Socialdemocracia es Capitalismo (II)

 

“La revolución… debe dejar que los muertos entierren a sus muertos” C  Marx.

“El carácter peculiar  de la socialdemocracia consiste en exigir instituciones democrático-republicanas, no para abolir a la par los dos extremos, capital y trabajo asalariado, sino para atenuar su antítesis y convertirla en armonía” (C. Marx). Se puede demostrar que  donde esté  “la mano peluda” de los socialdemócratas, los  intento revolucionario están condenados al fracaso.  Hoy el peligro es mayor; al no eliminar las contradicciones estructurales del sistema capitalista, sino apaciguarlas, en la medida en que sus contradicciones se agudizan y  los problemas crecen,  los pueblos sin dirección clara y correcta  pueden tomar el camino más  instintivo  y conservador: el fascismo.  

La democracia que quieren los socialdemócratas no es otra que la democracia burguesa, la misma que defiende y reproduce los valores del capital. Estos adaptados   le tienen miedo a una verdadera revolución  pero saben ocultar sus temores con frases esperanzadoras, han aprendido de sus amos como se puede engañar al pueblo. Se autocalifican de defensores del pueblo para el pueblo y por el pueblo.  ¿Cuánto tiempo durará el teatro?     

La paz con plusvalía,  la paz con lucha de clases,  la paz  promotora de injusticias, la paz reformista  y  conciliadora, es una paz  pobre,  endeble, condenada al fracaso. Sólo la paz sin antagonismos es duradera. La querella de Bolívar retumba por doquiera: ¿“Doscientos años de calma  no bastan?”.   ¿En un país, donde más del 60% del PIB va a parar a manos privadas,  “el orden, la paz y el progreso” es para quienes?  ¿El orden burgués es o no un orden de explotación?  ¿El progreso industrial genera o no plusvalía?  ¿El crecimiento de la riqueza  produce o no el crecimiento de la pobreza?  ¿Qué socialismo es este que hace crecer la participación privada con el dinero de la  hacienda pública? Los pobres trabajan y producen mercancías  pero no son sus dueños. Sin los pobres no hay ricos.  Son clases e intereses opuestos que la socialdemocracia pretende conciliar. He aquí el orden por el que luchan los socialdemócratas.

“El Gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa” (Manifiesto….). Los socialdemócratas son apasionadamente electoreros, saben cuánto se puede controlar desde estas instancias. Si el pueblo verdaderamente pudiera elegir sus propios espacios de poder, los socialdemócratas caerían en picada.  “La condición de existencia del capital es el trabajo asalariado” (C. Marx). Esto lo garantiza el Estado burgués, el mismo que los socialdemócratas tanto defienden.  Saben muy bien  que: “Las ideas dominantes de cualquier época… son las ideas de la clase dominante” (C. Marx).  La democracia burgués  es  la legitimación del capital. Por muy revolucionario que aparenten serlo, los socialdemócratas  defienden en verdad  a los enemigos históricos de la clase trabajadora.

Para   1891  el Partido Socialdemócrata  Alemán, nacido al calor de las luchas de la  clase trabajadora (1875),  era un abierto defensor  del sistema capitalista. El revisionismo de los textos marxistas, llevó a la deformación de su contenido  hasta colocarlos tal cual Lecho de Procustro;  al molde que le interesa a los socialdemócratas.  No se trata de vitalizar el dogmatismo ni el manualismo pues el marxismo está en permanente rejuvenecimiento, se trata de denunciar y enfrentar la mentira  y la perversión de estos fingidores   que hablan en nombre de la revolución y la traicionan.  El   evolucionismo  histórico,  la negación de la teoría del valor en particular de la plusvalía,  el cuestionamiento a la “depauperación” de la clase trabajadora,  la potenciación de la vía electoral  con la negación de la lucha de clases,  la aceptación natural del Estado burgués, la existencia de clases sociales como necesidad,  la promoción de la planificación capitalista, colocan con toda claridad a la teoría socialdemócrata como defensora del sistema capitalista. Desde su fundación  los partidos socialdemócratas se han mostrado claros defensores de este modelo explotador. Ante la imposibilidad de poder superar las contradicciones insolubles del capital  los socialdemócratas proponen falacias reformistas,  logrando apenas correr la verruga.

Marx fue  un crítico severo del Programa de Gotha (1875).  (Carta de Marx a su amigo Bracke del 5 de mayo de 1875), donde condena el oportunismo y el falso “progresismo”  de sus promotores. Lo tipificó como  “un programa desmoralizador para el partido”,  rechazando la idea de  que en el capitalismo  “el fruto del trabajo perteneciera a la sociedad”,   aclarando que este  “fruto” es  para  una parte de ella. Destacó la necesidad  que los medios de trabajo sean propiedad colectiva  de  quienes  laboran con ellos.  Señaló, que las relaciones jurídicas  surgen de las relaciones económicas, y no al revés como lo veían  los socialdemócratas.   Destaca que la lucha política de los trabajadores debe estar orientada a destruir el Estado burgués, no a gobernar con él, la necesidad de   implementar   una Dictadura del Proletariado  como La Comuna de París, que deba conducir al socialismo-comunismo. El primero como teoría y el segundo como práctica, los dos aplicados al unísono. Años más tarde  Lenin aclarará el criterio de “Dictadura del Proletariado”, al referirse a un gobierno del pueblo. Lenin escribió el libro ¿Quiénes son los “amigos del pueblo” y cómo luchan contra los socialdemócratas?, (lectura que recomiendo) en su lucha contra los contrabandos teóricos de los socialdemócratas,  a quienes más tarde Althusser llamaría creadores de un “proceso sin sujeto”. Son los mismos mimetizados de revolucionarios, que difunden la falsa existencia de una burguesía  liberadora.  Ciertamente a la necesaria producción material debemos incorporarle la comprometida y revolucionaria organización social. No es suficiente contentarnos con la propiedad comunal, es necesario destruir la privada. 

 En Europa  el sistema parlamentario fue cobrando fuerza  por la propagación de los socialdemócratas. Estaban entusiasmados por sus éxitos electorales. Negadores de la luchas de clase,  impulsaron  el economicismo en el seno de la clase trabajadora  y el sindicalismo  revolucionario rodó por estos despeñaderos. Mintieron al asegurar que   los monopolios  eran  el preludio de la  socialización de la producción. Falsearon la historia cuando afirmaron que las crisis periódicas del capitalismo irían  desapareciendo,  y que la clase obrera llegaría al poder por la vía de las reformas, enfatizan que la  burocratización y las élites son una necesidad, en fin  los partidos socialdemócratas han devenido en defensores del sistema capitalista, siempre ocultándose bajo el manto de “revolucionarios”. Larga es la lista de intentos liberadores,  derrotados   por seguir las propuestas socialdemócratas.

En 1891, en el Congreso Obrero de Erfurt, se potenció las Tesis reformistas, evolucionista,  cientificista  y  positivista de la socialdemocracia.  Las categorias progreso y desarrollo  que lo son  del capitalismo, se usaron para engañar a la clase trabajadora, postergando el presente por una presunta esperanza justiciera  futura.   Otro  contrabando fue el cooperativismo y la cogestión  que sirvieron a la recuperación del capitalismo alemán.  De modo abierto o encubierto  los “camaradas” socialdemócratas, nos proponen  socialismo sin revolución.  Estas “reformas”, terminan por imponerse  en el seno  de “la izquierda” mundial, en particular en los Partidos Comunistas. Quedamos,  “ebrios de terribles esperanzas” Arthur Rimbaud. En definitiva  el  poder  lo  es  popular o lo  es de élites.

La abundancia de la pobreza y la concentración de la riqueza  están en permanente forcejeo. El capital usará estratagemas para desarticular,  confundir, o aplastar a sus opuestos.  “La libertad  es  previa a la liberación” acotó  Marcuse. Precisamente allí en el Estado-Nación es donde bullen todas estas contradicciones, él ha sido creado para institucionalizar los controles. Es ingenuo pensar y creer  que la revolución socialista saldrá del seno de las  instituciones del Estado burgués. La esencia de este Estado es contrarrevolucionaria. El Poder Popular creador de la revolución socialista  surgirá desde su topofilia;  desde su realidad más inmediata. Alertamos, ¿cuidado si en la reunión Presidencial de Panamá el próximo 10 de abril, Obama  le “tuerce el brazo” a unos cuantos Presidentes  de la región? Los imperialistas  necesitan desmantelar los mecanismos de unidad continental nuestros. (Continuará  el próximo sábado).

JESUS  M  VIVAS  HISTORIADOR   PROFESOR UNIVERSITARIO.

jesusm_vivas@hotmail.com



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Jesús M. Vivas

Profesor Universitario con 45 años de servicio docente. PhD en Historia, egresado de la Universidad Complutense de Madrid. Más de 700 Artículos publicados a nivel nacional e internacional, mas de 60 años en la lucha revolucionaria, soy Jesus "Chucho" Vivas

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