Entrevistando imaginariamente a Marx sobre lo tratado en:

El capítulo VI del Tomo II de “El Capital” (VIII)

        ¿En qué consisten los gastos de almacenamiento de las mercancías?

        Los stocks de mercancías deben tener el volumen necesario para poder satisfacer durante un determinado período las necesidades de la demanda. Para ello, se cuenta con una extensión constante del círculo de compradores. Para que alcancen, por ejemplo, durante un día, una parte de las mercancías que se encuentran en el mercado deben permanecer constantemente bajo forma de mercancías, mientras otra parte circula, se convierte en dinero. Claro está que la parte que se estanca mientras la otra circula disminuye constantemente, del mismo modo que el volumen del mismo stock se va reduciendo, hasta que por último se vende en su totalidad. Por tanto, el almacenamiento de mercancías se considera aquí como condición necesaria de la venta de éstas. Su volumen debe exceder, además del de la venta media o del de la demanda media. De otro modo, no podría satisfacer la venta o la demanda que excediese de este límite. Por otra parte, los stocks deberán renovarse constantemente, puesto que se agotarán de un modo constante. Esta renovación sólo podrá alimentarse, en última instancia, a base de la producción, mediante la afluencia de nuevas mercancías. Las nuevas mercancías pueden afluir del extranjero o del interior del país; esto no altera para nada los términos del problema. La renovación depende de los períodos de tiempo que las mercancías necesiten para su reproducción. Los stocks de mercancías deben bastar para cubrir estos períodos. El hecho de que las mercancías almacenadas no permanezcan en manos de su productor, sino que discurran a lo largo de distintos canales que van desde el gran almacenista hasta el comerciante al por menor, no influye para nada en el problema mismo, aunque sí en su modo de manifestarse. Desde el punto de vista social, una parte del capital sigue revistiendo la forma de mercancías almacenadas mientras la mercancía no entre en el consumo productivo o individual. El propio productor procura formar un stock de mercancías correspondiente a su demanda media, para no depender directamente de la producción y asegurarse constante clientela. Se establecen plazos de compra en consonancia con los períodos de producción y las mercancías se almacenan durante un tiempo más o menos largo, hasta que pueden reponerse con nuevos ejemplares de la misma clase. Y este almacenamiento asegura la persistencia y continuidad del proceso de circulación y, por tanto, del proceso de reproducción, que forma parte de aquél.

          Recordemos que el proceso de M' — D' puede operarse para el productor de M aunque M se encuentre todavía en el mercado. Si el mismo productor quisiera retener su propia mercancía en el almacén hasta venderla al consumidor definitivo, tendría que poner en movimiento dos capitales, uno como productor de la mercancía y otro como comerciante. En cuanto a la misma mercancía, ya se la considere de por sí o como parte integrante del capital social, el problema no cambia para nada por el hecho de que los gastos del almacenamiento recaigan sobre su productor o se repartan entre una serie de comerciantes desde A hasta Z.

          Cuando el stock de mercancías no sea otra cosa que la forma mercancías del stock que existiría al llegar a una determinada fase de la producción social, bien como stock productivo (fondo latente de producción) o como fondo de consumo (reserva de medios de consumo), si no existiese como stock de mercancías, los gastos que supone la conservación del stock, y por tanto los gastos de formación de éste —es decir, el trabajo materializado o vivo invertido en ello—, son también gastos simplemente transferidos de conservación, bien del fondo social de producción, bien del fondo social de consumo. La elevación de valor de la mercancía determinada por ellos sólo divide estos gastos pro rata (8) entre las distintas mercancías, ya que difieren con respecto a las distintas clases de éstas. Los gastos de almacenamiento siguen siendo deducciones de la riqueza social, aunque representen una condición de existencia de la misma.

          El almacenamiento de mercancías sólo es normal en cuanto es condición de la circulación de mercancías y una forma necesaria dentro de ésta misma; en cuanto este aparente estancamiento es, por tanto, forma de la misma circulación, del mismo modo que la formación de una reserva de dinero es condición de la circulación monetaria. En cambio, cuando las mercancías almacenadas en receptáculos circulatorios no dejan sitio a la nueva oleada de la producción que viene detrás y cuando, por consiguiente, los almacenes se hallen abarrotados hasta el exceso, el almacenamiento de mercancías se extiende a consecuencia del estancamiento de la circulación, del mismo modo que crecen los tesoros al estancarse la circulación del dinero. No importa, para estos efectos, que el estancamiento se produzca en los depósitos del capitalista industrial o en los almacenes del comerciante. En este caso, el almacenamiento de mercancías no es condición de la venta ininterrumpida, sino consecuencia de la imposibilidad de dar salida a las mercancías mediante su venta. Los gastos son los mismos; pero como ahora brotan simplemente de la forma, es decir, de la necesidad de convertir las mercancías en dinero y de la dificultad de operar esta metamorfosis, no se incorporan al valor de la mercancía, sino que representan deducciones, pérdidas de valor en la realización de ésta. Sin embargo, la modalidad normal y la anormal del almacenamiento no se distinguen en cuanto a la forma; ambas representan, además, estancamientos de la circulación, y esto hace que ambos fenómenos puedan confundirse y engañar a los mismos agentes de la producción, tanto más cuanto que el proceso de circulación de su capital puede seguir su curso, para el productor, aunque se estanque el proceso de circulación de sus mercancías, una vez que éstas pasan a manos de los comerciantes. Y al aumentar el volumen de la producción y del consumo aumenta también, si las demás circunstancias permanecen invariables, el volumen de las mercancías almacenadas. Estas son renovadas y absorbidas con la misma rapidez, pero su volumen es mayor. El volumen de las mercancías almacenadas, incrementado por el estancamiento de la circulación, puede, pues, fácilmente confundirse con un síntoma de la ampliación del proceso de reproducción, sobre todo a partir del momento en que el desarrollo del sistema de crédito permite mixtificar el movimiento real.

          Los gastos del almacenamiento consisten 1) en una disminución cuantitativa de la masa de productos (por ejemplo, cuando la mercancía almacenada sea harina); 2) en un deterioro de la calidad; 3) en el trabajo materializado y vivo que se requiere para conservar las mercancías almacenadas.

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Nicolás Urdaneta Núñez


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