El diario de Oscar Heck 27 de mayo del 2024

Sigo escribiendo en esta computadora número ocho (en unos 10 años) todas quemadas por las continuadas fluctuaciones eléctricas del destrozado sistema de distribución eléctrico del país (desde el 2013 – 2014), casi no veo lo que escribo, entonces, disculpen si cometo errores, gracias por su comprensión.

Bueno …

Ya saben que mi pensión, la cual era de casi $500 al mes en el 2012-2013, es, y ha sido normalmente menos de $5 al mes desde hace casi 10 años (en este momento es de alrededor de $3,50 mensuales, y con los bonos, en mi caso, son unos $9 al mes, wow), y el agua no me llega por tuberías desde hace casi 8 años, y ayer hablé con otro camión cisterna, y me cobrará $24 por 2000 litros de agua, agua que, con la complicidad de los funcionarios públicos y otros, es desviada desde las tuberías principales de agua del Estado para ser vendida a las cisternas para enseguida revendérnosla, cuando esa misma agua debería llegarnos vía las tuberías gratuitamente.

Sí señor.

¿Eso es correcto?

No.

Así son las cosas aquí en esta Venezuela desde hace varios años ya, plagada de injusticia y corrupción en casi todos sus niveles, así es, así es cómo juegan con nuestras vidas. Es como un maquiavélico juego de ajedrez criollo donde, como siempre, son los peones que mueren primero, mientras el rey, la reina, los obispos, los caballeros, y los militares siguen vivos con todos los poderes repartidos entre ellos a expensas de nosotros los pobres impotentes serviles y esclavos de un escenario que con cada jugada seguimos siendo la designada carne de cañón, el sacrifico humano de ellos.

Bueno …

Como los millones más de pensionados pobres (más de 5.000.000) que vivimos con pensiones inhumanas, debo mendigar solo para conseguir dinero para comprar esa agua que antes era gratuita y que hoy nos empobrece más cada día mientras enriquece más a los ricos y a los corruptos.

¿Eso es justo?

No, no lo es.

Eso es una barbaridad que, además, el Estado permite y auspicia.

Así nos matan a los ancianos, tengo cerca de 70 años de edad y debo luchar como un joven de 20 años de edad solo para medio sobrevivir. No tengo baño, me lavo afuera, con muy poca agua, parado dentro de una ponchera, para reusar esa agua para la poceta (sí tengo poceta y un tanque séptico), así lo hago, así como lo hacen cientos de miles de ciudadanos aquí todos los días en la costa caribeña venezolana, pobres y de las clases media aporreadas, todos excepto los más ricos y los más corruptos quienes tienen contactos directos con las cisternas de las alcaldías, de las gobernaciones, y de los militares, o con los partidos políticos de turno y sus asociadas mafias del agua.

Tampoco voy a médicos, normalmente no tomo medicamentos, y debo tratarme yo solo, porque no tengo cómo pagarme nada de eso, pero, por suerte, me he habituado a curarme yo solo, con fe, y a través de una práctica que desarrollé cuando era joven de estar en constante comunicación con mis neuronas, lo cual me ha salvado la vida un sinnúmero de veces durante todas mis aventuras en las selvas, los desiertos, las montañas, los mares y los ríos, y las guerras que he vivido.

No todos los ancianos (o no tan ancianos) tienen la suerte que yo tengo de conocer esta práctica (de la cual cuatro autores aquí en Aporrea se burlan, porque obviamente no entienden nada al respecto), y por ende dependen casi enteramente del sistema de saludo occidental esclavista y sus medicamentos que son generalmente diseñados para mantener a los enfermos y a los ancianos vivos mientras se desintegran, esto, con el fin de que compren más y más medicamentos, lo cual sigue enriqueciendo a los ricos dueños de las farmacéuticas y a sus asociados exportadores/importadores y dueños de las farmacias, y médicos, y clínicas privadas y públicas, y los funcionarios públicos corruptos (por ejemplo en las aduanas y dentro del sistema público de salud).

Hace dos días un carro arrolló a una amiga mía sentada en un banco de cemento en una parada de autobús, y por suerte, detrás del banco había un vacío en bajada, entonces ella fue volando hacia abajo con el banco de cemento completo, pero aun, quedo bien masacrada de todas maneras, y está en el hospital, sin un centavo, porque ella vive en la calle, y ahora todo el mundo que la conoce y la aprecia estamos mendigando para tratar de pagarle los medicamentos y los tratamientos que deberían ser gratuitos en primer lugar, si no, ella morirá de sepsis allí mismo el ese hospital del Estado, en esa pre-morgue, un sitio de muerte, no de vida.

En estos últimos años, cinco de mis conocidos de la calle murieron en ese mismo "hospital" del Estado de sepsis por no tener cómo costear los medicamentos y los tratamientos a tiempo, sí señor, una inhumanidad hoy rampante aquí en esta Venezuela del juego de ajedrez criollo, es algo que cualquier persona que vive aquí puede confirmar, porque así es.

También, ayer murió un joven de 42 años de edad después de un accidente de moto, la operación fue mal, y el día anterior un joven de unos 30 años de edad murió de los riñones por no poder pagarse los medicamentos y las transfusiones que deberían ser gratuitas pero que no lo son, porque [siempre] hay alguien dentro del sistema de salud que se lucra a costilla del sufrimiento de los demás, así es.

Unos días antes de eso, murió un señor de unos 45 años de edad de un infarto por no poder pagarse los medicamentos para la tensión y para el corazón, y hace dos días también murió otro señor de 60 años de edad de constipación y se explotó (con la mierda acumulada) en el hospital esperando ser visto por un médico. Él, como todos los demás, era un pobre, en este caso, un pobre pescador.

Cada día escucho de otro muerto, así como el otro día, una muchacha de 15 años de edad quien murió de desnutrición y deshydratación aquí en el estado de La Guaira.

Esta es la realidad que veo todos los días, y no soy el único.

Una cosa más …

Le he preguntado a los ancianos como yo, qué piensan del nuevo programa o "misión para los ancianos" que el Estado venezolano anunció hace unos días atrás, y casi todos me responden algo al estilo de:

"Después de 10 años matándonos de hambre y de falta de atención médica, ¿ahora, así de repente, están preocupados por nosotros?"

"Sí Luis."

"Esa es una fachada para las elecciones, nada más."

oscar@oscarheck.com



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Oscar Heck

De padre canadiense francés y madre indígena, llegó por primera vez a Venezuela en los años 1970, donde trabajó como misionero en algunos barrios de Caracas y Barlovento. Fue colaborador y corresponsal en inglés de Vheadline.com del 2002 al 2011, y ha sido colaborador regular de Aporrea desde el 2011. Se dedica principalmente a investigar y exponer verdades, o lo que sea lo más cercano posible a la verdad, cumpliendo así su deber Revolucionario ya que está convencido que toda Revolución humanista debe siempre basarse en verdades, y no en mentiras.

 oscar@oscarheck.com

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