El radicalismo y la perversión no son revolucionarios

Recientemente en Aporrea, un “opinador” dio a entender que me había convertido en prolífico articulista de prensa de “un tiempo para acá”, lo que quiere decir recientemente, y que era colaborador regular de Últimas Noticias, diario al que llamó el “periódico de oposición más serio”. Basta esta última afirmación para ver lo que tiene en la cabeza este radical pseudorrevolucionario, quien es incapaz de entender algo distinto de lo que considera como verdad imperturbable e inmutable. Con seguridad es un lector reciente, que sólo ha visto mis últimos escritos.

Para su conocimiento, soy articulista de opinión ininterrumpidamente desde 1988 y me inicié precisamente en Últimas Noticias. Desde entonces, he escrito en diarios como El Globo, Panorama, El Siglo, El Nacional, El Universal, El Informador, Sol de Margarita, El Guayanés, El Progreso de Ciudad Bolívar, El Norte, Sol de Maturín, El Bolivarense y una decena de otros diarios de la provincia; en La Razón desde hace unos 9 años, en VEA desde su nacimiento y en otros órganos de la prensa escrita como Hora Universitaria, la revista Debate Abierto, Tribuna Popular y SUMMA.

Tengo más de 2 mil artículos publicados y esta actividad me permitió, con casi total libertad, expresarme contra el puntofijismo y su corrupción, luchar al lado de los pobres, condenar la explotación capitalista y levantar la bandera del socialismo, prever la ocurrencia del 27 de febrero, defender las insurgencias del 4 de febrero y del 27 de noviembre, defender la revolución cubana y la nicaragüense, solidarizarme con todos los movimientos de liberación del mundo, enfrentar la política imperialista y la sionista, apoyar el movimiento liderizado por Hugo Chávez, así como tocar temas diversos y hacer proposiciones en educación, ciencias y tecnología, agricultura, petróleo y otros temas. Un libro publicado en 1995 recopila buena parte de esa actividad hasta ese momento.

Esa libertad para enfrentar a lo que luego se bautizó como cuarta república contrasta con la perversa proposición final del autor del escrito, quién llama a Aporrea y a los medios de la revolución a no dar espacio a “la derecha endógena”, pues pueden confundir con esa “literatura turbia”. ¿Qué les parece? Si la reencarnación existiera éste sería seguro un engendro de los inquisidores medievales, quienes con argumentos similares condenaron a media humanidad al obscurantismo. La revolución, participativa y protagónica debe, según este Porras más que Rodríguez, evitar toda crítica que evite desviaciones y distorsiones. Su diferencia con la canalla editora golpista favorece a estos últimos, pues muchos pudimos siendo ínfimas minorías escribir nuestros puntos de vistas en sus diarios, a pesar de estar contra sus intereses. Sería aterrador y la muerte del proceso no poder enfrentar energúmenos de esta calaña, partidarios de una dictadura donde sólo ellos y sus adláteres puedan expresarse.

Para establecer sus conclusiones, recurre a la defensa que hice del INE, dirigido por Elías Eljuri, al demostrar clara y contundentemente que no maquilla las cifras estadísticas, para favorecer al Gobierno. Presenté aquellos indicadores que se han deteriorado o no se han mejorado, como prueba irrefutable de la objetividad. Esa demostración es muy importante a pesar que no todos los cerebros lo comprendan, porque significa profundizar la credibilidad de las instituciones de la revolución, factor primario para la permanencia del proceso. Eso no lo entiende la simpleza intelectual del articulista en cuestión, quien concluye que “hay defensas que valen como ataques” y que esas defensas no se necesitan.

Toma también mi denuncia de cierta funcionaria, en la que utilicé un recurso literario que me ha valido una gran cantidad de felicitaciones de amigos, políticos y funcionarios incluso del alto gobierno. El problema es que el articulista desconoce el sector educativo superior y la discusión habida en su seno desde comienzos de 2005. No se debe escribir si se es ignorante. En el sector, nadie ha preguntado de quién se trata, por lo que en mi denuncia no hay anonimato y se conocen las responsabilidades individuales.

En forma calumniosa y perversa, este sujeto dice que salí de la OPSU “en medio de señalamientos públicos de corrupción”. Aquí ya alcanzamos niveles inaceptables. Él critica la existencia de denuncias sin denunciantes ni denunciados, por lo que no puede recurrir a ese subterfugio de “dejar caer” una afirmación vaga, sin autoría, para que haga todo el daño posible. ¿Cuáles fueron esos señalamientos? Precíselos de inmediato y cerciórese que no está echando mano de material apócrifo, incompleto o de hechos administrativos no comprobados, que no significan responsabilidad alguna. Tengo 62 años recién cumplidos, 45 de ellos de lucha revolucionaria, en situaciones y confrontaciones más peligrosas que las actuales, y no estoy dispuesto a permitir daños a patrimonios importantes en mi vida: La honestidad y la consecuencia revolucionaria.


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Luis Fuenmayor Toro


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