Elección presidencial y pago de prestaciones sociales de las universidades

Desde el 6 de enero de 1998 hasta el 20 de mayo del mismo año, el presidente Rafael Caldera no pagó un solo bolívar de los salarios nómina de las universidades venezolanas, y el hambre y las penurias destrozaron nuestros estómagos, nuestros hogares y nuestra paz ciudadana; viviendo increíbles estados de angustia, desesperación e impotencia por la carencia de dineros para salvaguardar nuestras vidas, nuestra salud y la de nuestros hijos y esposas.

Para remate de penas, Caldera II hizo en su pésimo gobierno cinco aumentos salariales de 20% ,y se fue de Miraflores y no pagó ni una sola locha de esa deuda. Fue el presidente Hugo Chávez quien reconoció esa injusticia, y la canceló mediante los famosos Vebonos 2001, 2002, 2003, 2004 y 2005. La mayoría vendió esos Vebonos, y pudimos llevar a casa un mercado digno para alimentarnos.

La excusa de Rafael Caldera para echarnos semejante lavativa fue que el precio del petróleo estaba en nueve dólares, y las reservas internacionales rondaban los ocho mil millones de dólares.

En este momento el triste pasado se repite.

No por culpa del petróleo precisamente, porque cada semana se oye el "APROBADO" de enormes recursos que van a parar a todo tipo de misiones, puertas y ventanas, menos hacia el lado de nuestras golpeadas costillas.

Desde 2012 estamos esperando el pago de nuestras prestaciones sociales, no menos de veinte mil (20.000) trabajadores universitarios de Venezuela, entre docentes, personal administrativo y obrero. El presidente Nicolás Maduro nos ha llenado de ilusiones con tres promesas incumplidas al respecto. Una de ellas, quizás la más vergonzosa, fue cuando autorizó al ministro de educación superior llamado Ugbel Roa (para entonces el ideólogo, dueño y señor del fulano Petro, la cripto moneda de los milagros económicos de Venezuela, respaldada con minas de oro e incuantificables reservas de petróleo), que sacara la cuenta para empezar a pagar….¿¿¿¿????

Dios Santo!!!Zamuro cuidando carne.

Jamás ocurrió el milagro, y hoy ese señor es un reo, por traición a la patria y unas cuentas malasmañas más; y por supuesto, no cumplió el encargo, y todo quedó como burda pantomima. Una absoluta falta de respeto a la esperanza de los tristes y desencantados universitarios. ¡Que suerte tenemos!

Nosotros, los jubilados, que no hemos traicionado a la patria. Sin embargo, seguimos con el hambre, la miseria, la pobreza crítica y hasta extrema; la impotencia, la carencia material, la lista de enfermedades en nuestros organismos, las deudas y la pelazón más injusta e inmerecida de este país; y ni la difunta Tibisay Lucena, que Dios tenga en la gloria; ni la actual ministra Sandra Oblitas han dicho una sola palabra creíble, honesta y sincera que nos haga creer que hay un Estado responsable en Venezuela que se ocupe de buscarle una solución al problema.

La Opsu, por su parte, es un organismo de ciencia ficción. Es una oficina para asignar cupos a los bachilleres, para que ingresen a las universidades donde los perros hambrientos y olvidados deben esconder sus dientes y sus tripas vacías para darles clases y ayudarlos a ganarse su futuro.

¿Se desarrolla una patria así? ¿Cuál es en verdad el concepto moral de traición a la patria?

Los sindicatos ligados a la educación superior en Venezuela, tanto del gobierno como de la oposición, no muestran un reclamo, o una actitud de lucha por la justicia social que tanto nos merecemos. De menudo sus funcione se ponen en duda, por el parecido que tienen con fracciones de los partidos políticos, de ambos lados del ring.

Quizás mi persona, más que nadie, ha insistido en dieciocho artículos de opinión, en que se nos reconozca esta deuda de las prestaciones sociales y los pasivos laborales, y que aunque sea de locha en locha, con pagos trimestrales o a través de otros mecanismos, el Estado, el gobierno y los organismos correspondientes nos paguen lo que merecemos por nuestro veinticinco (y más) años de servicio profesional en las universidades venezolanas; porque siempre trabajamos por amor a la patria, por respeto a nuestra juventud venezolana, y por pasión por la tierra de Simón Bolívar.

No importa quien gane el 28 de julio de 2024. Nuestra esperanza no tiene color político, por cada quien es libre de votar o no votar por quien le parezca. Eso dice nuestra Constitución Nacional actual. Pero la libertad del voto es una cosa, y el pago de las prestaciones sociales es otra cosa, como decía nuestro grande padre Poeta Ramón Palomares, quien también era profesor jubilado de nuestra recordada Universidad de Los Andes.

Señores candidatos presidenciales, nuestros derechos están sobre la mesa y quisiéramos oír qué dicen ustedes sobre este tema.

Muchos profesores jubilados, con PhD incluso —(léase estudios de doctorado)— se ven de menudo al lado del presidente Nicolás Maduro, y ninguno le susurra al oído, como hablándole a un amigo: "Presidente, yo gano 22$ (veintidós dólares mensuales), y estamos esperando que usted y su equipo nos dignifique"…. Yo no he tenido esa suerte para decírselo, por eso lo escribo; aunque una vez más, este intento se lo lleve el viento.

Dentro de sesenta de 75 días cumplo ocho años como profesor jubilado de la Universidad de Oriente, y cada mañana al levantarme veo mi cuenta nómina del Banco Mercantil, y el saldo me provoca pegarme un tiro en la cien: Bs. 0,67.

Eso es menos de un real. Casi una locha. La expresión de mi miseria profesional. Mi fracaso como venezolano universitario. Mi vergüenza salarial.

¡Dios Santo, quién inventó los políticos para echarle semejante lavativa a la Humanidad!!!!



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José Pérez

Profesor Universitario. Investigador, poeta y narrador. Licenciado en Letras. Doctor en Filología Hispánica. Columnista de opinión y articulista de prensa desde 1983. Autor de los libros Cosmovisión del somari, Pájaro de mar por tiera, Como ojo de pez, En canto de Guanipa, Páginas de abordo, Fombona rugido de tigre, entre otros. Galardonado en 14 certámenes literarios.

 elpoetajotape@gmail.com

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