El Chavismo tuerto y la ciega oposición

En tiempos en que se requiere la mayor claridad para encontrar un rumbo que pueda sacar al país de la crisis política y económica que vive, ninguno de los sectores políticos (gobierno y oposición), logra encontrar la luz al final del túnel.

El chavismo, ante el ilegal, inhumano y bastardo bloqueo económico impuesto por la administración Trump e impulsado por gran parte de la oposición venezolana, solo tiene como política básica de atención en la parte alimentaria, el otorgamiento de una caja CLAP que no satisface (aunque ayude), a los sectores más necesitados de la población y la suscripción de acuerdos con el sector económico, para el respeto a una "lista de precios acordados", que en honor a los hechos, avergüenza ver la manera cómo el sector empresarial se burla del gobierno en sus propias narices cuando irrespeta dichos acuerdos convirtiéndolos en una pantomima de la que el pueblo ríe tan largamente como larga es la bendita lista, cuando ella se anuncia, sin que haya una respuesta gubernamental ante tal circunstancia.

Por otro lado, la oposición, aliada con el patotero del norte, lo que le da el ánimo de quien se siente protegido por el "papá de los helados", apuesta a que las medidas tomadas por EEUU contra Venezuela, hagan postrar al gobierno y lo obliguen a la negociación de su salida del poder (a pesar de que sostienen que las medidas no son contra el pueblo sino contra los dirigentes rojos); y que hoy, nuevamente ese sector se muestra esperanzado por las declaraciones sin tapujos de un Senador republicano norteamericano que pide abiertamente que se ejecute una acción militar contra Venezuela, como garantía para el triunfo electoral de un presidente gringo, derrocamiento que garantizaría la vuelta a la democracia en Venezuela a través de la no menos democrática (según ellos), eliminación de Nicolás Maduro.

¿Qué se ha logrado con ello?

Pues, hay un sector (el chavismo, sobre todo el "peseuvista"), que se ha acostumbrado a su beneficio CLAP y al que no le importa pasarse cien años cocinando con leña, o a que sus hijos cursen una carrera universitaria para que al final del día, el mercado laboral les ofrezca un salario inferior al de un vendedor ambulante de café, o que, peor aún, vea cómo las instituciones no dan respuestas al pueblo y se hagan de la vista gorda porque criticarlo o denunciarlo los expone a la trillada frase de ser un "escuálido disfrazado"; todo ello con el firme propósito de defender el legado de Chávez, del que ahora gran parte de la alta dirigencia le "vende" sus discursos, aun cuando ellos se encuentran cada vez más alejados de lo que Chávez representó (y si no, pregunten al pueblo: ¿quiénes de ellos dan respuesta, por cualquier vía, a sus necesidades? mientras que sí responden a comentarios fútiles de sus seguidores "influencers", vía Twitter, pero que por ese medio ni siquiera le responden una sola cosita al chavista de a pie)

En el caso opositor, no terminan de quitarse el cliché del Estado paternalista que les resuelva sus problemas que se orientan a tener DirectTV, garantizarse un iPhone último modelo, y permitirse una entrada monetaria que les permita ir al "super" a adquirir lo que les dé la gana sin entender que el problema del precio final de los artículos no solo es atribuible a una mala política económica sino a la usura de un empresariado que se vuelve rico a costa del hambre de quien como él, solo quiere el "Maduro, vete ya".

¿Qué tenemos entonces?

Un chavismo "rojo" que se tapa un ojo para no ver la realidad de un pueblo en la calle que la está pasando verde (y de lo cual justifica esos hechos alegando perverso bloqueo sin admitir sus incapacidades), y una oposición con los ojos cerrados al entendimiento que las condiciones (no solo en Venezuela) han cambiado y que el planeta todo no es el mismo de antes y que su dirigencia ha terminado siendo tan ladrona o más que los "chavistas" que pavonean su nuevo estatus social adquirido al amparo de vaya usted a saber de qué manera logrado.

Al margen de ellos, el pueblo llano, chavista y opositor, entrampado en si vale la pena ir a un proceso electoral para escoger a quién sabe quién, que en muchos casos (y se atreve uno a profetizarlo sin ver la lista de postulados) son los ungidos por padrinazgos políticos, o no votar; sabiendo que ello debilita el piso político de nuestro Presidente Nicolás.

Y en los opositores, no se plantea menos fácil la cosa. Metidos en la misma trampa, muchos se encuentran valorando si vale la pena seguir con el chip que le metieron en mente sobre que papá Trump invadiría al país y derrocaría a Nicolás sin un rasguño siquiera para ellos y que no harían falta elecciones porque lo lograrían con repetir (como los meditadores en posición de loto), el mantra del "cese a la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres"; mientras que otros, entendiendo que equivocaron el camino, pues no se atreven ahora a desmarcarse de un Trump que luce un perdedor político pero que representa el oxígeno gringo que necesitan si alguna vez llegan a ser gobierno.

Así las cosas, uno va tuerto por la vía, y el otro, camina ciego.

Pero ambos, sin rumbo cierto.

Mientras tanto, en el país de los ciegos, el tuerto es el rey (para fortuna de los que somos irreductiblemente, chavistas).



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Orlando Lezama

Ex miembro del Cabildo Metropolitano de Caracas

 olezmar@gmail.com      @OrlandoLezama

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