Un panorama incierto

El panorama mundial no puede ser más complejo y verdaderamente preocupante. Hablar del tema planetario desde la geopolítica, obliga a los especialistas del tema, a tomar en cuenta necesariamente,  el impacto de los recientes resultados electorales en Estados Unidos, la primera potencia mundial.

El triunfo de Donald Trump significa que los republicanos vuelven a controlar el poder en la nación baluarte del capitalismo mundial, y por lo tanto, las estrategias para mantener su predominio sobre los demás países, indiscutiblemente seguirán su curso inalterable, adaptando las decisiones a las situaciones concretas de las grandes regiones.

Varios son los elementos a considerar en este escenario. Uno de ellos, por ejemplo, es el proceso de paz que se desarrolla en la República de Colombia; otros, como la guerra en el medio Oriente en el caso de Siria, los precios del petróleo y el proceso de diálogo entre oposición y gobierno en Venezuela. Este último tema se vincula con la inherencia de instituciones estadounidenses financiadoras de partidos opositores en nuestro país y el decreto emitido en el año 2009 por Presidente Barack Obama, declarando a Venezuela una “amenaza inusual y extraordinaria para las políticas externas de los Estados Unidos”.

Lo más sensato en las primeras medidas a tomar internacionalmente, debe ser la derogatoria de ese decreto que pone en peligro la integridad territorial venezolana y abre las puertas a una intervención militar en esta nación. Es probable que si Trump mantiene la vigencia del decreto, entonces, la idea de invadir a nuestro país siga siendo una posibilidad.

Las expectativas para Latinoamérica son de pronóstico reservado, pues el discurso utilizado en la campaña electoral por el presidente electo de Estados Unidos fue contundente, no solo por sus controversiales y segregacionistas propuestas para  los inmigrantes ilegales y el muro en la frontera con  México, sino  también por su retórica extremista para tratar asuntos de interés político en este lado del continente. Sin duda, hay un verbo intervencionista en el discurso de Trump, que a su vez contrasta con sus afirmaciones de que acabará con la inherencia de esa potencia en el derrocamiento de gobiernos para dedicar tiempo suficiente a los problemas internos de su propio país. Por ahora, el panorama luce repleto de incertidumbres.

En todo caso, la realidad indicará hacia dónde y cómo encaminará el nuevo Presidente gringo sus medidas en las relaciones internacionales. La geopolítica está inmersa en todo lo que tiene que ver con la presencia de cualquier gobierno, de la tendencia que sea, en los Estados Unidos. Esto es una verdad suficientemente manejada y conocida en la opinión pública planetaria.

Ahora bien, la marcha de la política venezolana estará enmarcada en la relación y acuerdos entre gobierno y oposición. Si los temas y propuestas puntuales no se dilucidan en consenso, y si no se establecen desenlaces satisfactorios para ambos sectores, entonces Venezuela estará lejos de una solución en el marco de la paz y el conflicto se agudizará.

Todos esperamos las mejores intenciones del gobierno y la oposición para encontrar ideas comunes en las conversaciones que permitan hacer del diálogo, una herramienta útil para saldar cuentas sin perjudicar a un pueblo que exige soluciones a corto plazo para superar el asfixiante problema económico, la inflación abrumadora, la especulación, escasez y la inseguridad.
 
La lucha por el poder, entre el gobierno y la oposición, se diluye en medir sus fuerzas, en resguardar sus propios intereses y parece obviar que las mayorías populares sufren las consecuencias de un país sumido en la improductividad y el rentismo petrolero.



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Orlando Balbás

Prof. en Ciencias Sociales. Magister en gerencia educativa. Jubilado del MPPE.

 orlandobalbas27@gmail.com      @orlandobalbas

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