Las elecciones en Venezuela. ¡Derrotemos la contrarrevolución y luchemos por el socialismo!

El 26 de septiembre el pueblo de Venezuela elegirá una nueva Asamblea
Nacional. La oligarquía reaccionaria, apoyada por el imperialismo, se
aprovecha de las carencias de la revolución para fortalecer su
posición y prepararse para la contrarrevolución. La revolución
venezolana ha recorrido un largo camino, pero las palancas claves de
la economía aún están en manos de la oligarquía. Lo que hace falta es
llevar a cabo plenamente la revolución socialista y expropiar a los
capitalistas y terratenientes. Esa es la única manera de hacer
irreversible la revolución.

La revolución se ha venido desarrollando en Venezuela durante más de
una década y ha llegado a un punto crítico. El imperialismo y su
agente local, la oligarquía venezolana, están empeñados en poner fin a
la Revolución Bolivariana. Utilizan constantemente los medios de
comunicación prostituidos para llevar a cabo una feroz campaña de
difamación, calumnias y desinformación.

Esta campaña ha llegado a niveles sin precedentes. Chávez ha sido
descrito como un " populista de cuartel ", un "agitador ", un
"instigador" y "un psicópata". Se supone que es un "matón agresivo"
que "coquetea con la megalomanía" y cuyo comportamiento "se aproxima a
lo paranoico". Anteriormente, se le solía describir como un "dictador"
(algunos todavía lo hacen), pero este lenguaje no cuadra muy bien con
el hecho bien conocido de que durante los últimos once años ha ganado
más elecciones que cualquier otro líder político en el mundo.

Para encajar este hecho desafortunado, se han visto obligados a
inventar categorías que antes eran desconocidas en el léxico político.
Hablan de una "autocracia elegida". El Financial Times de Londres lo
ve como "cada vez más autocrático" y presidiendo algo que describe
como una "democracia perversa". Detrás de este lenguaje está el miedo
y el odio: el odio de los ricos y poderosos a un hombre que ha
despertado a las masas a luchar contra sus opresores y su temor
arraigado del poder de estas mismas masas.

Hay muy buena razón por la ferocidad de los ataques contra Venezuela
por parte de los imperialistas y sus lacayos en América Latina. Temen
con razón que la revolución venezolana no se detenga en las fronteras,
sino que se extienda a otros países. Las nacionalizaciones en
Venezuela son un ejemplo que otros querrán seguir. Los discursos del
Presidente Chávez abogando por el socialismo a escala mundial han
hecho sonar la alarma en los pasillos del poder desde Washington a la
Ciudad de México y más allá.

La revolución latinoamericana

En la actualidad, Venezuela se encuentra en la primera línea del
proceso revolucionario que se está afianzando en toda América Latina.
Las políticas radicales de Hugo Chávez, su abierta oposición al
imperialismo y sus continuas llamadas a la revolución mundial se han
convertido en un faro para todos los luchadores anti-imperialistas en
América Latina y en todo el mundo.

Lo que realmente preocupa a los imperialistas es el hecho de que, con
el fin de llevar adelante la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez está
empezando a tomar medidas contra la propiedad privada, como la
nacionalización de empresas y tierras pertenecientes a la oligarquía
venezolana y las grandes transnacionales extranjeras. También ha
llamado a los obreros a ocupar las fábricas abandonadas por sus
patrones y ha introducido elementos de control obrero en las empresas
de propiedad estatal.

En el contexto de la crisis del capitalismo, los imperialistas están
aterrorizados de que este ejemplo sea seguido en otros países (esto ya
está ocurriendo), y que los obreros, no sólo en América Latina sino
también en Europa y Estados Unidos, comiencen a reivindicar medidas
similares contra las grandes empresas que saquean a los países pobres
y explotan a sus trabajadores para extraer enormes beneficios, que
dañan el medio ambiente con derrames de petróleo y otras formas de
contaminación, y que cierran fábricas como si fueran cajas de
cerillas, con el fin de obtener mayores beneficios.

No sería difícil señalar los problemas y deficiencias de la Revolución
Bolivariana, que se deben al hecho de que no se ha llevado hasta el
final. Pero a pesar de todas sus deficiencias y limitaciones, la
revolución venezolana representa un peligro mortal para las clases
dominantes.

En toda América Latina las masas están despertando. En el Ecuador
hemos tenido la elección de Rafael Correa, de quien se dice que sigue
el modelo de Chávez y que contaba con el respaldo de más del 80 por
ciento de la población. En Bolivia, Evo Morales, animado por las
nacionalizaciones en Venezuela, planteó la cuestión de la
nacionalización de los recursos naturales del país y se enfrentó a una
rebelión de la oligarquía, que sólo puede resolverse con la acción
revolucionaria de las masas.

El dilema del imperialismo

Los estrategas del imperialismo han llegado a las mismas conclusiones
que los marxistas: están dadas las condiciones para un movimiento
revolucionario general en América Latina que tendrá enormes
consecuencias en los Estados Unidos y a escala mundial. El ojo del
huracán sigue siendo Venezuela, donde, tras una década de lucha, la
revolución está llegando al punto de no retorno. Esto explica por qué
el imperialismo estadounidense ha dado nuevos pasos para controlar la
situación.

La acusación de que Chávez está llevando a cabo una política agresiva
hacia Colombia pone la verdad patas arriba. El acuerdo para el uso de
bases militares en Colombia (que ha sido temporalmente paralizado por
los tribunales), el golpe de Estado en Honduras, el despliegue de
fuerzas militares en Costa Rica y, por último, el intento de
establecer nuevas bases militares en Panamá, lo que en la práctica
rodearía a Venezuela con una poderosa presencia militar
estadounidense, todo demuestra quién es realmente el agresor.

Esto es lo que ha llevado a un rápido deterioro de las relaciones
entre Caracas y Bogotá, del que fuimos testigos en agosto. Bajo
ciertas condiciones, este conflicto, que a primera vista parece haber
amainado, podría conducir a un brote de hostilidades entre Venezuela y
Colombia, a la que Washington ha convertido en un campo armado. La
formación de una milicia popular y la compra de armas a Rusia no son
la expresión de una política exterior agresiva, sino que son
exclusivamente medidas defensivas tomadas por Venezuela para
contrarrestar las políticas agresivas de los Estados Unidos.

Todo esto demuestra que los imperialistas no han abandonado sus planes
para derrocar a Chávez, si fuera necesario por la fuerza. Sin embargo,
las opciones del imperialismo en Venezuela son muy limitadas. El
imperialismo estadounidense, con toda su riqueza y poderío militar,
tiene su margen de maniobra sumamente restringido. En el pasado, no
habría dudado en intervenir directamente, enviando a los marines. Pero
esto no es posible en la actualidad. Se han visto obligados a
abandonar Irak y están involucrados en una guerra impopular e
imposible de ganar en Afganistán. Tras el fracaso de la aventura en
Irak, la opinión pública en los EE.UU. se vuelve contra la guerra. Por
tanto, es poco probable que Washington pudiera iniciar otra aventura
militar en América Latina en este momento.

La posibilidad de una intervención militar directa puede que haya
disminuido, pero hay muchas otras armas en el arsenal del imperialismo
norteamericano. Washington está tratando constantemente de aislar a
Venezuela internacionalmente. La aplicación de la presión diplomática,
militar y económica para socavar al gobierno de Hugo Chávez es
constante. Además de la difamación, queda la opción del asesinato, el
cual, sin duda, la CIA ha estado preparando desde hace algún tiempo.

El cristiano evangelista, estafador experimentado y rabioso
reaccionario, Pat Robertson, dijo: "Usted sabe, yo no sé de esta
doctrina del asesinato, pero si él cree que estamos tratando de
asesinarlo, creo que realmente deberíamos ir adelante y hacerlo ... Es
mucho más barato que iniciar una guerra ... y no creo que el
suministro de petróleo se detenga". Cuando pronunció estas palabras,
tan solo estaba diciendo lo que otros en puestos más poderosos estaban
pensando. Y estos pensamientos no han desaparecido.

El asesinato sigue siendo una posibilidad. Pero a pesar de sus
evidentes atractivos, lo que el reverendo Robertson propone tiene
graves riesgos para el imperialismo estadounidense. A pesar de las
opiniones optimistas del Sr. Robertson, el primer resultado sería el
corte de suministro de petróleo a los EE.UU.. El asesinato podría
causar una oleada de ira y repugnancia en América Latina y en todo el
mundo. Probablemente no quedaría una embajada de EE.UU. en pie en toda
la región. La amargura contra los EE.UU. duraría durante generaciones
y daría lugar a nuevos levantamientos y explosiones.

La preparación de un golpe de Estado parlamentario

Por todas estas razones, Washington se ve obligado a confiar en los
mecanismos de "democracia" burguesa en un intento de derrocar a la
revolución por medios constitucionales. He aquí la importancia de las
elecciones a la Asamblea Nacional de septiembre en Venezuela. Lo que
Washington está planeando no es ni más ni menos que un golpe de Estado
parlamentario. Su objetivo es liquidar la Revolución Bolivariana, no
por la intervención externa, sino basándose en los enemigos internos
de la revolución. Para ello, se valdrá de las contradicciones internas
de la Revolución Bolivariana y del propio Movimiento Bolivariano.

La oposición está calculando que puede ganar un número considerable de
escaños en la nueva Asamblea Nacional, tal vez incluso una mayoría
absoluta. Si fuera a ganar la mayoría en la Asamblea Nacional en
septiembre, o si fuera a ganar un número considerable de escaños, esto
podría marcar el comienzo de una espiral descendente de la Revolución
Bolivariana. Las masas pequeño burguesas, que han estado
desmoralizadas y pasivas en el pasado reciente, se sentirían alentadas
por una victoria electoral y pasarían a la ofensiva.

Si los contrarrevolucionarios tienen éxito el 26 de septiembre, van a
utilizar su posición en la Asamblea para sabotear el funcionamiento
del gobierno, movilizar a la clase media para salir a la calle y
provocar disturbios siempre que sea posible. Incluso si sólo ganaran
un tercio de los escaños estarían en condiciones de bloquear
determinadas decisiones claves. Provocarían una serie de
enfrentamientos entre la Asamblea y el Presidente. Su objetivo final
es desestabilizar el país y crear una situación en la que puedan
librarse de Chávez, ya sea por medios parlamentarios o
extraparlamentarios. La amenaza es muy grave.

Nadie en su sano juicio cree que las decisiones fundamentales sean
tomadas mediante las leyes y los parlamentos. En última instancia,
todas las decisiones importantes se toman en las calles, en las
fábricas, en los pueblos y en los cuarteles del ejército. Pero el
parlamento puede desempeñar un papel importante como punto
aglutinador, ya sea para las fuerzas de la revolución o de la
contrarrevolución. Por eso, el resultado de las elecciones de
septiembre es tan importante para el futuro de la revolución.

Si triunfa la contrarrevolución, ¿acaso alguien cree que ésta va a
respetar las leyes? La Constitución Bolivariana se suprimiría al día
siguiente. Todas las reformas de la última década se revertirían. ¿Y
qué pasaría con todos los que apoyaron la revolución? ¿Alguien cree
que la oposición contrarrevolucionaria les abrazaría? ¿Acaso los
contrarrevolucionarios harían los gestos conciliatorios que Chávez ha
hecho a ellos tan a menudo, sin ningún resultado? ¡No! Ellos tienen la
misma actitud implacable y vengativa que ha caracterizado a todas las
clases dominantes en la historia cuando han derrotado a una
revolución, resumida en el dicho romano: ¡Vae Victis! (¡Ay de los
vencidos!)

La victoria de la contrarrevolución en Venezuela representaría un duro
golpe a la revolución en toda América Latina. Bolivia y Ecuador
estarían inmediatamente bajo una terrible presión. La Revolución
Cubana, que ya está amenazada por la contrarrevolución capitalista,
estaría en mayor peligro que nunca. Los efectos se dejarían sentir a
escala mundial, con una nueva ofensiva ideológica de la burguesía
contra el socialismo. Es suficiente plantear la cuestión concretamente
para entender lo que hay que hacer.

¿Puede tener éxito la contrarrevolución?

¿Es concebible que la oposición pudiera tener éxito en sus planes?
Todo obrero y campesino consciente esperará fervientemente que no sea
así. Pero en la política, como en la guerra, las esperanzas no son
nunca suficientes. No hay nada más peligroso que el tipo de optimismo
ciego que se esconde detrás de frases vacías como "la Revolución es
irreversible". Es necesario proceder sobre la base, no de esperanzas e
ilusiones endulzadas, sino de hechos concretos. Estamos en una guerra,
y en una guerra siempre es preferible exagerar la fuerza del enemigo
en lugar de subestimarla.

¿Dónde está el principal peligro? Se encuentra en el hecho de que la
revolución socialista no se ha llevado a su fin y que la burguesía
sigue controlando los puntos clave de la vida económica y social del
país. Esto fue señalado por el presidente Chávez en el Congreso
Extraordinario del PSUV. Dijo que no puede haber una transición al
socialismo en Venezuela, mientras que el Estado burgués de la
República siga de pie y sectores clave de la economía sigan en manos
de la oligarquía.

Esto fue cien por ciento correcto. Los dos principales obstáculos que
se interponen en el camino del avance de la revolución son la
propiedad privada de los sectores clave de la economía, y la
existencia continuada del Estado burgués. Es imposible mantener esta
situación de una llamada economía mixta en la que el elemento
capitalista prevalece, porque provoca el desbaratamiento de planes,
caos, la escasez de alimentos, la inflación, el cierre de fábricas y
la fuga de capitales.

Todas estas cosas tienen un grave efecto sobre las masas. La
supervivencia del capitalismo se refleja en una caída del nivel de
vida. Es cierto que las masas siguen teniendo fe en Chávez y son
leales a la revolución. Pero no hay que abusar de esta lealtad, que no
se puede mantener sólo con discursos y exhortaciones. El hecho de que
la oposición fue capaz de ganar las elecciones para alcaldes y
gobernadores en zonas pobres, como Petare, en noviembre de 2008, ya
era una advertencia. Si el gobierno no toma medidas decisivas para
resolver las necesidades de las masas, se podría extender la
desmoralización que se manifestaría en forma de abstención en las
próximas elecciones.

Por otra parte, la supervivencia del viejo Estado y la burocracia
representa un peligro mortal para la revolución. La burocracia se
opone ferozmente al socialismo y la revolución y está haciendo todo lo
posible para sabotearla. Nadie en su sano juicio podría imaginar que
es posible avanzar hacia el socialismo, mientras que este monstruo
corrupto siga existiendo. Esto fue señalado por Chávez en el Congreso
Extraordinario del PSUV, cuando citó El Estado y la revolución, donde
Lenin explica que la destrucción del Estado burgués y su sustitución
por una democracia obrera es la condición previa para avanzar hacia el
socialismo.

Los reformistas no quieren hablar de estos problemas. Ellos usan mil
argumentos "inteligentes" para demostrar que la clase obrera no puede
ni debe tomar el poder. Consideran que el socialismo es una utopía,
mientras que ellos son los realistas. Frente a la arremetida de la
contrarrevolución, entierran sus cabezas en la arena como un avestruz
asustado y esperan que el peligro desaparezca. Este "realismo" es en
realidad el peor tipo de utopía. Representa un peligro muy grave para
la revolución.

El Presidente Chávez ha advertido reiteradamente del peligro de la
burocracia contrarrevolucionaria, que no es ni más ni menos que la
quinta columna de la burguesía dentro de la Revolución y el Movimiento
Bolivariano. La deserción reciente del PPT es sólo el último de una
larga serie de ejemplos, que demuestra la existencia de esta quinta
columna reformista y burocrática. ¿Cuántos más están todavía presentes
y dispuestos a traicionar? Si la oposición no gana una mayoría,
¿cuántos diputados "bolivarianos" estarían dispuestos a hacer un trato
con ella para crear esa mayoría?

El CMI y las elecciones

¿Cuál es la actitud de la Corriente Marxista Internacional en estas
elecciones? Ni que decir tiene que los marxistas pedirán el voto para
el PSUV en estas elecciones. Debemos luchar para derrotar a la
oposición contrarrevolucionaria. La única manera de lograr este
objetivo es movilizando a las masas –la verdadera base y la fuerza
motriz de la revolución–. Los obreros y campesinos deben estar
motivados y entusiasmados. Pero esto sólo es posible si el PSUV se
posiciona claramente y sin ambigüedades a favor de una política
socialista y revolucionaria, y la lleva a cabo en la práctica.

Sin embargo, la lucha por el socialismo consiste en una serie de
batallas parciales. La revolución no debe dar ni un paso atrás, sino
asestar golpe tras golpe contra el enemigo de clase. La tarea más
urgente e inmediata es derrotar a la oposición contrarrevolucionaria,
para bloquear su intento de volver al poder mediante el uso de los
mecanismos democráticos previstos en la Constitución Bolivariana.
Hacemos un llamamiento a todos los obreros y campesinos, a los
jóvenes, a las mujeres, a los sindicalistas, a todas las fuerzas vivas
de la sociedad venezolana a votar por los candidatos del PSUV el 26 de
septiembre.

Algunas personas que se autodenominan de "izquierda" o, peor aún,
"marxistas" han adoptado una actitud frívola e irresponsable hacia las
elecciones de septiembre. Abogan por la abstención o, peor todavía, a
unirse a las filas de la oposición contrarrevolucionaria. Se trata de
un abandono total de la política revolucionaria. Cuando las líneas de
clase están claramente delineadas, y cuando la elección es entre la
revolución y la contrarrevolución, el que cruza la línea es culpable
de traición.

Desde el comienzo mismo de la revolución venezolana, los marxistas de
la CMI han defendido la Revolución, destacando su importancia para los
revolucionarios de todo el mundo. Esto lo hicimos cuando muchos
autodenominados izquierdistas negaban la existencia de una revolución,
y negaron categóricamente la posibilidad de un giro hacia el
socialismo. Once años más tarde nuestra postura ha sido completamente
confirmada. A pesar de que la revolución no ha dado el paso decisivo
hacia el socialismo, es evidente que la idea del socialismo ha ganado
el oído de las masas que están luchando para lograr este objetivo.

El fortalecimiento de la corriente marxista dentro de las filas del
PSUV, la juventud del PSUV y la UNT sería una poderosa herramienta en
el avance de este proceso. Sería la manera de derrotar a la
contrarrevolución de una vez por todas mediante la destrucción de su
poder económico y completando así la Revolución Socialista de
Venezuela. La Corriente Marxista Internacional, organizada en
Venezuela en torno al periódico Lucha de Clases está luchando para
empujar hacia adelante la revolución, para avanzar hacia la victoria
final y decisiva. Pero la victoria final depende del resultado de una
serie de batallas parciales. Quienquiera que sea incapaz de defender
el terreno conquistado en el pasado nunca será capaz de avanzar a la
conquista del poder.

¡Llevemos a cabo la revolución hasta el final!

Al mismo tiempo que defendemos la revolución contra los ataques del
imperialismo y la oposición contrarrevolucionaria, los marxistas
tenemos el deber de advertir de los peligros en la situación actual.
La oposición venezolana contrarrevolucionaria está tratando de
aprovecharse de cada error cometido por el gobierno. Problemas no
resueltos tales como la vivienda, el crecimiento de la delincuencia y,
recientemente, los apagones de la electricidad, están siendo
utilizados por la oposición para generar apatía entre las masas que
apoyan la revolución.

No es posible detener la revolución a medio camino. No es posible
hacer una revolución a medias. Las masas son leales a la revolución,
pero no aceptarán permanentemente esta situación. Tarde o temprano
debe resolverse. Chávez ha dado pasos importantes hacia delante, pero
es necesario terminar el trabajo. Una vez que la revolución venezolana
lleve a cabo la tarea de eliminar el latifundismo y el capitalismo,
podrá extenderse muy rápidamente a otros países de América Latina. Ese
es el auténtico significado de la revolución bolivariana: la necesidad
objetiva de unificar el continente dividido de América Latina y
elevarlo a un nivel cualitativamente superior de desarrollo de acuerdo
con su colosal potencial económico.

El líder socialista español Largo Caballero señaló que no se puede
curar el cáncer con una aspirina. Problemas serios exigen soluciones
serias. Cuando Abraham Lincoln ganó la Guerra Civil, entendió que no
se puede dejar el poder económico en manos del enemigo. Expropió la
riqueza de los esclavistas del Sur que hoy tendría un valor de
billones de dólares. Al hacer esto, no prestó mucha atención a las
sutilezas constitucionales. De hecho, él nunca habría ganado la guerra
si hubiera estado obsesionado con las leyes y constituciones.

Hace mucho tiempo, Cicerón escribió la famosa frase: Salus populi est
suprema lex (La salvación del pueblo es la ley suprema). Ahora podemos
decir, con igual justificación, la salvación de la Revolución es la
ley suprema. Evitar que los contrarrevolucionarios ganen el control de
la Asamblea Nacional es un paso necesario para impedir la liquidación
de las conquistas de los últimos once años. Pero en sí mismo no es
suficiente. La única manera de derrotar a la oposición y eliminar la
amenaza de la contrarrevolución para siempre es liquidando el poder
económico de la oligarquía, expropiando a los terratenientes,
banqueros y capitalistas, e introduciendo un plan socialista de
producción bajo control obrero democrático.

Los reformistas argumentan que actuar de esta manera sería provocar a
los imperialistas y reaccionarios. Eso es absurdo. Los imperialistas y
reaccionarios han demostrado con sus acciones que no necesitan ninguna
provocación para actuar. Los obreros, campesinos y pobres de Venezuela
están mirando hacia Hugo Chávez para llevar a cabo su promesa de hacer
irreversible la revolución venezolana. Esto sólo puede hacerse
desafiando frontalmente el llamado derecho sagrado de la propiedad
privada. A menos que se elimine el poder económico de la oligarquía
contrarrevolucionaria, la revolución bolivariana nunca podrá ser
victoriosa y las conquistas de la revolución nunca estarán a salvo.

Para aquellos que están hipnotizados por las consideraciones
jurídicas, señalamos que hay un mecanismo constitucional que se puede
utilizar para este propósito: una ley habilitante para nacionalizar la
tierra, los bancos y las principales industrias. Chávez aún tiene el
poder formal, una amplia mayoría en la Asamblea Nacional y el mandato
popular para llevar a cabo la expropiación de la oligarquía –la
condición previa para un movimiento hacia el socialismo–. Pero el
momento de actuar es ahora. Mañana será demasiado tarde.

Esta es la única perspectiva posible si queremos poner fin a la
dominación del imperialismo estadounidense y mundial sobre América
Latina. Pero es una perspectiva que está radicalmente opuesta al
nacionalismo. Representa la abolición radical de fronteras que han
dividido artificialmente y balcanizado América Latina durante 200
años. Necesariamente, también es una perspectiva anti-capitalista
(socialista), ya que sólo se puede lograr mediante una ruptura total
con la burguesía. El poder debe pasar a la clase obrera y a sus
aliados naturales: los campesinos pobres y los pobres urbanos y
semi-proletarios.

La idea de los Estados Unidos Socialistas de América Latina es una
idea que puede unir y movilizar a las masas de obreros, campesinos y
jóvenes revolucionarios de América Latina, por una lucha frontal
contra el imperialismo y el capitalismo. No contiene un solo átomo de
utopía, sino que es consecuencia de la necesidad objetiva. Es la
consigna del presente que contiene la clave para el futuro.

   * ¡Defendamos la Revolución Bolivariana!
   * ¡Derrotemos la oposición contrarrevolucionaria!
   * ¡Luchemos por una mayoría del PSUV en la Asamblea Nacional!
   * ¡Llevemos a cabo el programa de la Revolución Socialista!



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Alan Woods/Corriente Marxista Internacional


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