“El muro de indiferencia” ¡Pero si no hablas duro!

Esto va sonar a lugar común, pero cuando una persona está pendiente solo de lo suyo, cuando su pensamiento y su mirada van dirigidos hacia dentro, es difícil que escuche otra cosa distinta a sus propias preocupaciones, y ellas andan dentro. La sordera y la ceguera en las personas sanas son comunes en las personas distraídas con sus propios asuntos. Es decir, aquellas personas así, cuando pareciera que están dirigiendo su atención a los demás no lo hacen, solo hacen como si lo hicieran. Eso es lo que ha pasado todo este tiempo con nuestros dirigentes. Es el caso de Nicolás Maduro cuando casi que mandó a callar, no lo dejó hablar, a un comunero diciendo que estaba "tirando flechas", un caso descarado, casi que un "acto fallido", que delata lo que es común en el presidente cuando habla en una acto público y promete algo, regaña a alguien, insulta a otro, o dice un disparate a los que nos tiene acostumbrado: no está concentrado, no está atento con el otro o los otros. Si hay algo o alguien que le interese le brilla la mirada y se desvive, se le nota lo atento que está siendo, como es el caso, también extremo, cuando atendía a los banqueros y saludaba de manera personal a algunos con afecto.

El "muro de la indiferencia" es egoísmo a ultranza. Escuchar es escuchar, supone que tú no sabes lo que el otro tiene que decir y no lo puedes interrumpir, y dos, se supone que te interesa saber que piensa. Elías Jaua dijo que el partido se ganó el derecho a elegir a sus jefes en este congreso del PSUV, esa es otra forma de suponer lo que los demás piensan. Es obvio que antes de las elecciones por cooptación (a deo), que según él los reglamentos del partido las prevén, muchas delegados quisieron disentir de esas elecciones a deo, pero, primero Chávez y la emergencia del momento, y luego, muerto Chávez otra y otra más, donde nadie, es seguro, que ni siquiera sabía que eso de la cooptación era legal. Pero muchos (incluyéndome) disentimos del sistema. Como de la expulsión de Héctor Navarro o Ana Elisa Osorio y cosas así. A esta dirigencia no les preocupa otra cosa que no sea salvar sus propios pellejos, sus reputaciones, sus patrimonios, sus ventajas y privilegios.

Alguien por ahí, creo que las enfermeras, retaron al presidente vivir con un sueldo mínimo integral ¿Alguno de ustedes cree que Maduro ha pensado, así sea por ociosidad, en esa posibilidad? Es que tampoco un insignificante director de una oficina pública con cargo 99 lo piensa ahora. Todos piensan cómo sostener los propios sueldos, sus rentas. Esto parece exagerado, pero es lo más humanamente posible que esté pasando, lo más miserable y bajo pero humano, que puede explicar con propiedad el gran "muro de la indiferencia" del cual habla Julio Escalona.

Todos nos hemos envilecidos, algunos más y otros menos, por la necesidad; hay que tener el espíritu de Jean Valjean para reconocerse un miserable y superar esta miseria, que es la misma de ahora. Pero Jean Valjean es un personaje de ficción, como lo fue Chávez en sus grandes momentos, o Bolívar. Así, como héroes los queremos ver o los preferimos ver, para no tener que hacer grandes sacrificios en uno mismo y por los demás.

Nuestros dirigentes están muy lejos de hacer grandes sacrificios por la gente y menos en ellos mismos, en nombre de sus reputaciones y dignidades. No solo los que están en el gobierno, que es más que evidente, sino muchos de aquellos que se dicen saber cómo frenar esta locura aniquiladora. Les cuesta asumir la grandeza de la ficción que nos inspira Bolívar, el Che o Chávez, aun sabiendo que fueron personajes reales, que lo ficticio que hay en ellos es precisamente los que nos inspira a imitarlos. Si recordáramos a Chávez en lo común y corriente que tuvo con nosotros nos burlaríamos y no reiríamos un rato, como lo hacemos cuando estamos echando vaina.

El "muro de la indiferencia" es lo más bajo a lo que hemos caído, lo llevamos todos por dentro. Ese hablar bajito, de decir las cosas con tanto respeto que confundimos a la gente o poniendo nuestras palabras de indignación en boca de otro para no comprometer nuestra lealtad al gobierno, forma parte del mismo miedo que sostiene a Ramírez congelado fuera del país, por más que se le ha dicho que venga o se mueva, o de otros que estando aquí se hacen los pendejos, como cazadores furtivos, como si ahora estamos para eso, para aprovechar oportunidades. Las oportunidades se hacen, no vienen del cielo, o del vuelo de una mariposa por más que este pueda traumatizar a todo el planeta. Lo peor es morir de mengua, sin pelear, sin proteínas, sin fuerza, lo peor es estar dormido cuando llegue la muerte y no morir en la batalla. Son cosas de ficción, pero ¿Quién no sueña con ser como Chávez o Bolívar? Ahora es el momento.



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Marcos Luna


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