Las marchas de antes y las de ahora dos modelos y dos visiones de país

Las marchas de antes tenían un destino muy corto, porque las terminaban a punta de plomo y peinilla y se correspondían con un modelo cultural en contra de las mayorías.

La gran diferencia entre las marchas actuales y las que se realizaban en el pasado -lo comentaba en la reciente marcha antimperialista- es que las del pasado no siempre recorrían grandes distancias, porque tenían un destino muy corto: Las terminaban a punta de chorros con agua, plomo y peinilla.

No es un secreto que cada una de ellas, las marchas de antes y las de ahora, se corresponden con un modelo de cultura; las de antes tenían que ver con el modelo de la democracia representativa, parecida a las que se hacen en algunos países como Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Guatemala, España (vean lo que ocurre ahora con la detención de altos funcionarios de Cataluña que quiere independizarse), Francia (no se puede dejar de pensar en los obreros franceses y la reforma a la ley Laboral que los afecta) y otras naciones conocidas y donde el hecho de marchar despierta la reacción de los gendarmes, sus macanas, chorros de agua y fusiles, quienes las esgrimen contra los ciudadanos, sean estudiantes o trabajadores, mujeres u hombres. La línea de principios que rige a las sociedades que medio funcionan en este modelo está basada en el manejo de los capitales, la explotación de los bienes y el sometimiento de los ciudadanos a un estilo de vida que ellos no eligieron.

El otro modelo es el de la democracia revolucionaria participativa y en la que los marchantes no tienen problemas y los efectivos policiales y/o militares lo que hacen es preservar la conducción del grueso de los conglomerados que forman las marchas y los que se van agregando a ellas. En ellas lo que abunda son las conversaciones positivas, las coloridas banderas, las canciones y bailes en un gigantesco y variado marco musical y es que quienes van en ellas, tienen un sentido de identidad con el país, una visión de grandeza y un aplauso a lo que se construye en una nación que por delante se fija las metas del bienestar de la mayoría de la población.

Los primeros buscan las marchas como un instrumento para guerrear, intentar tumbar desalojar de la Presidencia a los electos legítimos, apresar, eliminar, generar víctimas y dolor mientras los segundos (siempre me acuerdo de las marchas en la antigua Casa que vence las Sombras, es decir, la Universidad Central de Venezuela, UCV y sus compañeros de otras instituciones educativas, que marcharon siempre por una justicia verdadera tras las reivindicaciones necesarias como el cupo, el transporte, el comedor, en contra de la política del colchón, el autoritarismo, la real autonomía universitaria, en contra de la represión y la muerte de los líderes políticos de la izquierda como Livia Governeur, el profesor Lovera, Noel Rodríguez, Sergio Rodríguez, Jorge Rodríguez, Belinda Álvarez, los campesinos como los del Cañizo de Palo Quemao, en Yaracuy, los asesinatos de Yumare, El Amparo, Cantaura, el Caracazo, etc. Un modelo de la democracia representativa que nada tiene que ver con la vida de las personas, pues sus seguidores aman el maltrato y la eliminación.



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Pedro Estacio


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