El ridículo precio de la gasolina

Lamentablemente, por razones editoriales, estamos escribiendo este artículo un día antes que el Presidente Chávez anunciara las medidas económicas que tanto alboroto han causado. Por lo tanto, ignoramos si el precio de la gasolina fue considerado o no a la hora de hacer los ajustes que nuestra economía demanda.

Desde los fatídicos sucesos de febrero de 1989, cuando el segundo nefasto gobierno de Carlos Andrés Pérez incluyó el precio del combustible en su famoso paquetazo, el tema ha pasado a ser tabú. La razonable explosión social que se produjo entonces, se ha convertido en un símbolo que niega cualquier consideración al respecto. La gasolina en Venezuela es, prácticamente, un regalo que termina beneficiando fundamentalmente a esos miles de propietarios de lujosos vehículos y camionetas de alta cilindrada, que consumen irracionalmente un recurso que el Estado no se decide a sincerar. El pobre, el pueblo, anda en autobusetes o en Metro y esos no se mueven con gasolina.

Ha sido prolija la literatura encontrada en Internet a este respecto. Podemos citar, a manera de ejemplo, que en el año 2002 el profesor JJ Montilla, primer Ministro de Agricultura de este Gobierno, escribió un artículo que tituló "¿Nos importa Venezuela? ¿Qué importamos?", en el cual hace una nítida comparación entre los productos que el país consume y lo que paga por ello. En su bibliografía el profesor Montilla hacía desde entonces, comparaciones entre el precio de un litro de gasolina en Venezuela y el de una botella de refresco o una botellita de agua.

De acuerdo con sus estimaciones, el precio del litro debería estar en 0.27 centavos de dólar, lo que al cambio actual equivaldría a 0.58 bolívares.

El profesor de Desarrollo de la UCV, José Sojo, por su parte, escribió en el 2007 que "solamente el hecho de tener una inflación acumulada de 615 por ciento entre 1997 y 2006 es suficiente razón para entender que la gasolina no puede ser el único bien que nunca incremente su precio". En su artículo, publicado en Aporrea, el profesor Sojo desmonta los razonamientos de aquellos que se oponen a un aumento y señala que "no existe duda que un precio tan bajo estimula el sobreconsumo del combustible en el mercado doméstico y que cada litro de sobreconsumo es un litro de gasolina menos que se vende en el mercado internacional, a un precio veinte veces superior".

Si comparamos lo que pagamos por un litro de gasolina con países como Colombia tendremos que, mientras allá el galón (equivalente a 3.7 litros) cuesta cuatro dólares, aquí pagamos la mísera suma de 0.16 dólares por el mismo galón. Jugoso negocio el contrabando.

Pero si extendemos la comparación, sin llegar a acercarnos a los países desarrollados donde se paga caro tener carro, encontraremos que en Ecuador el galón cuesta 1.8 dólares. Los ecuatorianos, que también son productores de petróleo, cancelan el litro a 1.04 bolívares y nosotros a 0.09. En Arabia Saudita y Kuwait, regiones también petroleras, el precio ronda entre 0.80 y 0.90 dólares el galón.

Un reciente estudio presentado en Pdvsa, arrojó que la comercialización de la gasolina en Venezuela, no sólo no llega a cubrir los costos de producción, sino que el precio razonable para obtener una mínima ganancia, no debería ser inferior a 0.5 bolívares el litro.

Mientras más pase el tiempo, más difícil será tomar la decisión y mayores las pérdidas para la petrolera.


mlinar2004@yahoo.es


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Mariadela Linares


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