Venezuela Gana solo con la Celebración de Elecciones

Las elecciones legislativas en Venezuela, es un paso importante en la recuperación democrática de la institucionalidad frente a la oposición respaldada por Estados Unidos

Vijay Prashad y Carlos Ron, Resumen Latinoamericano

Las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2020. Crea el posicionamiento de una nueva oposición Democrática , que han decidido participar. El costo político de participar en unas elecciones gestionadas por un CNE, que ha recibido ataques a su credibilidad durante años, representa el principal efecto búmeran al que se enfrenta el debilitado G4.

En ese marco, los partidos periféricos y actores históricamente excluidos por la dictadura del G4 buscan conquistar el espacio vacío dejado por Guaidó para alcanzar posiciones de poder e influencia social e institucional que desplacen definitivamente a los partidos tradicionales del golpismo.

Estos partidos excluidos, aprovechando la crisis del G4, buscan erigirse como una nueva conducción política del antichavismo.

Las próximas elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2020 abren la oportunidad para que aquellos sectores participen sin cortapisas de estrategias foráneas en la escena política venezolana.

Voluntad, Justicia, Acción y Tiempo perdido del G4

El 6 de diciembre quedará sellada el acta de defunción del denominado G4, élite que ha socavado la soberanía nacional y desestabilizado integralmente la vida social y política de la República.

Asimismo, las elecciones parlamentarias representan el episodio final de la guerra intestina entre partidos antichavistas que inició en el año 2017 con la instalación de la ANC.

Es decir, que de las elecciones del 6 de diciembre nacerá un nuevo ecosistema de partidos políticos de Venezuela, nuevas instancias de representación social y electoral, donde encontrarán voz y acompañamiento miles de personas que apuestan por opciones coherentes y pacíficas en el marco constitucional de la República.

Y la estrategia antichavista, por otra parte, se convirtió en una violenta campaña de ataque y confrontación contra la autoridad electoral venezolana, que ha terminado en un efecto búmeran: los partidos golpistas no pueden medirse electoralmente porque convencieron a sus seguidores de la supuesta inutilidad de los procesos electorales. Un tiro al pie.

La legitimidad de las instituciones políticas venezolanas, es decir, de sus representantes en el Parlamento y otros espacios de dirección del Estado, proviene de la votación popular, no del financiamiento de la Casa Blanca o de la red de contactos con políticos y poderes económicos extranjeros.

En ese sentido, las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre representan una oportunidad para recuperar la democracia, en su sentido más original: el debate de ideas y propuestas en un marco con reglas de juego básicas y respetadas.

Pero también representan una oportunidad para sacar del juego, con votos, a todas las franquicias políticas que han hecho de la guerra, la confrontación inútil y el bloqueo su principal oferta política.

Cabe concluir que el Parlamento nacional es la casa de deliberación y producción de leyes del pueblo. Por ende, no hay espacio posible de representación para quienes atentan contra su propia naturaleza.

El camino de fracasos y errores políticos que ha derivado en el cuadro actual de fragmentación y divisiones profundas viene de tiempo atrás, lo que hace necesario reconstruir algunos de sus hitos más importante

El gobierno de Estados Unidos apostó por esta coalición como un instrumento para el «cambio de régimen», lo que le permitió erigirse como el principal factor de unidad del espectro opositor venezolano.

Estos partidos de alcance nacional asumieron un rol central en la definición de estrategias, tanto a nivel político, insurreccional como institucional.

El apoyo de los medios de comunicación, sus redes de contactos con políticos estadounidenses y europeos de alto perfil y el ingente financiamiento recibido para apuntalar su posición de liderazgo, construyó la imagen artificial de una representación orgánica de un amplio sector opositor que confió en sus directrices.

Esta imagen se ha visto cuestionada en los últimos años tras cada fracaso político en el terreno. Los partidos del G4 caminaron en una agenda unificada en función de los intereses estadounidenses, pero al paso del tiempo han ido perdiendo credibilidad en el antichavismo, a lo que debe sumarse grandes episodios de crisis internas y fracturas irreconciliables entre sus principales liderazgos.

La capacidad de unificar criterios y de sostener la confianza política en el tiempo se ha visto erosionada luego de los fracasos del último ciclo político, con esta elección, se espera que se reanude el proceso legislativo. Una nueva Asamblea Nacional podría nombrar a funcionarios clave y podría discutir la legislación para abordar la pandemia; debe convertirse en un lugar de diálogo sano entre el gobierno y la oposición, que ha sido secuestrada por Washington y por Guaidó. Más que cualquier otra cosa, esta Asamblea Nacional supondría un desafío legal para los gobiernos y bancos de Europa y Estados Unidos que han congelado al menos $6 mil millones de fondos venezolanos y confiscado activos como Citgo; ya no tendrán al supuesto gobierno interino de Guaidó como excusa para sus acciones.



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Antonio J. Rodríguez L.


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