El “bembeperrismo” como categoría aflictiva

Las formas de excluir o discriminar en nuestro país han ido, desde las más etéreas, hasta las más abiertas y vejatorias. Dentro de estas últimas ha estado por ejemplo la que expresaba un conocido mío para simbolizar tal vez la más terminante y escarnecedora. Pues él, cuando emitía juicio sobre una persona totalmente normal; vale decir, de las denominadas “de a pie”, decía que era un “bembeperro”… ¡Noo chico, olvídate de eso… Ese tipo es un “bembeperro”! Porque dentro de los tantos defectos que penaban a un “bembeperro”, y que más lo definía, además del color de su piel o de su condición social, era que no tuviera “palanca”, es decir, que fuera un ser escueto y desamparado. Que fuera como una especie de navío abandonado en la mar…

Porque así como en la Edad Media lo que más distinguía a una mujer no era precisamente el marido, sino más bien el amante, así, desde que los colonizadores españoles nos enseñaron a ser corruptos (orgullo que hemos ostentado por 300 años y además defendido con bravura consecuente y elocuente por Globovisión y Marcel Granier y por toda su ristra de buitres lisonjeros) así los venezolanos nos hemos distinguido más por la “palanca”, que por cualquier resplandor de dignidad que pudiéramos poner a la vista:

-See pana mío es un palancón, chamo. See tipo se mueve como un pluma y no es carero- se expresaba con inelegante frecuencia entre nosotros, y además, con fachendona ridiculez.

Por tanto, ese espíritu corrumpente que nos legó España por el ejemplo que nos daban sus burócratas coloniales (que venían de la Metrópolis sin remuneración alguna por haber estado su imperio en franco derrumbe, pero con la misión de hacerse ricos y así regresar) trajo quizás como consecuencia más directa esta institución tan chocante y generadora de la más despiadada corrupción que ha campeado entre nosotros, desde entonces.

Podría decirse que el perfil de la “palanca” es heterogéneo. Generalmente iniciaba su vínculo productivo con un político (miembro o no del CEN o del Comité Nacional), con un obispo, con un militar burda de charreteado o policía encumbrado o con un empresario o gerente privado, influyentes ambos, por contar con la sospechosa aquiescencia de un “chivo” gubernativo… Y los métodos para establecer esta vez el vínculo táctico, eran variados. Iban desde tener una hermana o mujer seductora (por no decir “divina” y hábil en eso de iniciar sujeciones prospectivas…) hasta el de serle definitivamente útil a uno o varios “chivatos” de linajes varios dentro de las muchas estructuras de poder. La verdad es que se veía de todo, por lo que se requeriría de mucha sistematización científico-sociológica para clasificarlas. Pero se hizo tan obligatoria una “palanca”, desde el punto de vista cultural y psicológico para un venezolano, que para hacer la más nimia diligencia trataba siempre de contar con una. Hasta en las reuniones sociales la pregunta obligada siempre era: ¿Oye pana, tú no conoces a alguien bien conectado que me ayude en una vainita que tengo por ahí? Vainita que podía consistir, entre obtener algo lícito, o simplemente cumplir con una obligación legal. Nada que fuera excepcional o del otro mundo en una realidad decente, pero la aprehensión obedecía a esas deliberadas complejidades que se le daba a los procedimientos, cuando no a la simple adicción a la “palanca”, porque sépase, que la “palanca” creó adición en Venezuela, como ninguna otra cosa. Así como lo oye. Llegó a convertirse en alguien tan importante, la “palanca”, como lo fueran también las secretarias y los porteros, quienes llegaron a estar hasta en la mismísima mira de las “palancas”. Toda una red bien urdida de complicidades. Así los porteros y las secretarias llegarían a constituirse, por tanto, en verdaderos muros infranqueables entre los burócratas y los millones de “bembeperros”.

Pero bueno, he aquí la esperanza. Si entendemos una revolución, entre otras cosas, como un cambio de mentalidad, como un cambio cultural generalizado, entonces la eliminación absoluta de la “palanca” vendría a ser como una gran sub revolución, digámoslo así, porque ello determinaría, quizás más que nada, que todos fuéramos desde el inicio iguales. ¿Qué más socialismo en principio que desclavarnos la bendita “palanca”? Y muchos buenos pasos se han dado en tal sentido, como por ejemplo para sacar la cédula y el pasaporte, para comprar dólares y así en otra que sea víctima de mi olvido, e irse avanzando por tanto hasta que toda “palanca” quede tan extinguida como un dinosaurio…

Los casos de Zuluaga, Mezerhane y Cedeño, en el malcriado campo empresarial, y de Rosales y otros especímenes en el no menos grosero campo político, así lo indica. Ellos, como delincuentes convictos todos, y convictos y confesos al menos dos, se niegan rotundamente a ser “bembeperros”… Vale decir, que si contrario como siempre fue, hoy no cuentan con “palancas” aquí en el país que puedan ponerlos a salvo de la “malignidad” de la justicia, se buscan entonces la de Estados Unidos, que siempre han considerado como la mejor armada así como la que más los distingue y por tanto como la que más lava sus rostros siempre al borde de lo inmoral, o totalmente dentro de él, para que puedan continuar irguiéndolos con su habitual jactancia ante nosotros mismos, y el mundo.


canano141@yahoo.com.ar


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Raúl Betancourt López


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