Hay que insistir en la capacidad de gobierno

Después de los resultados electorales de diciembre de 2007, el periodista
José Vicente Rangel manifestó que el gobierno nacional debía ser llevado a
un proceso gerencial, a fin de que pudiera enfrentar con eficiencia y
eficacia las ingentes demandas de la sociedad venezolana. Esto lo dijo
alguien que se desempeñó como Ministro de Relaciones Exteriores, como
Ministro de la Defensa y como Vicepresidente de la República en el
gobierno de Hugo Chávez. Para ese momento Rangel sabía por qué lo decía.
Ahora, después de los resultados electorales del 26 de septiembre de 2010,
y vistos los descalabros sufridos por el chavismo en entidades como
Anzoátegui, Táchira y Zulia, numerosos partidarios del Presidente Chávez
están exigiendo una mejora significativa en su gestión de gobierno, para
evitar descalabros mayores en el futuro.

Esta es una oportunidad más, para volver a insistir en lo que significa la
capacidad de gobierno, muy bien explicada por Carlos Matus en su libro “El
Líder sin Estado Mayor”. Para Matus, la capacidad de gobierno, junto con
el proyecto de gobierno y la gobernabilidad, conforman el triangulo de
gobierno. Como él bien lo expresa: “El gran problema político de nuestro
tiempo es la capacidad de gobierno. Es un problema mundial y no particular
del segundo o tercer mundo. Naturalmente se expresa con más fuerza y
adquiere mayor importancia en los países que están a la zaga del progreso
científico. Esta capacidad de gobierno depende del grado de desarrollo del
capital intelectual en algunos estratos claves de la sociedad, que son
determinantes en la calidad de la gestión pública”.

Los estratos a los cuales se refiere Matus son: a) El liderazgo político,
en el nivel nacional, regional y local; b) El nivel tecnopolítico,
compuesto por directivos, ejecutivos, asesores y planificadores del
aparato público; c) El nivel de los investigadores en el campo de las
ciencias y técnicas de gobierno; d) El nivel general de los profesionales
universitarios y de los científicos, situados en el ámbito público o
privado, fuera o dentro de las universidades; e) El ciudadano y sus
organizaciones de base. Respecto a este último componente, Matus señala:
“Su formación depende muy fundamentalmente de la calidad de la enseñanza
básica y de los medios de comunicación”.

El caso es que, la capacidad de gobierno no tiene que ver únicamente con
el gobierno de turno, sino que involucra a toda la sociedad. Y esto es
algo que los venezolanos debemos entender, para poder avanzar hacia un
aumento en la capacidad de gobierno de nuestra sociedad. Porque ni con
discursos revolucionarios, ni con consignas libertarias, se construye la
capacidad de gobierno. Así que, es fácil ver lo complicado que se presenta
para el futuro la gestión y solución de los problemas que aquejan a
nuestra sociedad. Sin duda alguna, estamos todavía bien lejos de un nivel
siquiera medianamente aceptable, bien lejos de los paraísos terrenales que
unos y otros siguen prometiéndole a una sociedad que anhela emerger de las
profundidades en que se encuentra sumida. Hay que hacer entonces un
esfuerzo para aumentar la capacidad de gobierno, de este gobierno y de
todos los demás gobiernos, regionales, municipales y comunales, de la
sociedad toda


* alportillo@ula.ve


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Alfredo Portillo


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