La plusvalía como canon de arrendamiento. Especial para el Ministro Jesse Chacón (MPPEE)

De entrada: En Venezuela, se observa un mal uso electroenergético que se estaría aplicando como sabotaje coyuntural encima de que una parte de su consumo empresarial ha sido y es un falso costo de producción[2].

Por ejemplo, las depreciaciones de maquinarias y algunos cánones de arrendamiento de muebles e inmuebles son costos realizados en favor del empresario que deberían cargarse a las ganancias, dejar para que la empresa las deduzca de ellas, y no cargárselas a la clientela consumidora, porque no son costos de la empresa como tampoco lo son parte del personal de confianza que no le sirve a ella, sino a los capitalistas dueños de la empresa del caso[3].

Obsérvese que el sedentarismo productivo fue viable con la apropiación privada de la tierra[4]. Hasta entonces, la demanda se reducía a la libre recolección de una oferta silvestre sin más limitaciones que la acción "fisiocrática" marcada por ciclos biológicos que han trascendido hasta nuestros días[5], salvedad hecha de las perturbaciones contemporáneas provocadas por el mal uso capitalista de nuestros recursos naturales[6].

Así, instaurada la propiedad privada sobre la tierra y la de sus derivados productivos más relevantes, todos convertidos en mercancías, entonces el ejercicio de los derechos democráticos ha regido sólo en favor de la clase dominante, sea este esclavista, feudal y actualmente capitalista desfalleciente.

Pero, en paralelo, el populismo democrático usado por la clase privilegiada, hace que los derechos democráticos parecieran ser practicable por burgueses y proletarios, por agentes de todo tipo de nacionalidades, de religiones, etnias y hasta condiciones sociales.

Entre las variantes del canon de arrendamiento, vemos que, por ejemplo, durante el feudalismo había que pagar cánones de tránsito en alcabalas colocadas a entradas y salidas de todos los feudos[7].

La servidumbre predial ha trascendido hasta nosotros. Actualmente, con este canon se castiga a la Bolivia mediterránea desde que fue expropiado por Chile.

Desde hace varios siglos, así fue como los burgueses metidos a fabricantes capitalistas terminaron "recibiendo" de los asalariados una subrepticia plusvalía por el uso temporal de los medios de producción con los cuales pueden crear riqueza salarial suficiente para envolver con ella su sobrevivencia y el enriquecimiento del burgués.

Plusvalía sería la denominación marxiana del canon de arrendamiento de locales y otros medios de producción de los que carece todo proletario pobre luego de la larga expropiación de la que fueron objeto sus antecesores del Medioevo Tardío, desde cuando les arrancaron hasta las palas y escardillas.

Por ahora y hasta ahora se ha manejado sin mayores protestas eficaces la idea de canon de arrendamiento sobre la tierra y sobre inmuebles como vivienda, galpones y afines, y convenientemente la idea del arrendamiento dentro de las empresas burguesas se ha referido siempre a los medios de producción artificiales como las maquinarias y equipos que el empresario fabricante alquila y reconoce un tipo de alquiler mutuamente convenido entre arrendador y arrendatario.

Bien, ante la negativa obstinada de los capitalistas y de sus apologistas para reconocer que las ganancias provienen de la plusvalía, arrancada a los asalariados luego de la apropiación indebida de la tierra, principalmente la agrícola, pudiérase inferir que el capitalista le cobra un canon de arrendamiento a sus trabajadores asalariados; explotación burguesa harto demostrada por Carlos Marx, pero que obstinada e interesadamente ha sido negada por los apologistas del burguesismo.

 


[1] Otro capítulo de mi Suplemento I de Praxis de El Capital a tiro de imprenta.

[2] Véase: http://www.aporrea.org/ideologia/a198999.html . No sólo son costes falsos las depreciaciones en cuanto a medios de trabajo, sino la energía eléctrica que mueve las máquinas con inclusión de las procesadoras de las materias primas porque ese consumo tampoco se integra como valor de costo de producción para ser trasladado al consumidor. Son costes del empresario y no de la empresa. También resultan costes falsos la electricidad que alumbra los talleres diurnos y nocturnos, así como las oficinas y electrónicos contables: calculadoras, fotocopiadoras, y dispositivos afines. Estos cargos ameritan ser reconsiderados como capital ya que, más bien, son costos falsos en que incurre el capitalista para explotar mejor y más intensivamente a sus asalariados. Se entiende que para un Estado en vísperas de socialización plena podría tolerarse aún la extracción de plusvalía, pero transicionalmente es aconsejable ajustarla a su mínima expresión posible.

[3] Véase el vínculo ya citado.

[4] La recolección de frutos, animales y otros bienes silvestres no pasa de moda, pero, la comercialización y capitalización de la oferta bajo régimen de propiedad privada de la tierra y demás medios de producción impulsó la conversión en mercancías ajenas de toda la producción "fisiocrática".

[5] En las regiones tropicales, seguimos esperando y usando el diario calor solar para el secado de ropas y otros tejidos; el aplanchado de ellas y ellos responde aún a una suerte de uso suntuario de nuestra vestimenta. Curiosamente, hoy los comerciantes del vestido-textileros e intermediarios-ofrecen prendas de vestir de tejido sintético con diseños arrugados listos para usarlas sin aplanchado alguno. Gustosamente, ofrecería algunas ideas economizadoras de energía eléctrica artificial al distinguido y apreciado Ministro Jesse Chacón, ideas que por razones obvias no resulta conveniente tratarlas abiertamente por este medio.

[6] Es oportuno pasearnos por la necesaria convicción de que los recursos del planeta son propiedad colectiva de todos sus habitantes; que la territorialidad parcelada ha sido un efecto de la indebida apropiación privada de la tierra y sus derivados productivos.

[7] Cervantes recogió una de esas alcabalas situadas a la salida de un puente que servía de acceso a la española ciudad feudal del caso. En esta referencia se plantea una interesante paradoja resuelta brillantemente por Sancho Panza. Véase Cap. LI.



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Manuel C. Martínez


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