que le permite a Marx y Engels enriquecer la doctrina marxista. En julio de 1917, los bolcheviques las tenían todas a su favor para tomar el poder político, pero Lenin se opuso porque consideró que faltaban las condiciones para sostenerse en ese poder, y tuvo razón. La revolución se hizo fue en octubre de ese mismo año. Cuba es un caso excepcional y digno de mirar y de comprender desde el punto más hondo del corazón humano. Cercada, acosada y atacada por la mayor potencia imperialista, derrumbado el llamado campo socialista, denigrada por muchos estados o gobiernos de América Latina, sin mayores fuentes de riqueza natural, una porción de tierra rodeada de agua por todas partes, se ha visto en la imperiosa necesidad de aceptar la inversión de monopolios económicos foráneos en su territorio, en búsqueda de mejoramiento de las condiciones de vida de su pueblo. ¿Eso no es ni será nunca socialismo, pero de no haberlo hecho, en el mundo donde domina la globalización capitalista salvaje y escasean las revoluciones, quién sabe el resultado de la realidad cubana en este momento de su historia?

El mundo de hoy, que Galeano correctamente dice anda patas arriba, se decide en el mercado mundial, la economía es de mercado, y quien se excluya de ello para construir un socialismo en un solo país, sella su propia muerte. Eso no quiere decir que debamos esperar que la revolución –como expresión de toma del poder y aplicación de medidas de transición- se produzca en los países imperialistas. No, hay que luchar por la toma de ese poder político e iniciar acciones de transición de capitalismo a socialismo. Esto es sagrado para el proletariado, para los revolucionarios, para los pueblos que pretendan hacer valer la causa de la redención social. Pero, debemos tener claridad y aceptar, que la marcha de la historia no la decide la buena voluntad del hombre, del dirigente, del partido, del organismo de masas, sino, siempre o en última instancia hasta ahora, los factores de la economía.

No pretendo inmiscuirme en polémica sobre el libro de Marta Harnecker, pero actualmente cada cabeza es un mundo y como definición de socialismo o sus vías se tienen diversos pensamientos que a veces no coinciden. Hace poco estuve en un foro donde los dos ponentes apoyamos al proceso, pero donde ambos tenemos criterios muy distintos de socialismo. Ese el fenómeno digno de estudiar y de analizar en este momento histórico que vivimos en Venezuela y que nos permite la plena libertad para debatir o batirnos en el campo de las ideas. Un ejemplo digno de poner es el siguiente: sin expropiar los bancos y los monopolios es imposible construir el socialismo, pero eso depende de las circunstancias hacerlo o detener la decisión para un nuevo tiempo. Si Chávez tomase esa decisión en este momento, tengamos la seguridad que debemos ir a una guerra prolongada contra el imperio, porque no existen las condiciones –a nivel internacional y nacional- apropiadas para una política de esa naturaleza. Ahora, si se produjera una cadena de revoluciones actualmente en América Latina y parte del mundo, no hacerlo significaría una verdadera posición en contra de la revolución. Baste con que no nos olvidemos el brinco al cielo que pegaron mandatarios –por cierto que hablan de socialismo o de verdadera justicia para los pueblos- con tan sólo las simples medidas de nacionalización adelantadas por Evo Morales, sin que eso sea realmente socialismo.

Si esto que he escrito sirve de algo en la reflexión, entonces no habrá sido en vano opinar. Si resultase lo contrario, me disculpan porque no me guía ningún espíritu de andar aprovechando disertaciones contrarias para creerme un corrector de camino.



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Freddy Yépez


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