La legalidad y legitimidad revolucionarias

La clase trabajadora en la Republica Bolivariana de Venezuela está dando
un paso consciente hacia la organización política. Aquellos que
permanecen prisioneros de las formas de pensar del capitalismo tienen
miedo del salto organizativo práctico, se aferran con todas las energías
a lo pasado, y rechazan por imposible el nacimiento de algo radicalmente
nuevo de lo que no hay “experiencia”. En sí, esta es una expresión de la
crisis de la clase trabajadora que la hace retroceder de nuevo ante la
enormidad de sus propios objetivos: la derogación del Estado burgués. La
clase trabajadora se encuentra presa aun de la ideología capitalista.

La ideología del capitalismo provoca una individualización extrema y
convierte al hombre en una cosa. La división del trabajo nos convierte en
autómatas, en simples rutinarios. En este marco, para la clase
trabajadora es imposible encontrar satisfacción en el trabajo, nos limita
la libre personalidad, y nos arrastra a un egoísmo brutal cuyo norte es
la codicia. Esta es una limitante para la Revolución Bolivariana,
concebida como un proceso colectivo.

De allí que hay que luchar contra la ideología capitalista, ya que ésta
no es sólo un efecto de la organización económica de la sociedad
capitalista sino también la condición de su funcionamiento. La mejor arma
contra esta ideología de la dominación es la teoría revolucionaria del
socialismo científico. Esta teoría revolucionaria enseña que la solución
a la crisis del capitalismo no consiste en introducir una serie de
mejoras en la organización de la producción capitalista, sino que
consiste en derogar el poder de la burguesía y su Estado.

La clase trabajadora, al estar obligada a entrar en la revolución
socialista en una época de crisis revolucionaria y en una situación
influenciada por la ideología capitalista, siente que el orden social
burgués es un orden verdaderamente legal, mientras que siente que su
acción política y la lucha contra la burguesía es “prematura”. Por
ejemplo, luchar por derogar una normativa, visión, misión, estatutos y
estructura organizacional protectora y garante de las relaciones
capitalistas de producción, en una empresa como PDVSA, es vista como una
locura, una aventura, un acto de inmadurez y apresuramiento innecesario,
por parte de sectores “extremistas e infantiles”. Cuando en realidad es
una obligación revolucionaria de primer orden llevar a cabo esta labor
socialista. Este es un parámetro para identificar una posición honesta y
libre de oportunismo ante la Revolución Bolivariana.

Las luchas libradas hasta el momento en el plano económico y político por
la clase trabajadora venezolana, no son suficientes para que adquiera una
conciencia de su propia legalidad. Sin embargo, esta conciencia terminará
su maduración cuando se logre el triunfo definitivo sobre la burguesía.
Luego de la victoria definitiva es que la clase trabajadora está en
capacidad de familiarizarse con la obra intelectual que el capitalismo ha
edificado. Entonces, es cuando empieza la construcción de una nueva
sociedad, y grandes sectores de la clase trabajadora empezaremos a tomar
conciencia del trabajo intelectual que exige la dirección económica del
Estado nuevo. Es natural que debido a la falta de experiencia práctica y
la falta de una tradición en el ejercicio de una actividad responsable y
consciente, la clase trabajadora experimente en sus nuevas
responsabilidades una sensación de un peso más que un acto de
emancipación. Por ejemplo, el proceso de fundar una organización de la
clase trabajadora implica una construcción democrática y sin exclusiones,
donde los mismos trabajadores designamos nuestros voceros y creamos los
organismos que sean necesarios para cristalizar y hacer efectiva esa
organización. Esa organización puede tener la forma de un Consejo y sus
principios y las funciones a acometer tendrían que definirse internamente
y por la vía de la democracia. Es decir, crear un Consejo o Comité no es
algo extraño a la Revolución Bolivariana, y mucho menos un acto
clandestino que esconda sus fines conspiraivos contra nadie. Al
contrario, es un acto acorde a las circunstancias y al espíritu
revolucionario que ha impreso el Comandante.

Los sectores de la clase trabajadora que ocupan los puestos dirigentes,
acostumbrados a una vida de pequeño burgueses, y frecuentemente ya
burgueses, tratan de hacer aparecer como inútil y hostil los aspectos
nuevos de la nueva sociedad; las autoridades medias y altas en las Juntas
Directivas de las empresas socialistas del Estado tratan de evitar todo
contagio en “sus” empresas de las formas organizativas de los
trabajadores, con los Consejos.

¿En qué se basa este estrato pequeño burgués y reformista, que dirige las
empresas del Estado revolucionario, para hacer ver como arcaicos los
aspectos precisamente novedosas de la nueva sociedad socialista?. Uno de
los obstáculos más complejos, en esta etapa de transición al socialismo y
de la irrupción de la clase trabajadora en la revolución, es que la
burguesía parece mostrarse más madura que la clase trabajadora, para
controlar la economía y la producción. Esa es la variable con que juega
la mencionada pequeña burguesía. Debido a esta situación, la burguesía
trata de convencer que el orden jurídico nuevo de la clase trabajadora
es ilegal (los Consejos y las Comunas), con la misma seguridad con que
afirma su orden jurídico como legal. Pues, la estrategia de la clase
trabajadora es ver al Estado burgués como una simple realidad, un simple
factor de poder, que no representa un obstáculo insalvable; y que todas
nuestras conquistas van dirigidas a adquirir la seguridad de que solo el
"nuevo orden jurídico" socialista es legal.

Esta situación de postración de la clase trabajadora se debe a la mala
educación que los reformistas y la academia han impartido a los
trabajadores y trabajadoras, donde se presenta a las instituciones
burguesas explotadoras con un aura de legalidad. A causa de esto, la
clase trabajadora es inicialmente incapaz de destruir totalmente todas
las instituciones burguesas, a la vez que no asume el papel del legítimo
soberano, y presiente que la restauración capitalista es inevitable. Esta
es la apuesta de la pequeña burguesía. Para contrarrestar este
sentimiento, tenemos que hacer brotar la conciencia revolucionaria de la
legitimidad e independencia de criterio respecto del Estado burgués, a su
vez que se logra neutralizar el movimiento de ciertos sectores
contrarrevolucionarios a lo interno, para hacerlos obedecer la
legitimidad de la revolución socialista. La legitimidad de la revolución
del Socialismo Bolivariano ha sido reconocida por el resto de los países
del orbe y las instituciones burguesas mundiales, y da a la revolución
socialista una conciencia de sí, que está reforzando el conocimiento que
la clase trabajadora tiene de su propia fuerza. Una vez que la clase
trabajadora tenga conciencia de su propia fuerza seremos invencibles, y
nuestras organizaciones podrán poner de rodillas a la burguesía y sus
pocos cómplices de la pequeña burguesía.

(*) (garcialwx@pdvsa.com)


¡Patria Socialista o Muerte.........Venceremos!


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Lucidio García*


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