Escrito en 1991

Misión Incumplida

Me había hecho el firme propósito, es más, había jurado formal y solemnemente a mí mismo que jamás volvería a escribir sobre petróleo. Es decir, sobre algo cuya estratégica importancia para el país, o lo que es igual, para todos sus habitantes, pareciera que no fuera muy bien comprendida por nuestros compatriotas. 

   Si así fuera, si comprendiéramos aunque sea un poco la enorme influencia que el petróleo tiene en nuestras vidas; hasta qué punto nuestro bienestar material depende vitalmente de esa oleaginosa sustancia, otra sería nuestra actitud en relación con los preocupantes sucesos que han venido ocurriendo en una industria que, pese a la manera tan alegre e irresponsable como había venido siendo manejada, nunca se había tratado tan mal como lo está haciendo ahora. 

    ¿Y por qué se está haciendo esto? ¿Por qué ante la vista indolente  de los venezolanos se está desmantelando PDVSA?. Sencillamente, por lo que ya dijimos, porque no la consideramos como una cosa propia; porque la consideramos como algo ajeno, marginal, que nada tiene que ver con nosotros ni con nuestra calidad de vida. Prueba de ello, fue lo que nos dijera una vez una congresante, persona muy admirada y respetada por mí, cuando le comenté acerca de mis preocupaciones acerca de nuestra principal industria.  

   En esa oportunidad, le hablé a la ilustre compatriota, de nombre Lola Aniyar de Castro -hoy vendida al capital transnacional y llamada la judía por los adecos-, acerca de la nefasta política petrolera que CAP venía aplicando a través de su vasallo Andrés Sosa Pietri. Y le decía que esa política no tenía otro propósito que el de llevar a la quiebra a PDVSA; que el plan consistía en desestabilizar financieramente la industria con el fin de justificar, cuando ya no pudiera con la carga de una inmensa deuda, su entrega a los consorcios extranjeros; consorcios que dicho sea de paso, no son, como lo demostraré cuando hable de Caldera y el Petróleo, exactamente los angelitos que nos quieren vender. 

   ¿En qué  nos basamos para hacer semejante afirmación? En vario hechos muy preocupantes. Pero esencialmente en el enorme endeudamiento que se tenía previsto -40 mil millones de dólares- y con el cual se pretendía financiar un supuesto programa de expansión de la industria, que sinceramente no tenía ni sigue teniendo ningún sentido. Y que, además, constituía una flagrante violación de las más elementales leyes tanto de las ciencias jurídicas como de la economía.  

    Pero para no entrar en este aspecto de la cuestión, que nos llevaría a repetir cosas que ya hemos dicho muchas veces, sólo mencionaremos un dato que revela con deslumbrante claridad las inconfesables intenciones con las que se está administrando Petróleo de Venezuela. En efecto, durante el último año de la administración de Sosa Pietri, únicamente por concepto de alquiler de carros se gastaron la pelusa de 3 mil millones de bolívares. Léase bien, por favor, porque no son ni 30 ni 300, sino repito, 3 mil millones de bolívares. Lo que se llama una verdadera locura. 

    Pero si se necesitaran otras pruebas más recientes, veamos el siguiente titular aparecido el 9 de los corrientes en la pag.1-2 de Panorama: “Parra (Alirio, presidente de la OPEP y Ministro de Energía y Minas de nuestro país), instó a los miembros de la OPEP a acabar con la super-producción”. Ahora veamos la noticia publicada en el cuerpo D  de El Naciona el día anterior. “Por 10 millones de dólares, PDVSA colocaría bonos en Colombia” –mañana será en Haití, digo yo-. Y más abajo continúa la noticia: “La búsqueda de fondos en Colombia estaría motivada por la necesidad de Petróleos de Venezuela de obtener recursos con los cuales financiar sus planes de expansión, debido a los desequilibrios –léase insuficiencias- de caja” -no dice, por supuesto, que los tales desequilibrios de caja han sido provocados, precisamente, por los fulanos planes de expansión, que ya hemos venido denunciando, incluso desde que se hablaba de hacer de Venezuela una potencia petrolera-.Todos los guiones son míos. 

   ¿No lucen desconcertantes y contradictorias estas noticias? Porque ¿quién entiende que mientras por un lado se esté abogando hipócritamente por la reducción de petróleo para elevar sus precios, lo cual de ser sincera la petición sería muy acertada, por el otro se esté endeudando la matriz petrolera para aumentar la producción, lo cual tiene un efecto absolutamente contrario al que se lograría con la mencionada reducción? Francamente, algo muy oscuro hay en todo esto. Y lo peor es que a nadie pareciera importarle. Ni siquiera a ese fantasmagórico parapeto que ostenta el rimbombante nombre de “Bloque de Parlamentarios Zulianos”, que junto con la Asamblea  Legislativa, constituye otra de las indeseables consecuencias de nuestros errores electorales. 

    Pero regresando al tema inicial, ¿cuál fue la respuesta que recibí de la mencionada parlamentaria? : Lo que ella me contestó no pudo ser más decepcionante, pues por su condición de congresista y venezolana, no podía ser indiferente al tema. Es más, estaba obligada más que nadie –todos lo debemos estar, independientemente de nuestras ocupaciones- a velar por los intereses de Venezuela; especialmente en un área tan sensible como la petrolera. Ella me respondió que lamentablemente no podía hacer nada, por cuanto los hidrocarburos no eran su especialidad. Argucia, porque de haber querido hacer algo hubiera podido contratar asesores que la orientaran. 

    También me resultó profundamente decepcionante y desalentador el hecho de que después de haber denunciado por todos los medios y en todos los tonos la maldita Orimulsión como una vulgar estafa contra PDVSA, pues lo único que perseguía era su desplome económico, nadie, ni siquiera los supuestos expertos “izquierdistas” de aquí, repatingados en sus cómodas, seguras y bien remuneradas cátedras universitarias, mostraron la menor preocupación por lo que este servidor estaba casi desesperadamente denunciando. 

     Y no sólo eso, sino que, además, el presidente de PDVSA de entonces, que como ya dije era Sosa Pietri, decía que la política de la empresa no era vender más caro el petróleo sino más barato. Pero lo verdaderamente absurdo de todo esto es que cuando este señor se presentó en el Congreso para presentar su proyecto de hacer de Venezuela una gran potencia petrolera, todas las fracciones representadas en ese cuerpo legislativo, todas, incluyendo La Causa R, que aún no se había dividido, poco les faltó para que sacaran en hombros, como a los grandes toreros, al señor antes mencionado. Y el delirio creció en intensidad y emoción, cuando habló de la Orimulsión, “como una extraordinaria conquista de la tecnología petrolera venezolana”. Bueno, pues, la apoteosis. 

   Sin embargo, la única voz disidente, en aquel desenfrenado concierto de alabanzas, apologías y ditirambos, era la de este señor, la de Alfredo Schmilinsky O. Quien aquí también tuvo que quebrar algunas lanzas para desenmascarar al farsante, que ni para pulpero sirve. Ya el complot contra el país se podía dar por descontada, cuando seis meses después, un cable procedente de Londres, alertaba    al mundo acerca de lo tremendamente peligroso y contaminante que resultaba la fulana orimulsión. Y ello, aparte de que sus cualidades como combustible eran prácticamente inexistentes. Después, en los Estados  Unidos como en la Unión Europea, prohibieron su ingreso, pues era un activo agente causante de la lluvia ácida. 

    Total que, esa supuesta conquista tecnológica de la industria petrolera venezolana, la cual ayudamos a desenmascarar, quedó como lo que en realidad era: como una estafa destinada a privatizar a nuestra principal industria. Por lo que sus autores debían ser enjuiciados y condenado por enemigos del país. 

En memoria de tantos dignos venezolanos que, como Salvador de La Plaza, Rodolfo Quintero, Federico Brito Figueroa y muchísimos más, que entregaron lo mejor de sus vidas en defensa de los sagrados intereses de Venezuela, y que hoy se encuentran inexplicablemente olvidados, mientras que a otros se les rinden homenajes totalmente inmerecidos. Al respecto quiero contar la siguiente anécdota, rigurosamente cierta. Un grupo de siete venezolanos, encabezados entre otros por Gustavo Machado, Miguel Otero Silva y otros cuyos nombres lamentablemente no recuerdo, en una acción típicamente garibaldiana, tomaron, armados únicamente de machetes, la isla de Curazao. Y desde allí, invadieron el país con la finalidad de derrocar al odiado y sanguinario Bagre, o sea, a Juan Vicente Gómez, que había entregado nuestro petróleo. Honor y gloria para ellos. 

El que vota por hampones, tiene alma y conciencia de ladrones.. Y el que vota por Manuel, es tan delincuente como él. 

alfredoschmilinsky@hotmail.com       



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Alfredo Schmilinsky Ochoa


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