Los hospitales públicos podrían ser vías de convivencia entre los estratos sociales del burguesismo

El carácter mestizo de nuestra sociedad trasciende la típica división social económica, entre ricos y pobres, entre burgueses y proletarios y entre capitalistas y asalariados.

Los servicios públicos han sido prestados a la clase burguesa con fines convencionalmente comerciales: los capitalistas han recibido los mejores contratos privados para el diseño, construcción de la infraestructura y hasta para la dotación de los equipos y demás insumos permanentes durante su funcionamiento. Así han levantado varias generaciones. Estos favoritos no huelen ni “jieden”, usted nunca os verá en ningún medio, pero existen.

Así  han terminado enriqueciéndose con esos contratos muy onerosos y prestos para todo género de corruptelas. Generalmente, ha habido una red de constructores favoritos de los gobiernos serviles a la clase burguesa.

El primer favorito recibe el contrato de primera mano, luego él lo traspasa y retiene su comisión; otro tanto hacen los subcontratistas hasta determinado número de favoritos para llegar al contratista final que dará cuenta de la obra correspondiente. A este último le toca una parte minimizada del valor y costo del  contrato original por lo que deberá echar mano a materiales de tercera y personal de segunda. Las obras terminan de construirse y dotarse con calidad de tercera, pero al Estado les han costado a precio de primera, a precio de oro.

Por razones obvias, quienes menos han solicitado los servicios públicos de educación y  sanidad han sido los burgueses ya que ellos han preferido los servicios privados, sobre todo durante la 4ta. República que descuidó al máximo todos los servicios populares.

Hoy el Estado presta servicios de primera calidad en personal y equipos, pero los complejos sociales les impiden a los escuálidos-caricaturas de burgueses-recibir esos servicios,  según lo hemos dicho en entregas anteriores a esta.

No obstante, para aquellas personas que vayan tomando conciencia y se den cuenta que esos servicios privados los presta un comerciante y que estos, al igual que los fabricantes e intermediarios en general, no son amigos de ningún ciudadano, a quienes ellos miran y consideran clientes y no usuarios, a estos clientes, decimos, les resultaría muy beneficioso solicitar servicios públicos, recibirlos y sacar  sus cuentas.

De esa manera, se darán cuenta de que los hospitales y centros recreativos populares y sanitarios serían un excelente escenario de convivencia social, de acercamiento de todos los proletarios entre sí, como trabajadores de este sistema  a quienes las sociedad burguesa ha dividido, no sólo como trabajadores y empleadores, sino como vecinos de una misma parroquia,  municipio o estado, de un mismo país,  a quienes el sistema ha etiquetado con diferencia políticas que solo convienen al sistema burgués.



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Manuel C. Martínez


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