¡Patria con hambre no dura!

           En mis tiempos de juventud, recién salidos de la adolescencia,  tiempos de la guerra fría y los bloques pro norteamericanos y pro soviéticos, solíamos ser, quizás por eso mismo, la poca edad y experiencia, sumamente radicales. Se era agente comunista o de la CIA. Así de fácil, por discrepar de la línea, que parecía como demasiado recta, rígida y exigente.

            Cuando alguien emitía un juicio en medio de una discusión, de paso entre amigos, compañeros de aula, hasta sobre un tema que antes se estuvo debatiendo en ella, cualquiera saltaba y apostrofaba a quien antes había opinado:

             -“Lo que pasa es tu eres un agente…” y a la frase se le agregaba la connotación respectiva, la del gusto del hablante.

            De esa manera tan poco inteligente, amigable y nada útil para llegar a un verdadero conocimiento del asunto en discusión, si bueno para dejar oscuro lo que estaba oscuro y además generar distanciamientos e indisposiciones, se terminaba lo que podía ser una buena conversación. Hasta servía para hacer que de una buena amistad, esas frecuentes entre jóvenes que pueden funcionar toda la vida, se acabase por aquella imprudencia habitual, aquel gesto hosco y nada inteligente. Es más, aun habiendo posibilidades para cualquier acercamiento o síntesis del gusto de todos para tomar una acción, aquel gesto rompía con todas ellas o capacidad creativa que acompaña al humano.

            Por supuesto, hoy no son extrañas escenas como esas, sobre todo cuando eso que llaman la polarización ha conducido al venezolano a expresarse de manera imprudente, sin importar el público o el espacio, momento, movido por la insensatez, rabia derivada de las dificultades y un aprendizaje indebido inducido desde los diferentes espacios, donde quienes dirigen, de lado y lado, dirimen sus controversias en aquel estilo.

            Siempre he dicho que la política es una ciencia y hasta como dicen muchos, un arte, porque de eso hay, como lo relativo al histrionismo y el de manejarse con la gente y manejar las ideas, pero que por asuntos de la cotidianidad, es inherente a todos los seres humanos. Estos se sienten y están obligados a participar en la política, porque ella tiene que ver con sus vidas y este asunto no se lo pueden dejar a las élites, económicas e intelectuales. Pero esto suele generar un enredo y serias dificultades, cuando cada uno o grupo opta por decidir sus acciones en función de una idea o propuesta general. Cada quien se siente con derecho, que lo tiene, y supuesta capacidad para intervenir en cualquier debate por complicado que parezca. El estilo o sentido es fácil; se procura llevarlo siempre al terreno de uno, al agua, siendo uno pez, para que el otro se ahogue. En estas circunstancias, si no media la prudencia, cordura o sensatez, suelen producirse reventones y hasta “mentaderas” de madre.

            Tratemos de ser más específico sobre lo que venimos tratando. Hace cosa de minutos, vi una fotografía donde un pequeño grupo de opositores, atravesados en lo que parece una autopista o avenida muy amplia, despliega una pancarta con el siguiente texto:

             “Patria con hambre no dura”.

            En un momento de su gestión, como las relativas a la política petrolera, entendiendo estas como las destinadas a poner bajo el control del estado venezolano los procesos de exploración, extracción y distribución de los hidrocarburos, el presidente Chávez con emoción dijo:

           “Ahora tenemos patria”.

            Fue una manera de decir, quizás demasiado románticamente, pero llena del mejor deseo y buena fe, que habíamos dado un paso importante para la verdadera independencia. Como lo fueron, antes que él, la Nacionalización de la industria petrolera y la creación de la OPEP.

             A partir de aquello, a lo largo del país, de manera que uno, si pecase de ingenuo o insensato, pudiera pensar, se desató una campaña como irracional contra el concepto de patria; que si lo es calculadamente despreciativa.

            No hay duda que los diseñadores de la campaña fueron hábiles, hasta lujuriosos, lograron que la insatisfacción opositora y hasta de aquellos que simplemente están angustiados por la situación económica, razonen y se expresen como si el estado de cosas que confrontamos todos, no fuesen responsabilidad de los agentes políticos y económicos, internos y externos, sino de la patria. ¡La patria es mala o es malo tener patria! Así parecen razonar algunos grupos, que son bastantes, en el lado opositor. Y eso es grave. Muy grave. Peor que no tener comida ahora.

            Entonces, tener una patria es malo. A ella se debe que los productos alimenticios estén escasos y en exceso caros. Ella es culpable de los índices de inseguridad y deficiencias de los servicios. Los corruptos, de lado y lado, porque ellos trabajan en llave, aunque se vistan de colores diferentes, hacen sus “malonerías” porque tenemos o intentamos tener una patria. Algo así como que por el sólo hecho de tener una madre somos víctimas de todo accidente o calamidad  con que nos afecte la vida. Sería mejor entonces no tener madre. Dios, si eso es así, algún desacierto cometió.

            Entonces, siendo así, tan focalizado el asunto, tan de simple, la solución  es igual, como un exclamar ¡Ábrete sésamo! Con eso basta. Entonces tomemos cada uno un palo de escoba y golpe y golpe con la piñata hasta que, de la vasija hecha añicos, salga y caiga al suelo y muera por el golpe, la patria.

            Los verdaderos malones, los estrategas de quienes no les interesa que tengamos patria para volvernos una colonia, con todo lo que eso implica, han logrado que el pueblo o parte de él, vea una contradicción entre su bienestar y el futuro de los suyos y la bella aspiración de tener patria. Si el gobierno, según su opinión, respetable por cierto, lo hace mal, daña sus aspiraciones de vida, no es por él mismo, sino por habernos atrevido a soñar con tener una patria. De esa manera, los malones, entre estos quienes habiendo nacido en este país, este no les importa con tal que ganen cada día más, ganan para sus fines neocoloniales a grandes masas, incluyendo pobres que lo son y lo seguirán siendo por falta de soberanía. Pues por falta de esta, vivimos de la renta; por la disminución de esta, sufrimos las calamidades de ahora.

            “¡No hay comida, pero tenemos patria!”, dicen con ironía e irónicamente  los carteles y gente humilde en las colas. Como si ambas cosas fuesen excluyentes. Es decir, para ellos pareciera ser pertinente que para comer y “el buen vivir”, hay que enajenar la patria, renunciar al patriotismo y entregar nuestros derechos soberanos al mejor postor. A este, sin analizar las cifras, “al rompe”, le ven entre los capitalistas y la gran empresa gringa.

            Es decir, ahora hay miles de venezolanos razonando justamente de la misma manera que aquellos que condenaron a los libertadores, a los del 19 de abril de 1810 y 5 de julio de 1811, por sus acciones para que naciese la patria. Las dificultades que aquello trajo les hicieron creer que sus problemas se resolvían volviendo al redil de la corona española.

           Lo más triste es que mientras uno ve con dolor como suma gente la consigna, más se atreven a exhibirla y agitarla, los patriotas parecieran desmoralizados y faltos de responder con racionalidad. Más parecen, como nosotros en los finales de la adolescencia, predispuestos a apostrofar y calificar indelicadamente para sólo lograr que esa negativa, triste manera de pensar de unas cuantas personas buenas aunque opositoras, pero manipulados ingeniosamente por los malones, más se empecinen en la idea.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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