La política es la continuación de la economía por otros medios

Podríamos decir, con el permiso de Clausewitz, que la guerra, la política y la economía son componentes centrales en el complejo que caracteriza la actividad de la humanidad, establece su dirección, su evolución. Los tres componentes se influyen mutuamente, se continúan, se entrelazan. Generalmente aparecen como actividades aisladas y dificultan así su entendimiento. La expresión dominante en un periodo histórico puede cambiar, aunque siempre estará presente el complejo.

Para entender qué pasa hoy en Venezuela debemos estudiar todo el complejo: ver a la política como una expresión de la economía, a cuáles intereses económicos representa. La guerra, ya sabemos, es la política por otros medios. Si nos quedamos en el análisis de estos componentes aislados estamos comerciando con el fracaso. Veamos.

La Economía: si en Venezuela hablamos de economía tenemos que hablar de petróleo, de PDVSA, lo demás es añadidura. ¿Cuáles intereses internacionales codician a PDVSA, al petrolero; y cómo se expresan en la lucha política? La Política desarrollada por el lumpen sindical tenía, con su vista corta, un requerimiento principal: acabar, aplastar a la posible disidencia, no tolera sombras, no soporta el brillo ajeno, esto explica el brutal ataque a PDVSA. La destrucción de la petrolera precipita una política desesperada de entrega del país a los buitres internacionales, gringos, rusos, chinos.

El complejo de la actividad social se resintió, perdió soporte y todo cambió: la política desesperada, fracasada, tiene que vender la patria al mejor postor para poder subsistir, tuvo que hacerse más represiva para contener el descontento. El tejido jurídico fue violentado, la institucionalidad estalló, se instauró una forma dictatorial. Entramos en un nuevo tipo de guerra, una guerra inédita, con víctima pero sin combates, hay millones de refugiados caminando por la América y el mundo. La economía pasa a ser una economía de guerra, el daño material y social equivale a un ataque atómico, el país está aletargado por el impacto, aquí sucede una inédita invasión, desde adentro, el ejército invasor vino de las entrañas de la sociedad.

Es necesario restituir el complejo, devolverle su equilibrio normal, esa es la batalla de estos días. Hay quienes piensan que el equilibrio viene por la política tradicional, que unas elecciones "libres" resolverán la calamidad. Hay quienes trabajan en una salida de fuerza donde otros pongan el riesgo. El lumpen se aferra al poder, se torna peligroso, miente y mata, mata y persigue, calumnia y manipula a la masa. Los dirigentes políticos acostumbrados a la mezquindad, carentes de altruismo, esperan la oportunidad para lucrar, no corren riesgo, se apuñalan unos a otros.

La solución reclama superar la idealidad de la cuarta república que aún domina la actividad política. A los políticos les es difícil salir de la comodidad de la democracia burguesa, les es negado inventar nuevas maneras de hacer política, se conforman con medrar en algún curul, sacarse la lotería de algún puesto donde puedan hacer negocio, ven la actividad política como una actividad económica capitalista, como pillaje, repiten lo ya sabido, no se salen del libreto. Por eso no van más allá de lo convencional, el diálogo, la convivencia, la anécdota barata, las candidaturas, las elecciones, no se meten para lo hondo, no corren riesgo.

Quizá sea verdad que en última instancia es la economía la que determine el rumbo social, aunque no se puede negar que es la política el escenario principal de la confrontación social. Si lo anterior es cierto, entonces, la solución no es una solución económica, es por sobre todo una solución política, espiritual, por allí comienza la recuperación del equilibrio, pero no hablamos de la política gastada de la cuarta, no con "las armas melladas de la democracia burguesa". La solución comenzará con un núcleo inédito, necesariamente pequeño, que se eleve sobre el lastre del pasado y en una acción original resuma su pensamiento y de esta manera propine a la masa el corrientazo que la despierte a nuevas visones, le confiera un nuevo sentido a la vida, señale nuevos rumbos y nuevos dirigentes.

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Toby Valderrama


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