Pdvsa sin seguro

—Compita, lo estuve buscando ayer y no lo encontré por ningún lado.

—Es que andaba acompañando al paisano a buscar la medicina de él y la mujer.

Usted sabe que él es jubilado de la PDVSA.

—Así es, ese dejó el bofe en esa empresa. Qué es tremenda empresa.

—Eso actualmente es bastante dudoso.

—¿Y por qué? Si es una de las más grandes productoras de petróleo del mundo.

—Eso fue antes que llegaran estos facinerosos y truchiman.

Acabaron con esa guarandinga. Ni el barbarazo que acabó con tó.

—Y qué sabe usted de eso.

—Yo no sé nada, pero ayer vi una partecita nada más como para imaginarme ¿cómo estará el resto?

Mire el paisano y yo nos fuimos a buscar las medicinas en una farmacia que ahora pusieron por ahí en Sabana Grande.

Ahí van, me contó el paisano, los jubilados, los activos, los de PDVSA, los del Ministerio y no sé cuántos más.

—Imagino le darán toda la medicina.

—Deje que le cuente. El paisano me contó que antes tenían una oficina aparte donde solo iban los jubilados a retirar la medicina, los llamaban a la casa y les decían «Fulano vengase a buscar su medicina que aquí le tenemos su paquete para dos meses; su paquete está bien resuelto».

Se iba él y buscaba su medicina, la que era, la que le había mandado el médico. Ahora en esa farmacia le dan lo que hay, y a veces la medicina es una que se parece a la recetada.

Y tienen que ir cada mes como si eso fuese una penitencia, sino puede ir ese mes pierde la medicina del mes.

El paisano llevaba el récipe de él y el de la mujer, más largo que un testamento de rico, porque los pobres no hacemos testamento y para qué, si no hay nada que dejar.

Porque usted sabe que él tiene un tratamiento de cronicismo ¿creo que así lo llaman?

—¿Y qué es eso de cronicismo?

—Que el tratamiento es de por vida, hombre. O mejor dicho de lo que le queda de vida.

Que con este gobierno revolucionario no debe ser mucha, ya que en cualquier momento lo mata a uno de hambre o desesperación.

—Esa es la idea de los chavecos.

—Llegamos al sitio hicimos la colita, todo muy tranquilo. Lo recibió el empleado, miró el récipe y de aquella lista, que parecía una lista de mercado, le dijo «Lo que hay es esto».

Una sola medicina, como de diez o doce que tiene que tomar. Tanto para él como para la mujer lo mismo.

Yo le dije: ¿Paisano y eso es todo lo que le van a dar? Así es, me respondió con cara de resignado.

Le dieron unos «blister», que llaman ahora, con treinta pastillitas y a llorar pa’l Valle.

Aquello daba lástima, se lo dijo de corazón. Trabajar 40 años para que le den esa miseria de pastillas.

Salimos y el paisano me dijo «Acompáñeme para las oficinas de atención al jubilado, que quedan aquí mismito»

Por supuesto, no faltaba más le dije yo. Y viendo las pastillas que el paisano llevaba en la mano, se las metió en el bolsillo del pantalón y pa´lante.

¿Y qué vamos a hacer en esas oficinas paisano? Le pregunté.

«Es que el récipe se vence este mes y tengo que averiguar en cuáles clínicas están atendiendo por el seguro de PDVSA», me dijo él.

Ajá, dije yo. Y para mis adentro pensé por lo menos deben atenderlo en Clínicas Caracas.

Llegamos a las oficinas, que quedan ahí mismo en Sabana Grande. CAIJ o algo así, dice en el vidrio de la oficina.

El paisano tocó el vidrio de la puerta; salió un muchacho muy atento él y le dijo: «Buen día, adelante. Ya los atiendo que estoy atendiendo a otra persona. Tomen asiento»

Le dijo que la oficina no tiene aire, bien raro para ser una oficina de PDVSA. Pero así están las cosas.

El muchacho atendió a la persona con que estaba y nos dijo: ¿En qué les puedo servir? El paisano le dijo preguntó en cuáles clínicas estaban atendiendo a los jubilados de PDVSA.

El muchacho le dijo: «En ninguna, no hay seguro. Solo emergencias en…» No le entendí el nombre de las clínicas, es decir, que deben ser unas cosas desconocidas.

Yo en ese momento pensé para mis adentros que ni en los CDI deben estar atendiendo a los jubilados de PDVSA.

¿Y cómo hago para renovar el informe médico que está por vencer? Preguntó el paisano. «Vaya a la Campiña, a los médicos de PDVSA y ahí lo atienden. Lunes a viernes desde las siete de la mañana, a veces se hacen colitas». Le respondió el muchacho.

Hasta luego pues, muchas gracias. Le dijimos ambos.

¡ASÍ, ASÍ ES QUE SE GOBIERNA!

Así están las cosas en PDVSA, esa empresa que tenía los mejores seguros y atendían a jubilados y activos en las mejores clínicas del país.

Ahora no tienen ninguna atención médica externa. Porque no tiene seguro de asistencia médica. ¿Qué le parece?

Ahora eso es un rancho.

¡GRACIAS A LA REVOLUCIÓN BONITA!

Acabaron con esa empresa. Debe ser porque era capitalista.

Estos son unos desalmados. No hay palabra decente para mentarlos.

Y le dijo: Por ahora, apriete.



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Obed Delfín


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