Roberto Malaver y la conciencia limpia

Cuando tenemos sucia la conciencia, ¡que nadie ni nada nos perturbe, cambiando nuestra rutina diaria!. Para eso respetamos las normas y toda autoridad oficial Nos acostamos temprano y salimos a la calle de día para vernos con los amigos. Y no tomamos alcohol barato pero nunca nos embriagamos. Cuando tenemos sucia la conciencia reprimimos toda clase de vicios, de pecados y arrepentimientos. Por compensación buscamos vivir en paz con el estado, sus autoridades, y con nuestra comunidad, y si es posible, con el resto de la sociedad. Por eso no salimos de noche a la calle, y menos solos y a pie. Cuando tenemos sucia la conciencia somos prudentes, no sea que los amigos nos llamen locos desadaptados, pobres o depravados.

Mi amiga Diana "Palmer" Ovalles contó una vez que en plena av. urdaneta, un loco sin camisa, turbado, se enfrentó a un carro en plena vía golpeando el capote gritando "¡Marditos, no me adarto, no me adarto!". Eso nos sirve de ejemplo de uno de los riesgos que corren aquellos que buscan la paz con la conciencia sucia, cuando se enfrentan a sus demonios. Otros son, la cárcel, el desprecio, el aislamiento de la soledad como quien está infectado de viruelas. Ir hacia delante con dignidad contra corriente de la sociedad y del poder establecido, es un riesgo humano de vida legítimo, natural, es la conquista de la paz en la acción, en las prácticas de vida, la paz moral. Sin moral, sin paz práctica, no hay paz. El ladrón que se arrepiente no tiene paz en su conciencia, igual pasa con el honrado que se arrepiente de su honradez por un honesto cobarde.

Una de las sentencias más amoral y cínica que me haya molestado de un intelectual venezolano se la leí a Ipsem Martinez: "el miedo es libre" refiriéndose más bien al ser miedoso o cobarde, para confesar un acto de cobardía. Algunos creen que solo basta con confesar una mala acción para ser redimido, absuelto por el juicio de la sociedad que teme. La mejor excusa para no contrariar al jefe, al poder, las leyes y las normas que consideramos injustas, para ser un pusilánime, usándose como rasero ético de sus lectores, de sus fans. Prefiero a Chávez como modelo moral. Donde sea que se encuentre el carácter es preferible a la carencia o apariencia de él, al oportunismo, al pragmatismo, al individuo voluble, pusilánime. En ese grupo se encuentran mis enemigos, mis verdaderos demonios personales, mis verdaderos enemigos, los que combato en mis prácticas de vida, cada día, con bastante dificultad.

La paz verdadera es moral, se conquista en las prácticas de vida, confrontando dificultades, superando obstáculos, perseverando con constancia, hasta donde nos sea posible. La verdadera paz supone vivir en una constante confrontación y concierto, de forma dialéctica, como dicen los verdaderos marxistas. La otra paz, la que promueve el gobierno de Delcy y el gobierno gringo es la paz de los esclavos, disociados de sus propios intereses de clase o intereses personales.

Hay muchos, después del 3E y antes, que hoy cargan como lastre la conciencia sucia, y muchos otros con la "mala conciencia" o falsa conciencia de los aspirantes a ser ricos, que definen a la pequeña burguesía, la sociedad que sirve de sustento a la competencia y la confrontación social, del todos contra todos del liberalismo burgués, y que se oponen con furia a toda clase de protesta o rebeldía perturbadora de la paz boba, la sociedad disociada que hasta ahora ha dado sustento a la sociedad capitalista, tonta y manipulable.

Este lenguaje personalmente me parece repugnante, pero lamentablemente ahora no puedo ser más plástico, más descriptivo, más metafórico. Ojalá lo hiciera Roberto Malever, que sí sabe escribir.



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Héctor Baiz

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