¿La universidad venezolana no da para más?

En los últimos días y desde hace ya algunos años en el centro universitario donde humildemente prestamos servicios cunde la desolación, tanto en los planos físico-estructural como anímico: salones, pasillos y bibliotecas lucen semivacíos o íngrimos como esas casas antiguas en la alta noche. Además, el buen ánimo de los trabajadores no es el tradicionalmente exultante sino que parece predominar los tonos grises por la insatisfacción laboral superado sólo por el típico humor venezolano y larense frente a la adversidad; con el salario devengado, la seguridad social y las condiciones de trabajo al límite con una infraestructura cada vez más deteriorada e inflación descontrolada explica que el desánimo esté al orden del día en buen número del talento humano.

Así, si antes era todo un orgullo ser profesor universitario, con sus clases cautivantes, su rol de investigador y divulgador de saberes en el entorno comunitario regional y local. Eso pareciera ser ya cosa de crónicas de la nostalgia, pues, era así hasta al menos una o dos décadas atrás. Cuando también lucían repletos y bulliciosos salones, pacillos y bibliotecas hasta la exasperación, con voces llamando al orden o timbres recurrentes. Pero todo pasa como dice el amigo Pablo, la conducta social del hombre sigue patrones que van del reino de la necesidad y la libertad (Hegel, dixit) y domo todo es dinámico esto también pasará (esto último de acuerdo a la moraleja de un cuento Sufi con su filosofía de lo simple "Porque lo importante es ser luz").

Tal era la demanda de cupos antes que hasta las autoridades de mi instituto se vieron obligadas, donde dizque no faltó la presión social o política desde altas esferas gubernamentales, para abrir secciones nocturnas, como una forma de democratizar la educación universitaria. Tan demandada debido a la denominada contracción de oferta educativa que había sufrido el país desde los años de 1980 y 1990. Esto trajo gran alegría para unos y disgusto para otros, en particular docentes y personal de servicio, dado que, con tanta inseguridad, ¿quiénes estarían dispuestos a cubrir ese horario nocturno? Ello tuvo lugar en el contexto de la llamada "explosión matricular" en Venezuela después de 2003, sobre todo, otra crítica que se recuerda es el argumento masificación versus calidad de la educación. Pero nos parece que de 2012 hasta la actualidad se ha suscitado un cambio drástico, pues ese organismo del aparato escolar ahora expulsa a sus criaturas en las primeras semanas de acceder a sus entrañas o aún en los últimos años de gestación de la carrera y formación técnica y humanística, otros horizontes se han abierto: la emigración, opción no siempre risueña para muchos.

La crisis económica, político y moral que padecemos hoy, entre otras cosas consecuencias ha conducido a la juventud a abandonar los estudios, reestructurar prioridades e incluso abandonar el país que tanto quieren y buscar nuevas perspectivas en países hermanos tanto andinos como sureños o aún de Europa, Estados Unidos y Canadá. Expresión común de los pocos que han compartido con nosotros eventualmente es la que encabeza este texto: la universidad venezolana no da para más apreciado profesor, distinguido colega o camarada: me jubilo, la universidad no da para más.

Así me dijo recientemente un colega: sumando mis servicios en la educación media y universidad suman ya 25 años, me voy de la universidad, ésta ya no da para más. ¿Ilusiones o estrategias de sobrevivencia en el entendido que no se vislumbran salidas a la crisis del país y de las universidades? Pero, ¿Qué no hay nuevas elecciones a la vista, razón vital que ha mantenido a muchos ligados a estas corporaciones, bastión de los ideales democráticos de viejo tipo? Además que muchos de sus líderes civilistas salieron de las aulas universitarias, porque de los cuarteles o Academia Militar de Venezuela de donde emergió Chávez se había tenido como un coto cerrado de atrabiliarios, aunque de por esos espacios académicos surgieron también dos grandes civilistas venezolanos en la contemporaneidad, a saber, los generales Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, de donde se tiene no hay determinismos absolutos.

Luego, si la universidad venezolana no da para más, es que ha agotado su modelo. ¿No? Pero como Venezuela es un país que siempre renace, también sus instituciones creemos que no perecerán y con voluntad unida tendrá que levantarse y decir: ¡juntos podemos y somos futuro! Además, creemos que quienes andan propalando que se van del país o se van a jubilar porque la universidad no da para más es porque al parecer esta no satisface ya sus aspiraciones de ascenso social, toman decisiones a la ligera o tienen una oportunidad única de lo contrario es temeridad aventurarse por esos mundos de Dios.

La cuestión es que, como ha dicho Wilfredo González S. J. se ha producido un daño antropológico y estamos en presencia de un hombre escindido, pero lo pasa es que uno nunca se va de la universidad y del país. Aunque ya físicamente no se habite esa geografía bendita o no se asista a sus aulas universitarias como antaño o a su claustro en general cuentan ya con un paisaje que han interiorizado irremisiblemente y vivirán como tal en la mente de las personas para siempre jamás, porque, demás es ilusión y especulación espuria.

Es la realidad interior se estructura como un todo del espacio de lo vivido, como señala Azorín en alguna parte de sus Obras Completas, a saber, "¡Realidad interior! Esa realidad supone siempre una ilusión, una perpetua ilusión con que el instinto se opone al disolvente de la inteligente … ¡Realidad interior! Esfuerzo que hacemos, mediante el cual, creyéndonos de otra manera, logramos un resultado que no lograríamos permaneciendo los mismos" (Azorín, 1947, "¿Cómo lo expresaremos?", Obras Completas III, p. 328).

Como decíamos en un texto anterior, que por cierto ofendió a tres buenos amigos universitarios y me acusaron de banalizar realidades muy profundas de la estructura sociopolítica de Venezuela y no comprender las variables de conjunto alteradas por dispositivos ideológicos supuestamente fracasados, como si no fuéramos graduados en ciencias sociales e historia; en cambio, ellos sí se consideran científicos puros, analistas sesudos y cosmopolitas porque ciertamente viajaron a Europa, Estados Unidos o la antigua URSS por razones académicas, además de desafectos a la Revolución Bolivariana alguno de los interfectos; en concreto, la universidad venezolana requiere ser relanzada, hacerla más competitiva en un entorno deteriorado no sólo por la erráticas políticas mal diseñadas y peor implementadas sino también por la instrumentalización de esas las de estudio, cunado lo que se requiere es del apoyo de todos, gobierno y sociedad civil para que éstas cumplan sus tradicionales funciones: docencia, investigación y extensión. Varias iniciativas se han oído por ahí tímidamente pero que en realidad no terminan de arrancar, como se dice coloquialmente. Por ejemplo, eso de la universidad productiva que lanzara el ministro Hugbel Roa, la transformación curricular para adecuarla a las demandas actuales, que la docencia, investigación y extensión debe tributar a la resolución de problemas urgentes de las comunidades, entre otras.

Además que requiere, de manera urgente, mejorar las condiciones laborales de los trabajadores universitarios pero esa es una dimensión impensable si la sociedad venezolana en general no alcanza acuerdos mínimos de convivencia para el desarrollo económico y social, por lo que uno de los cursos o seminarios académicos a desarrollar en las aula vendría a ser, a parte de las monedas virtuales y petromonedas, que según ya fueron creadas en la Universidad de Carabobo, negociación y acuerdos, convivencia, ciudadanía y resolución de conflictos; también valores de identidad y pertenencia, de los que estamos tan necesitados como de la misma ciencia y tecnología o, en todo caso como diría Michel Foucault, desarrollar tecnologías del yo y hacer de la vida una obra de arte.

Dijo una vez el fallecido rector dela Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, Francesco Leone, que el espíritu cívico y democrático, valga la redundancia, sembrado por antiguos docentes virtuosos ha calado hondo incluso en las nuevas generaciones, quienes según él no se han dejado encantar por los cantos de sirena del Socialismo del Siglo XXI; lo que no dijo fue que los vicios de los carcamales de la política también han permeado la conciencia de la juventud de hoy día y no comprenden la teoría y práctica de la democracia directa, participativa protagónica, aspecto sobre el que se requiere avanzar mucho en la comunidad universitaria venezolana.



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Luis B. Saavedra M.

Docente, Trabajador popular.

 luissaavedra2004@yahoo.es

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