El madurismo avergonzado reniega... del madurismo

En Venezuela ocurre un proceso político extraño, en el futuro será estudiado con atención en los grandes centros de la inteligencia mundial, y en ese estudio destacará un hecho que, quizá, más que político, es psiquiátrico.

Se trata de una corriente política en funciones de gobierno que reniega de sí misma, se avergüenza de ser lo que es, la culpa le pesa hasta el punto de negar su identidad. El madurismo niega su existencia. Es un caso policial, el victimario quiere confundirse con la víctima, el madurismo quiere hacerse pasar por lo que él mismo destruyó, quiere ser chavista al tiempo que destruye su legado. El fenómeno es, si se quiere, un sarcasmo: el madurismo destruye la esencia del pensamiento de Chávez, persigue a los chavistas verdaderos, acaba con los avances económicos, devuelve la propiedad social a los privados pero insiste en seguir aparentando ser lo que hace tiempo destruyó.

Los encoleriza que se hable de lo que en realidad son: una corriente capitalista que traicionó el intento socialista de Chávez, que ahora, instala, sin vergüenza ninguna, el capitalismo más salvaje de que se tenga noticias en esta tierra, de chavista no le queda nada, en la práctica lo pulverizan.

Pero ¿por qué este comportamiento despreciable del renegado, donde un victimario, el madurismo, se mimetiza en la víctima, el chavismo? La respuesta tiene dos aristas principales: una, se trata de la conveniencia política, es el disfraz de chavismo, del engaño a la masa lo que le proporciona apoyo, ese disfraz le proporciona fuerza. Esta respuesta es fácil entenderla, los oportunistas no tienen escrúpulos en aparentar cualquier cosa, mañana los podemos encontrar justificando una dictadura fascista. La segunda respuesta es más difícil, entra en un terreno de especialistas, se trata del comportamiento del renegado, que se avergüenza de serlo, y trata de expiar su culpa negando el crimen, disimulándolo, aparentando que la fuerza que sustituyó al chavismo no existe, que el sicario no existe, el madurismo no existe, por tanto, no existe el crimen, la traición. Aunque no compartimos la conducta del madurismo, aunque los comprendemos, la traición al padre es una carga muy pesada. Nos preguntamos cómo dormirán los que ayer junto al Comandante hablaban de Socialismo, y hoy hablan y actúan impulsando el capitalismo, con cuál medicamento podrán conciliar el sueño, con cuál cara se verán en el espejo.

La realidad es que la traición existió, y la fuerza que la realizó es el madurismo. El madurismo vive, y su existencia se muestra en el daño que le han hecho al país, está aquí, actúa y es todo lo contrario del chavismo, es su opuesto, su enemigo. Para sostener esta afirmación es suficiente revisar lo que ha destruido el madurismo, podemos empezar por PDVSA, la roja rojita, y seguiremos por la reversión de la propiedad social, el abandono de la organización social, y podemos resumir todo con el abandono de la lucha contra la lógica del capital. Sus voceros principales cambiaron al Socialismo por la democracia capitalista, ya les avergüenza hasta nombrarlo.

Y debe quedar muy claro, el desastre madurista no tiene nada que ver con Chávez.

El madurismo es una fuerza destinada a desaparecer, no la quieren ni en su casa, esa es una prueba de su aberración histórica.

¡CHÁVEZ NO ES MADURISTA!



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Toby Valderrama


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