El Síndrome de la Gata Loca y PDVSA - Ministro Tarek El Aissami, tome nota

El síndrome de la gata loca fue una serie animada cuya trama consistía en que una gata estaba enamorada de un ratón llamado Ignacio. Ignacio cansado de que la gata lo persiguiera, la golpeaba con un ladrillo en la cabeza y la gata por su parte, mientras más la golpeaban, más se enamoraba de éste, mostrando corazoncitos imaginarios, que manifestaban su apego emocional y dependencia de quien la agredía.

Esta misma conducta está presente en el subconsciente de los profesionales y técnicos que se desempeñan en los procesos industriales nacionales y ha llegado el momento de superarlo. Hay un caso especial que quiero resaltar, ocurre en nuestra industria petrolera. Veamos:

El crecimiento de la industria petrolera, desarrollada por las grandes petroleras transnacionales Americanas y Europeas, una vez nacionalizada la industria, nos dejó una fuerte dependencia tecnológica, que hoy día representan las camisas de fuerza, que pesan para una normalización de operaciones en las instalaciones de PDVSA.

Más allá de esta dependencia tecnológica, están nuestras limitaciones ideológicas, culturales y paradigmas, que pesan aún más que las anteriores. Una de éstas, que considero la más importante, es nuestra incapacidad en el desarrollo de Normas, Especificaciones y Estándares propios. Esto es el punto de partida de cualquier desarrollo tecnológico que plantee paulatinamente un alejamiento de tanta dependencia tecnológica.

¿Pero cómo se maneja este tema en PDVSA?.

Para una muestra del asunto, me quiero referir a la fabricación de aquellos equipos llamados "Equipos Estáticos". Son los que representan, más de la mitad de los equipos necesarios para procesamiento y refinación de petróleo. Estos equipos en su gran mayoría, son fabricados en el país por talleres con personal exclusivamente venezolanos. Recipientes a Presión, Columnas, Reactores, Intercambiadores de Calor, Calderas y Hornos, y otros más, que forman parte de sus catálogos técnicos. El diseño y fabricación de estos equipos, están regidos por Normas, Estándares y especificaciones casi en su totalidad de origen Norteamericano.

La formación y adiestramiento de estos profesionales y técnicos en estos talleres tomó muchos años, los hace merecedor de un reconocimiento ya que superan cualquier tipo de dificultades a la hora de fabricar un equipo de esta naturaleza. Forman parte del capital humano imprescindibles en el desarrollo tecnológico nacional. El estado, ante la actual precariedad que presenta estos talleres, está en la necesaria obligación de protegerlos, si es que realmente existe en el país una política de desarrollo e Independencia Tecnológica.

Sigamos, una vez fabricado estos equipos, los talleres tienen que bajar la cabeza, porque es aquí que comienza a funcionar las camisas de fuerza de la dependencia tecnológica. Se hace necesaria la presencia de un inspector autorizado por la Asociación Americana de Ingenieros Mecánicos (ASME). Éste, es quien le da el visto bueno y autoriza lo que se llama el "Estampado del Equipo" o autorización al sello ASME. Es decir, el taller hace la descomunal tarea de fabricar el equipo, el mismo puede funcionar en cualquier instalación no petrolera del mundo, sin el estampe ASME, pero por requerimientos de PDVSA, el equipo no puede operar en sus instalaciones sin el estampado de los gringos. Mayor contrariedad.

¿Pero porqué PDVSA origina y tolera esta forma perversa de subordinación tecnológica?, una de ellas es el mantener activos viejos paradigmas, otra son sus limitaciones tecnológicas para definir nuevos patrones tecnológicos y una última que siempre resulta ser un comodín: la supuesta exigencia de las aseguradoras y reaseguradoras imaginarias, que supuestamente protegen contra eventualidades y accidentes a PDVSA, que no cumplirían, si los equipos no llevan este estampe o autorización ASME.

Esta camisa de fuerza, autoimpuesta por la misma empresa petrolera, es cumplida al pie de la letra por todas las gerencias técnicas de cada una de las operadoras, la misma debe revisarse y superarse, de esta forma se sería más coherente con la situación aberrante del bloqueo que sufre PDVSA. Tendría mucho sentido en condiciones naturales, mas no en condiciones de asedio. Pero existe un pequeño detalle que de acuerdo a información que se maneja a voz populi, en cuanto a que desde hace algunos años PDVSA no disfruta de las pólizas y beneficios de las aseguradoras. Y sumándole otro detalle, más precario todavía. Aun cuando el equipo sea aprobado por el inspector autorizado y el taller pueda solicitar el estampado a la Organización ASME, por razón de estar PDVSA sancionada por el gobierno de USA, no se les podrá extender el permiso de estampado. Es decir, se completan los síntomas del Síndrome de la Gata Loca.



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Rafael Montes


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