Señores de la clase media, pido que se me juzgue: ¿seré acaso un ladrón?

Con todo lo que he recibido de mi simple sueldo como profesor universitario, sin ser empleado del gobierno, cualquiera pudiera decir por allí que yo soy un corrupto. Y en medio de tantos beneficios recibidos me he hecho más de mil veces la pregunta nietzscheana: “¿Es que acaso seré un ladrón?”

De ser así todos entonces seremos corruptos y ladrones.

Bueno, con Chávez he tenido que vivir constantemente contra la tentación de convertirme en un pequeño burgués, yo que he detestado a los burgueses toda la vida. Y siempre me viene a la mente aquella frase del pensador católico León Bloy: “Un burgués es un cerdo que quiere morir de viejo”.

Nunca he buscado llegar a viejo, pero bueno, no puedo luchar contra el destino.

Ahora, bien, la condición de la gente de la clase media es quejarse de todo, aunque tenga de todo en demasía. Y mientras más tienen más chillan.

Nada podrá jamás satisfacer a esa clase media que vive en la cuerda floja de la perfecta insatisfacción moral: porque no son chicha ni limonada. Van para el cielo y siempre lo harán llorando.

Lo diré por todo el cañón, así como lo dije en una ocasión en el Consejo Universitario de la Universidad de Los Andes: Cuando Chávez llegó al poder, yo estaba construyendo una casa en el sector de La Hechicera, en Mérida. Repentinamente en 1999, nos entró tal andanada de billetes que pudimos convertir, en el 2000, aquella casita en una verdadera mansión que llamaba la atención de todo el mundo.

Y finalmente, con la mansión construida, salimos del apartamento que ocupábamos: tenía entonces un Lada muy viejo y trajinado, mientras mi esposa, de entonces, tenía un desvencijado Volkswagen de los años setenta. En el 2001 nos llegó otro platal, y un pago inesperado de prestaciones con los que me pude comprar una poderosa 4Runer, y nos dimos ese año, en medio de grandes tensiones políticas, unas soberbias vacaciones a la Gran Sabana.

Ese año pude montarle una venta de libros usados a un amigo para que se ganara la vida.

Al año siguiente cambié el Ladita por un Accent. Vino el golpe y el paro, pero la llegadera de plata nunca se detuvo.

Yo publiqué en el 2002, pagado con mi sueldo, tres libros: “Las Putas de los medios”, “Bolívar y Chávez” y “La Cultura como Sepultura”. Para eso tuve que aflojar un billete porque publicar libros es realmente costoso. Como yo no tenía un distribuidor para esos libros se los di a muchas personas para que los vendieran, pero jamás me entregaron cuentas. La Librería Mundial, por ejemplo, vendió cajas de mis libros y nunca me pagó una locha, y así por el estilo sucedió con otras distribuidoras. Pero bueno, lo importante era que se difundieran. La verdad es que nunca he tenido condición de comerciante.

En ese mismo año con fondos provenientes de profesores revolucionarios de la ULA fundamos el diario Despertar, y pudimos editar la obra “La Universidad en entre dicho”; con plata de los profesores hemos creado la Universidad del Pueblo y el sitio web ensartaos.com.ve.

Así y todo me he sentido todo el tiempo portentoso y rico.

En el año 2003, producto de las tensiones sociales, entre otras cosas, me divorcié. Y lo único que me llevé de mi ex casa fue mi carrito Accent. Debo decir que me quedé sin una locha, y como le había firmado un poder a mi ex mujer en el que declaraba que todos mis bienes eran de mis hijas, porque entonces vivía bajo permanente amenaza de demanda por los escritos que publicaba por la prensa, se utilizó ese documento y quedé sin recibir un céntimo de mis prestaciones. Ni siquiera me molesté en reclamar nada. No la culpo. Sabía que pronto me repondría.

Quedé pues sin medio y me fui a vivir en una cabaña a las afueras de Mérida. Y comenzó a llegar plata y plata. Era tal la andanada de plata que llegaba a mi cuenta de ahorros, que cambié el carrito Accent por una Tuckson y alquilé un apartamento enorme en la urbanización Humboldt. En ese apartamento pagaba 700.000 bolos mensuales (de los viejos)

En el 2006, decidí comprar un apartamento, y pude reunir la inicial que fue de 80.000 bolos (el apartamento costaba 130.000). Debo decir que durante un tiempo estuve ayudando a unas personas que necesitaban levantar unos negocitos. Para todo me alcanzaba la plata. Siempre estoy ayudando a alguien.

En el 2007, lleno de billete, me casé y me eché una estruendosa luna de miel recorriendo mi país. Me fui de gira quince días por Cuba.

En el 2008, con mucho más billete, como un pachá, me fui de paseo por Siria, el Líbano y Jordania: me bañé en el Mar Muerto, recorrí una de las maravillas del mundo en el Beirut (las Cuevas de Jeita) y también fui a Petra.

No me jodan, chillones de la clase media diciendo que pasan trabajo en este país.

En el 2009 me di tremendas vacaciones por Ecuador: visité Cuenca y Guayaquil. En ese mismo año mi esposa se compró un Aveo.

En el 2010 me di otras apoteósicas vacaciones por Panamá (y cogí para allá porque quería ver a unos amigos del alma muy chavistas que trabajaban provisionalmente en una empresa privada), donde me dio un dengue y tuve que pagar mil dólares por una hospitalización en una clínica. Pero pa’lante con los faroles que el billete nunca a uno le falta.

En el 2011 no sabía qué hacer con tanta plata y me eché tres meses de vacaciones en los que recorrí Italia, Rusia (estuve en Moscú y en San Petersburgo) y recorrí casi toda Turquía.

Qué vergüenza, carajo.

En el 2012, me compré un terrenito en los pueblos del sur, vendí la Tuckson y adquirí una poderosa Hilux.

Y desde el 2002 almuerzo y ceno en restaurantes dos o tres veces a la semana; invito amigos y boto la casa por la ventana cada vez que lo hago.

Por qué carajo me va a dar pena decir todas estas cosas si es la purísima verdad. No robo a nadie, no le debo a nadie, y no soy funcionario del gobierno ni nadie me pasa plata bajo cuerda. Es sencillamente lo que recibo por mi jubilación del Estado.

¡Qué vida, Dios mío!, ¡¡¡¡bajo este régimen comunista!!!!

Y estoy seguro que cada venezolano puede escribir una historia parecida a esta.

Habría que ser verdaderamente coño de madre para negar todo lo que hemos recibido de este buen gobierno.

Y lo único que pido es que esto siga así por siempre, carajo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¿Puede creer algún miembro de la clase media que Capriles sostendría todos esos inconmensurables y maravillosos bienes para el pueblo?

Pónganse a creer…. Pendejos…

jsantroz@gmail.com



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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