Gobernar en revolución

¿Para saber gobernar hay que ser revolucionario o para ser
revolucionario hay que saber gobernar? Disquisiciones de este tenor
filosófico acosan con sus dudas a muchos partidarios de la revolución
bolivariana iniciada en Venezuela por Hugo Chávez Frías.

Mientras más opiniones constato más me inclino a pensar que
estamos ante una situación generalizada de "falta de ignorancia". Es decir,
sobran ideólogos, hermeneutas de doctrinas políticas, muchos de ellos
autodidactas de conocimientos difusos y lecturas tan dispersas como
incoherentes, que mezclan gimnasia con magnesia sin temor a contradecirse.

Se proclama que sin doctrina revolucionaria no hay revolución
posible, lo que suena lapidario, aunque sea discutible. Por mi parte
sostengo, con el poeta Antonio Machado, que "se hace camino al andar" o, con
lógica de arriero, que "en el camino se emparejan las cargas".

Tengo la impresión de que la sola participación de los pobres,
los marginados o anteriormente excluidos, ya es un paso de avance gigantesco
y de por si constituye un acto revolucionario que no requiere explicaciones.
Para decirlo con una de esas palabras que disfrutan los nuevos profetas, el
³empoderamiento² del pueblo producirá sus propios frutos, sin necesidad de
sesudos exegetas o traductores que nos indiquen lo que el pueblo quiere.

Mientras ese pueblo busca vías para manifestarse con claridad
a través de las recién creadas organizaciones sociales, el gobierno debería
centrar esfuerzos en impedir el desorden que tradicionalmente impera en
nuestros entes oficiales. Para ello no hay que ser un genio sino aplicar
métodos eficaces contra el burocratismo y la corrupción administrativa.

Los ataques más dañinos no provienen del Pentágono o de la
CIA, sino de las roscas que todavía permanecen enquistadas en el aparato
gubernamental.

Hoy por hoy me parece que hay suficientes revolucionarios, y
hasta de sobra; lo que falta, en cambio, son gerentes de mentalidad
progresista y patriótica.

Las soluciones revolucionarias no requieren ser fórmulas
sacrosantas, ideológicamente correctas, sino medidas adecuadas para resolver
los problemas.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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