Un regalo de Navidad: el espíritu comunista

¡Si dejáramos por un instante los chismes!. Cantemos la salvación de nuestra especie. Pidamos por el redentor que duerme el sueño de los tontos en nuestros corazones, agobiados de tanta confusión, de tanta oscuridad. Apuesto por educarnos; apuesto por escuchar la palabra de los padres libertadores...

"El comunismo no es una fase superior: para mí no es otra cosa que la realización particular y solidaria, incluso unilateral, del principio socialista, es una práctica, inclusive, la superación emocional de la mezquindad del otro; y en el extremo, los utopistas que dejan para mañana a la Comuna, es decir, lo que se puede hacer hoy, de manera que el comunismo no es ni programa ni estrategia, es práctica, es táctica, es tarea inmediata que organiza desde hoy las formas de vivir del mañana, el movimiento actual de lo real, una suerte de programa mínimo, modelo material de la teoría, que se puede llevar a cabo si dejamos de lado el cálculo personal siempre mezquino"

El socialismo es una estrategia política, es una carga teórica, un objetivo que incluye: prepararnos como verdaderos comunistas. Cuando Marx dice que el comunismo es táctica habla de práctica revolucionaria, pensada y realizada desde la conciencia comunista. Es así que Socialismo es estrategia política, idea, teoría que nos orienta y que vamos conquistando porque se basa en principios morales de justicia e igualdad, de solidaridad, de amor, de honestidad, de vivir lo más cerca posible de la verdad que nos forma la consciencia que son principios inalterables y que deben escoltar al comunista en su hacer cotidiano.

El comunismo es una condición de vida. Se es comunista como se ejerce un apostolado. Es un estado de consciencia, de CONTROL de nuestra conducta moral, comunista. Y un comunista es un idealista, un hombre de fe y sobre todo un hombre racional, la máxima expresión del humanismo.

El comunismo, como forma social material es la reconciliación definitiva de una expresión teórica de la vida con la vida misma. Es por eso que el mismo Marx dice que no una fase superior; es práctica revolucionaria.

Marx les habla a los teóricos, a los líderes, a la vanguardia que tanto odian los anarquistas sumidos en un asambleísmo "anárquico". La vanguardia revolucionaria es aquella que se sacrifica delante, primero por y para la revolución. Está obligada fortalecer sus principios, a hacer de ellos la razón de vida, lo que no es poca cosa desde el punto de vista existencial. Existimos por tener que cumplir algún propósito. Y el de comunista es ser justo, solidario, honesto y hablar siempre con la verdad, donde sea que esta se encuentre.

Por eso digo que, revolución no puede ser una palabra vacía. Revolución no puede ser una puta manida que se vende en el mercado de la demagogia. ¡Revolución! se cargó de significado con la historia, hasta los niveles exuberantes de la revolución socialista cubana.

"Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender los valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo".

Dice Fidel. Revolución, y atendiendo a lo dicho por Marx más arriba, es esa reconciliación del hombre con sus anhelos más elevados, más racionales, más trascendentes, más humanos.

La revolución desmiente al capitalismo en todas sus formas sociales, lingüísticas, psicológicas, científicas, filosóficas, espirituales en general. La revolución es un alambique que destila el licor del entusiasmo por la vida. Dejando las cascaras, las impurezas más duras, imposible de degradar, en un cedazo.

Es ridículo pensar que la Humanidad dude, por un momento si quiera, en perpetuar la vida, y sobre todo, la vida humana. Que no sea solícita en primera instancia a eso, que no se avoque a esa tarea.

Por eso digo que, socialismo es Humanidad. Nadie ni nada está en este mundo por encima de la humanidad. Todo lo que existe y conocemos es producto del hombre, es humano. No existe una verdad fuera de la humanidad, anterior a ella, extraterrestre, divina. ¡Todo lo más bellos, todo lo más noble, todo lo más sagrado ha sido creación del Hombre!

¡Que el capitalismo no nos engañe! Que el capitalismo no nos engañe: por eso dio su vida Carlos Marx. Y su esfuerzo fue tan fértil, tan inteligente, que hoy recuperamos su sabiduría cada vez que necesitamos de ella, con tanta frescura como podemos cosechar del lecho de un arrollo un manojo de berros.

Que el capitalismo no nos engañe. Que está hecho de esas cascaras, de esos desechos que quedan luego de destilar lo más puro de la revolución. De máscaras, de engaños, de ignorancia; de trampas, de falsas ilusiones, de mezquindad y desprecio por la vida. ¿Burgueses buenos? ¿Conocen alguno que se haya arrepentido de su arrogancia, de su orgullo, desprecio e indiferencia? … El Ebenezer Scrooge de Dickens, que se redime de su mezquindad e indiferencia por la fuerza de unos fantasmas… ¡Puros deseos burgueses!

Buenos deseos de navidad. Pero no vale que un rico se redima, para que redima a toda la humanidad de la maldad. Es una tarea del día a día, hecha por la razón humana, las convicciones, los principios de solidaridad, de respeto por la vida, es un reto a vencer la muerte. No la muerte física, particular, inevitable, biológica. Se trata de vencer la muerte espiritual, cultural, vencer la muerte de nuestra herencia, que no es poca cosa.

En época de la natividad del redentor les regalo una reflexión y la inmensidad del espíritu comunista que me inspira a hacer lo correcto.

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Héctor Baíz

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