Desgaste de la hegemonía intelectual y moral de la Revolución Bolivariana


“La supremacía de un grupo social se manifiesta de dos modos, como ‘dominio’ y como ‘dirección intelectual y moral’. Un grupo social es dominante respecto de los grupos adversarios que tiende a "liquidar" o a someter incluso con la fuerza armada, y es dirigente de los grupos afines o aliados. Un grupo social puede y hasta tiene que ser dirigente ya antes de conquistar el poder gubernativo (ésta es una de las condiciones principales para la conquista del poder); luego, cuando ejerce el poder y aunque lo tenga firmemente en las manos, se hace dominante, pero tiene que seguir siendo también ‘dirigente’. “

Antonio Gramsci

El grupo social que se encuentra a la cabeza de una revolución no se limita a gobernar, a “dominar” con la fuerza del aparato del Estado, sino que también “dirige” intelectualmente. Sus ideas, su forma de concebir la sociedad, son compartidas por la gran masa de la población. Esta sabia conclusión la realizó Antonio Gramsci hace 80 años y es algo que debemos tener muy presente en este proceso de transformaciones que se ha abierto en Venezuela desde el 27 de febrero de 1989.

La democracia burguesa venezolana se impuso en el período 1945-1958 debido a su capacidad de “dirigir intelectualmente” a la gran mayoría de las clases populares. Fue un proceso cuyas primeras referencias ideológicas se ubican en la misma Guerra de Independencia y en la Guerra Federal, y que se desarrolló con fuerza por parte de diversas élites intelectuales durante la dictadura de Juan Vicente Gómez.

Para las décadas de 1930-40, la dictadura de Gómez y su continuidad en López Contreras y Medina Angarita, carecían de capacidad para “dirigir intelectualmente” a la sociedad. No por casualidad el escritor Rómulo Gallegos, autor de la novela “Doña Bárbara”, que representaba el contraste y la lucha entre la vieja sociedad latifundista y la modernización surgida del petróleo, llegó a ser el primer presidente electo por sufragio universal, directo y secreto. El contundente triunfo electoral de Gallegos en 1947 con casi el 75 % de los votos, fue la consecuencia directa de una hegemonía construida en las décadas anteriores, por obra de la acción política e ideológica de sectores agrupados en la izquierda (principalmente Acción Democrática pero sin negar el papel jugado por el Partido Comunista).

Esa capacidad de dirigir “intelectualmente” desarrollada por esta izquierda “democrática” representada en AD, le permitió a la democracia burguesa instalarse y consolidarse en el poder a partir de 1958. Tal era la solidez de su hegemonía que pudo solventar la lucha armada desarrollada por la izquierda revolucionaria en la década de 1960, y consolidarse bajo la forma bipartidista a partir de 1968.

Es de todos conocidos que AD abjuró de sus principios izquierdistas, nacionalistas y revolucionarios que tuvo en su origen, y que a partir de 1958 se desarrolló como un partido al servicio del imperialismo norteamericano. Pero en lo ideológico siguió manteniendo un discurso ambiguo que seguía repitiendo su nacionalismo de décadas anteriores, aunque su práctica en el poder era todo lo contrario. De esa forma, engañando a las masas populares, el partido AD (proceso al cual se incorporó el partido COPEI con un discurso muy similar), embaucó electoralmente al pueblo venezolano a lo largo de cuatro décadas.

La actual revolución bolivariana corre el riesgo de transitar un camino similar al recorrido por los adecos en el pasado. Esta revolución pudo consolidarse en el poder a partir del triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998, pero antes de eso, durante las décadas inmediatamente anteriores, se construyó una hegemonía en el plano de las ideas a la cual contribuyeron sectores de la izquierda revolucionaria y algunos intelectuales liberales que cuestionaron los vicios del bipartidismo y diagnosticaron el colapso de las instituciones surgidas a partir de 1958.

Cuando ocurre el Caracazo en febrero-marzo de 1989, la democracia burguesa fue estremecida en sus cimientos y se quedó prácticamente sin discurso ante la población venezolana. En el pueblo trabajador existía el pleno convencimiento de que estábamos gobernados por una elite corrupta (el bipartidismo adeco-copeyano), que existían unos derechos constitucionales que no se cumplían en casi ninguna parte, que las instituciones del Estado sólo respondían a los intereses del gran capital y de la elite bipartidista, dejando en el olvido las urgentes necesidades de las grandes mayorías. Además, la represión salvaje desatada contra el levantamiento popular de 1989, y las masacres que como Cantaura y Yumare se cometieron en esa década, demostraban la verdadera esencia explotadora y violenta de su sistema de dominación. No obstante, esa democracia sin discurso, sin legitimidad, se mantuvo todavía diez años más en el poder.

La década de los 90 fue un período en el cual la burguesía dominaba, al controlar las instituciones del Estado, pero ya no era capaz de dirigir intelectual y moralmente a la sociedad venezolana. En ese proceso el movimiento bolivariano encabezado por Chávez supo apropiarse de los presupuestos teóricos y discursivos que durante dos décadas habían cuestionado la progresiva decadencia de la democracia bipartidista, retomándolos y convirtiéndolos en movimiento social, primero electoralmente en 1998, y luego como fundamento de la acción transformadora que se ha desarrollado en estos 15 años de revolución.

Esta capacidad de dirección intelectual y moral que logró encabezar el presidente Chávez se fundamentó en:

1. Ofertar un decidido combate a la corrupción administrativa presente en todas las instituciones del Estado controlado por adecos y copeyanos.

2. Denuncia firme del carácter asesino que asumió el estado burgués al reprimir el alzamiento del Caracazo y causar centenares de muertos, heridos, detenidos y daños materiales a la población trabajadora y sus comunidades. Que los cuerpos militares-policiales no volverían jamás a disparar sus fusiles contra el pueblo se constituyó en un emblema de la actuación política del presidente Chávez.

3. Distanciamiento de los planes económicos neoliberales que se aplicaron en Venezuela en el período 1989-1999, por sus negativos efectos en las relaciones salariales, en las condiciones de trabajo y niveles de vida de la población. Chávez se fortaleció al recuperar el papel del Estado en la conducción de la economía y aplicar al mismo tiempo un modelo de democracia participativa y protagónica, que acercara las comunidades al Estado.

4. Respuestas inmediatas a las necesidades básicas de la población, sobre todo en educación, salud y vivienda. La disminución de los índices de pobreza y atención a sectores populares históricamente excluidos de los beneficios del progreso nacional.

Pero ahora parecen estarse presentando síntomas de agotamiento dentro de la misma revolución bolivariana. Ya existían indicios de esto en años recientes, y con la muerte del Presidente Chávez este proceso de agotamiento parece haberse acelerado. Las principales manifestaciones de dicho agotamiento del proceso bolivariano se pueden resumir así:

• Se ha mantenido a todo lo largo del proceso bolivariano un distanciamiento entre los movimientos sociales y las elites políticas (MVR-PSUV) que lo han dirigido. En un principio Chávez supo manejar esas contradicciones, y con propuestas como la creación de los Consejos Comunales y la aprobación de la Ley del Trabajo intentó acercar al pueblo trabajador a las ejecutorías del Estado bolivariano. Pero en tiempos recientes, la falta de dinamismo político en quienes están al frente del Estado, y la toma de medidas que apuntan incluso a criminalizar a los movimientos sociales que históricamente han respaldado esta revolución, está generando casi una ruptura entre sectores populares y la elite dirigente del PSUV. Algunos ejemplos de esto los hemos visto recientemente con el conflicto laboral en Sidor, y con los asesinatos reiterados de líderes Yukpas en Perijá.

• El gobierno se ha ocupado de silenciar a sectores del propio campo revolucionario que se han caracterizado por mantener voces críticas en el sentido constructivo. Es el caso del cierre de programas de radio y TV a Vladimir Acosta, Mario Silva, Nicmer Evans y otros. Esta conducta gubernamental se ha extendido como línea de trabajo para toda la burocracia de la administración pública, produciéndose despidos y marginamientos de todos aquellos funcionarios que osan cuestionar las fallas que se presentan en una u otra institución. Se ha desatado desde 2013 una verdadera caza de brujas, execrando a los supuestos “agentes enemigos” que le hacen “el juego a la derecha”. En esa campaña han sido víctimas incluso algunos miembros de la direccional nacional del PSUV, como Héctor Navarro y Ana Elisa Osorio. El resultado de esto es el virtual aislamiento intelectual del gobierno de Nicolás Maduro-Diosdado Cabello.

• Esta campaña de silenciamiento comunicacional se ha complementado con el desarrollo sorpresivo y acelerado de una red comunicacional privada en manos de empresarios bolivarianos (los llamados boliburgueses). De la noche a la mañana medios de comunicación emblemáticos de la burguesía, como Globovisión, Ultimas Noticias y El Universal, han pasado a manos de empresarios chavistas. Este proceso se ha repetido en cada región, en donde las elites empresariales boliburguesas controlan ahora numerosos canales de televisión y diarios de alcance regional. Junto a ello, se ha dado el progresivo silenciamiento de las voces populares en los canales propiamente del Estado, como VTV, ANTV, TVES. El resultado es una especie de “blackout” o apagón informativo que ignora las luchas y conflictos populares en todo el país, y silencia totalmente el pensamiento y propuestas políticas que surgen y se desarrollan en esos movimientos populares de base. Podemos decir con propiedad que sin la existencia de Aporrea.org la información sobre el proceso revolucionario venezolano en su vertiente no institucional prácticamente no existiría (en términos de alcance nacional e incluso regional).

• El desfalco de 20 mil millones de dólares cometido en Cadivi y reconocido por altos representantes del gobierno, el cual hasta el presente no ha sido investigado suficientemente por las autoridades competentes (pues las cifras en dólares que manejaron las empresas sancionadas hasta ahora es ínfima con relación al monto supuestamente desfalcado), constituye otro grave elemento que descompone el perfil político y moral del gobierno bolivariano. Si a esto se une el cálculo de 259 mil millones de dólares fugados del país durante 15 años de revolución, se crea un escenario que pone en duda lo fundamental de los mecanismos administrativos de la nación, que parecieran estar vulnerados por amplias redes de corrupción integradas por una dupla de empresarios y funcionarios que han saqueado una buena parte de los ingresos petroleros durante más de una década. El desfalco de Cadivi-Sitme y la fuga de capitales apuntan directamente a instancias principales de la dirección chavista, porque un desastre económico de esa envergadura no ha podido desarrollarse sin contar con la venia de quienes dirigieron la política económica del estado venezolano en la última década.

• En los últimos años se ha desatado una inflación galopante que ha pulverizado el salario de los trabajadores, retrogradando los niveles de vida populares a situaciones parecidas a las que existían cuando Chávez llegó al poder en 1999. Junto a la inflación, los altos índices de escasez complementan una “economía de guerra” que padece el pueblo trabajador, justificada por el gobierno como causada por la “guerra económica” desatada por la burguesía criolla para sabotear el proceso revolucionario, la cual sin embargo no le han impedido al propio gobierno desarrollar amplios espacios de acuerdos y mesas de negociación con esa misma burguesía que busca acabar con el legado socialista de Chávez.

• Los planes de soberanía alimentaria en los que tanto se esforzara Chávez parecen haber naufragado debido a los altos niveles de corrupción presentes en casi todas las estructuras del Estado. Las expropiaciones y desarrollos productivos de la última década, ejecutados bajo la bandera del socialismo y que fueron asignados a la dirección del Estado Bolivariano, no han sido capaces de dar respuesta ante la “guerra económica”, quedando la sensación de que la burocracia chavista ha terminado destruyendo lo positivo de todas esas medidas que ejecutara Chávez.

• Luego de las elecciones municipales de 2013 se produjo la detención de varios ex-alcaldes del PSUV que se habían postulado por iniciativa propia, en una clara muestra de retaliación política. Esto ocurrió en el municipio Morán del estado Lara, en Maturín y en El Vigía, hasta donde tenemos información. Con acusaciones poco sólidas, la alta dirigencia del PSUV ha tomado un camino de corte fascista que recurre al expediente policial y judicial para resolver las divergencias internas. Aunque esa práctica no se ha generalizado, es un antecedente deplorable que demuestra las tensiones y sectores que dentro del PSUV pugnan por imponer el “orden interno” por medios de fuerza, cual vulgar dictadura de la era soviética.

• La guinda de la torta la constituye lo que han denominado “masacre de Quinta Crespo”, acción policial hasta ahora no aclarada por el gobierno de Maduro y que generó el asesinato de cinco activistas sociales miembros de colectivos revolucionarios de Caracas. Con esta masacre cometida por un gobierno que se dice revolucionario, en contra de militantes de su propio bando, acción que coincide extrañamente con las exigencias que el gobierno de Obama-Kerry han expresado desde comienzos del 2014 al solicitar el desarme de los llamados “colectivos revolucionarios”, el gobierno de Maduro da un nuevo paso en falso que pudiera terminar siendo un “parteaguas”, que señalaría el definitivo alejamiento del proceso bolivariano del rumbo socialista y transformador que mantuvo mientras estuvo dirigido por el presidente Chávez. Tengámoslo claro, ya no son medidas que se critican, son camaradas muertos por el propio gobierno que se dice revolucionario.

Todos estos aspectos configuran una situación sumamente preocupante que coloca en entredicho el futuro de la revolución bolivariana. Si en octubre de 2012 el presidente Chávez consideraba necesario un Golpe de Timón a favor del proyecto socialista y el estado comunal, hoy en octubre de 2014 ese golpe de timón es cada vez más urgente, pues se están creando situaciones que pueden permitir que la derecha proimperialista recupere progresivamente el poder en Venezuela. Esa recuperación del poder por la derecha puede venir incluso del interior del propio chavismo. Pudieran estarse configurando fuerzas políticas y militares de derecha dentro del gobierno bolivariano, preparando y ejecutando un plan conspirativo que intentaría sacar del poder a Nicolás Maduro o en su defecto de obligarlo a torcer el rumbo revolucionario del proceso.

El anterior diagnóstico no impide que reconozcamos el importante papel que ha jugado y todavía juega Venezuela en el contexto latinoamericano y mundial. En estos 15 años de revolución nuestro país ha estado a la cabeza de un proceso inédito de integración regional que ha culminado en instituciones como la CELAC, el ALBA, Acuerdo Suramericano de Defensa, Banco del Sur, UNASUR y la redefinición del MERCOSUR, constituidas todas sobre la base del antiimperialismo y la defensa de la soberanía de nuestras naciones. A la vez, el proyecto socialista que enarbolara el presidente Chávez permitió colocarnos en la vanguardia de la lucha contra el modelo neoliberal que impera en el capitalismo global. Hoy Venezuela constituye uno de los centros de resistencia popular y nacional que se opone al guerrerismo que se expande desde los Estados Unidos y sus países aliados. El futuro inmediato de la humanidad tendrá mucho que ver con el destino de los procesos de transformación que se están suscitando en Latinoamérica.

Pensamos que hay tareas urgentes para los movimientos sociales que no hemos perdido la esperanza de continuar con el proceso de cambios que iniciara Chávez. En este link http://www.aporrea.org/ideologia/a194946.html pueden ver las que aquí en el Zulia hemos definido como tareas importantes, teniendo claro que el debate y la unificación nacional de los revolucionarios en un programa consensuado son vitales en esta hora menguada del proceso bolivariano.

¡ GOLPE DE TIMÓN, YA ¡
¡ COMUNA O NADA ¡
¡ PATRIA O MUERTE, VENCEREMOS ¡


Maracaibo, Tierra del Sol Amada. 18 de octubre de 2014



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Roberto López Sánchez

Roberto López Sánchez (Caracas, 1958). Historiador. Profesor Titular de la Universidad del Zulia (1994-2019). Magister en Historia de Venezuela y Doctor en Ciencias Políticas. Luchador social, activista del movimiento estudiantil y profesoral, vinculado al trabajo obrero, campesino, ambientalista, indígena y cultural desde 1977. Participante de la lucha armada revolucionaria (1977-1988); miembro del Frente Guerrillero Américo Silva. Sometido a persecución política y juicio militar en 1982. Actividad revolucionaria clandestina durante 1982-1988. Fundador de la Unión Nacional de Trabajadores-Zulia y miembro de su comité ejecutivo (2004-2012). Integra el consejo consultivo de la Federación Bolivariana Socialista de Trabajadores del Zulia (organismo que sólo ha sido convocado en una oportunidad en cinco años). Ha sido director de las Divisiones de Extensión y de Formación General; Secretario Docente de EUS; Coordinador de la Unidad Académica de Antropología, del Diplomado en Consejos Comunales (cinco cohortes graduadas) y el Diplomado en Formación Sindical con (cinco cohortes graduadas) en la Facultad Experimental de Ciencias (FEC). También ha coordinado la Zona Zulia-Falcón del Ministerio del Trabajo (2004). Ha publicado: El movimiento de trabajadores en Venezuela durante la revolución bolivariana: 1999-2012 (2017); Movimiento estudiantil y proceso político venezolano (2007); El protagonismo popular en la historia de Venezuela (2008-2015); Los Consejos Comunales y el Socialismo del Siglo XXI (2009); y Venezuela ante la globalización, la crisis mundial y los retos de su desarrollo (2012), además de 5 capítulos de libros científicos, 45 artículos científicos y 50 ponencias en eventos nacionales e internacionales. Es miembro del Programa de Estímulo a la Investigación (PEII), nivel C. Egresó en pregrado con 19,41 puntos de promedio (LUZ, 1994). Ha dirigido 10 proyectos de investigación en la FEC-LUZ. Actualmente dicta semestralmente las materias de Historia de Venezuela, Historia de América, Intercambios económicos y simbólicos, y Poder y Movimientos Sociales, en la Licenciatura en Antropología de LUZ. Ha dictado los seminarios Lucha de clases en el siglo XXI. Movimientos sociales y formas de participación política; y El análisis marxista y la sociedad global del siglo XXI, en el programa de Doctorado en Ciencias para el Desarrollo Estratégico de la Universidad Bolivariana de Venezuela, en Maracaibo. En la División de Extensión de la FEC desarrolla anualmente seminarios sobre: Crisis política en Venezuela; Marxismo y Antropología; Movimientos Estudiantiles en Venezuela; Movimiento de Trabajadores en la Venezuela Contemporánea; Crisis Económica Mundial y su repercusión en la economía venezolana; Movimientos Sociales y Protagonismo Popular en la Historia de Venezuela (dictado también en el Centro Internacional Miranda -CIM- y en Fundacite-Mérida en 2016); y el seminario La Lucha Armada en el Oriente de Venezuela: 1965-1990, en el CIM (2017). Es coinvestigador en el Proyecto: “Historia de los frentes guerrilleros Antonio José de Sucre y Américo Silva: 1966-1990”, Centro Nacional de Historia (2016-2017). Investigador principal en el proyecto “Identidades en el estudiantado de la Universidad del Zulia” y del programa de investigación “Universidad del Zulia: comunidad, organizaciones e identidades” (2017-2019).

 @cruzcarrillo09

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